Martes, 23 de diciembre 2025, 00:21

Alba Carrillo y Cristina Cifuentes se enfrentaron en ‘Hasta el fin del mundo’ a una convivencia intensa y prolongada, marcada por la escasez de recursos, el trabajo constante y un recorrido por distintos países de Latinoamérica que dejó una huella profunda en ambas.

Durante dos meses compartieron viaje, alojamiento, cansancio y emociones, partiendo prácticamente de cero y con un presupuesto mínimo que condicionó cada decisión. El programa encara su recta final este martes a las 23:00 horas en La 1, convertido en uno de los grandes éxitos de la temporada.

En la séptima etapa de esta noche, las seis parejas llegarán a Corrientes, una de las ciudades más antiguas de Argentina, con recursos más limitados. Las decisiones se complican aún más y los transportes privados ya no son una opción. Por ello, desde el inicio, la gestión del dinero fue clave.

Sin miedo a la austeridad

Contaron con un presupuesto muy limitado por la organización del concurso para hacer el recorrido, algo que, según la exmodelo y excolaboradora de espacios como el extinto ‘La familia de la tele’, lo afrontaron desde el principio «con mucho fuerza», hasta el punto de que querían «ahorrar de más».

La expresidenta madrileña explica que la estrategia fue clara y se mantuvo durante todo el recorrido: «Lo que hacíamos al principio y al final era una comida al día fuerte, buscábamos un alojamiento donde hubiera desayuno, porque tienes que viajar con muy poco dinero realmente».

Y el trabajo fue, precisamente, una constante. Carrillo enumera una larga lista de empleos ocasionales para amortiguar su economía: «Hemos hecho camas, hemos sido reponedoras de supermercado, hemos vendido gorros en la calle, hemos estado en el eje cafetero recolectando café, hemos pescado en el Caribe con un pescador en una barquita, hemos sido heladeras en Ecuador», enumera orgullosa.

Cifuentes, por su parte, añade otras experiencias igual de exigentes y un puntito extravagantes: «Hemos hecho también alfarería, pero con técnicas ancestrales y tradicionales. ¡Hemos limpiado en un museo y hasta un dinosaurio!». «Un dinosaurio, el más grande del mundo, y nosotras con unos plumeros gigantes subidas en una grúa. Cosas muy fuertes y peligrosas», dice su compañera.

La convivencia entre ambas, pese a las diferencias generacionales, ideológicas y de trayectoria, fue mejor de lo que muchos podían prever. La política, donde las visiones de ambas también son distintas, también la dejaron a un lado. Cifuentes, eso sí, dice que es «completamente imposible» no discutir con alguien durante dos meses, sobre todo teniendo en cuenta que no se conocían.

Sin embargo, desde la primera noche compartieron habitación y espacio: «Dormir juntas, compartir el baño y todo. Compartir la intimidad total con alguien que no conoces es complicado». La expolítica destaca que, aunque ambas tienen «mucho carácter», se llevaron «muy bien». «Si ha habido algún rocecillo ha sido más por las cosas del día a día: el autobús, o que yo pienso esto y tú piensas lo otro. Pero cosas personales no ha habido», expresa Carrillo.

Sin prejuicios

Las dos llegaron al programa evitando cualquier tipo de prejuicio. Y es que lejos de separarles, la experiencia las unió completamente. «Se puede ser perfectamente amigas, da igual la edad. Nos hemos complementado muy bien», apunta Alba Carrillo. Juntas, dice, unieron virtudes que las hicieron «muy poderosas en este concurso». También recuerdan la cantidad de situaciones extremas que vivieron. Hubo accidentes, averías y sustos constantes, pero se llevan anécdotas inolvidables.

Uno de los aspectos más duros fue el impacto emocional del viaje. Alba reconoce que lo que más pesó fue estar lejos de su hijo. «Él es adolescente y este verano ha pasado bastante de mí. He vuelto y está como loco conmigo. Esto es como con los hombres, a veces hay que darles un poco de espacio», bromea.

Desde su regreso a España, lo cierto es que tanto Alba Carrillo como Cristina Cifuentes siguen en contacto constante. Comparten un chat con el resto de concursantes y se escriben con frecuencia. «El cariño no se borra», asegura la exmodelo, mientras que Cristina resume la experiencia con una reflexión clara: «No tiene nada que ver la ideología con la afinidad personal». Una idea que atraviesa toda su aventura y que explica por qué, contra todo pronóstico, terminaron formando un vínculo sólido y duradero.

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