Martes, 23 de diciembre 2025, 09:28
| Actualizado 10:35h.
Para un levantinista de corazón, que siente el club como pocos pueden hacerlo, hay pocas cosas más significativas que estar en el Levante UD. Para Vicente Iborra es el mayor de los privilegios. El pasado verano y tras una decisión bien meditada, decidió colgar las botas. Pero ahora continúa ligado al decano valenciano como asistente del cuerpo técnico y más recientemente como el brazo derecho de Del Moral en las últimas semanas en las que han comandado al equipo. El sábado, en lo que significó su último partido dirigido, Iborra fue desbordado claramente como la emoción.
Pese a no reconocerlo ninguno públicamente, sabían que el duelo contra la Real Sociedad era el último que iba a dirigir el tándem. Querían marcharse con buen sabor de boca y regalando una gran alegría a todos los granotas antes de la Navidad. El programa de ‘El Día Después’ hizo un exhaustivo seguimiento a cómo Iborra vivió esa jornada. Desde la banda del Ciutat, el de Moncada lo vivió con gran efusividad. No paró prácticamente en ningún momento de dar indicaciones, intercambiaba impresiones con otros miembros del banquillo, trataba de alentar a la grada tras el gol del empate e incluso mostraba una sonrisa nerviosa con Del Moral cuando en el último córner a favor tenían la opción de ganar.
El pitido final suponía dos cosas. La primera, el hecho de que Iborra regresaría a su anterior rol de asistente técnico, ahora con Luis Castro a partir del 29 de diciembre, como confirmó el comunicado oficial del Levante. Y a su vez fue una liberación en que las emociones salieron a flote. Tras la tempestad, Iborra se sentaba en el banquillo y las lágrimas brotaban de su rostro por todo lo vivido ese día y las anteriores semanas. Su apariencia de hombre fornido esconde la de una persona con grandes arraigos granotas y que nunca ha negado el fútbol cómo lo que realmente debería ser: una pasión con miles de sentimiento en la que debería ser la prioridad antes que obtener grandes cantidades de dinero.

Horas más tarde, el propio Iborra también compartía su despedida a través de sus redes sociales oficiales. Además de agradecer el respaldo de todo el levantinismo y mantener que iban a luchar hasta el final por conseguir el objetivo de la permanencia en Primera División, también sorprendió el dardo que se escondía tras una de sus frases.
«A Álvaro y a todos los miembros del cuerpo técnico, de los cuales he aprendido tanto en tan poco tiempo, no han tenido ni una queja y han remado a contracorriente doliéndoles la situación, a diferencia de los que han aprovechado para desestabilizar y hurgar en la herida de un club que tanto dicen que les importa…», decía Iborra. Sin un nombre directamente mencionado, el exfutbolista se ha encargado de desmentir públicamente que fuera Luis García ese destinatario.
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