Interpretar a un personaje real siempre implica una responsabilidad extra para un actor, pero cuando esa historia está atravesada por violencia, trauma y muerte, el impacto se intensifica aún más. Esto es lo que sufrió en sus propias carnes Lily Collins, que lejos de la alegría y color que dejan series como ‘Emily en París’, también se ha enfrentado a rodajes que le han marcado un antes y un después en su vida.
Fue el caso de la película Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile, que relataba la historia del asesino en serie Ted Bundy y donde ella interpretaba a la novia del mismo, Elizabeth Kloepfer. La intérprete ha confesado que la preparación para el papel afectó directamente a su descanso, a su salud emocional y a su mundo interior. Un coste psicológico al que muchos en Hollywood se tienen que enfrentar antes o después.
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Una historia que se cuenta desde las víctimas
Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile no es una película más sobre un asesino en serie. A diferencia de otros relatos centrados en el criminal, este largometraje pone el foco en la mirada de Elizabeth Kloepfer, la mujer que compartió su vida con Bundy, al margen de todas las atrocidades que este cometió.
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Ese fue el rol que tuvo que asumir Lily Collins, donde la carga emocional está más que asegurada. No es la acompañante de o el personaje secundario, sino que su visión cuenta mucho en el desarrollo de la película, de ahí el peso que tenía que cargar. “Meterte en la mente de un asesino debe ser perturbador y aterrador, pero ponerte en los zapatos de su pareja también lo es”, aseguraba en una entrevista con The Guardian.

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Se veía atrapada entre el amor, la negación y una intuición que, durante años, intentó silenciar. Es más, fue ella la que terminó alertando a la policía sobre la supuesta implicación de Bundy en los recientes asesinatos. Sin duda, encontrarte en esa disyuntiva puede pasar factura más allá de la pantalla.
Cuando el personaje no te deja dormir
Durante el rodaje y la preparación del papel, Lily Collins comenzó a experimentar episodios nocturnos inquietantes. “Realmente la pasé mal cuando me estaba preparando para la película. Pasé un mes despertándome todas las noches a las 3 o 4 a.m”, comentaba.
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“Iba abajo y tomaba una taza de té, tratando de averiguar por qué me había despertado de nuevo. Empecé a ser despertada por flashes de imágenes, como las consecuencias de una lucha”, contó a The Guardian. Para una actriz profundamente comprometida con su trabajo, la frontera entre la ficción y la realidad empezó a difuminarse.

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«Descubrí que a las 3 am es el momento en que el velo entre los reinos (de los vivos y los muertos) es más delgado y se puede visitar uno», continuaba. Esto para ella no era una simple coincidencia. Es más, en la entrevista hablaba de sentir que los espíritus de las víctimas de Bundy intentaban comunicarse con ella. «No me sentí asustada, me sentí apoyada. Sentí que la gente decía: ‘Estamos aquí escuchando. Estamos aquí para apoyar. Gracias por contar la historia’”, remataba.
Contar sin glorificar al villano
Uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los actores y actrices en este tipo de películas, es llegar al punto de equilibrio entre contar la verdad y no glorificar al asesino, algo que en esta producción se llevó a debate, especialmente por la elección de Zac Efron para interpretar a Ted Bundy.
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Ambos intérpretes siempre defendieron el proyecto: el objetivo nunca fue embellecer a Bundy, sino mostrar el daño colateral que provocó en las vidas de las mujeres que lo rodearon. Es una nueva visión a la que antes no se le había dado tanta importancia y que invita a reflexionar sobre nuevas cuestiones relacionadas con los asesinos en serie. Simplemente se quería aportar humanidad, dolor y verdad a un relato que ya había sido contado.
Es más también deja nuevas cuestiones en el aire: ¿quién cuida de los intérpretes cuando el rodaje termina? No es la primera persona que deja un pedazo de su alma en una película, no volviendo a ser del todo la misma que empezó. Como le pasó a Lady Gaga en ‘La casa Gucci’ o a Natalie Portman en ‘El cisne negro’, el impacto psicológico acaba pasando factura.
Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile no es una película cómoda, ni pretende serlo. Es un recordatorio de que el mal no siempre se presenta de forma evidente y de que muchas veces se esconde tras gestos amables y discursos convincentes. A veces, el verdadero acto de valentía no está en encarnar al villano, sino en dar voz a quienes sobrevivieron a él.