“¡Misión! ¡Misión! ¡Misión!”. Eso es lo que se oye antes de cada “¡Acción!” en el set de rodaje de Percy Jackson y los dioses del Olimpo. ¿Recuerdas cómo Percy, en el tercer episodio de la segunda temporada, le pide a Annabeth que tengan una palabra clave? Pues si la de los personajes creados por el autor Rick Riordan es “Don”, la de sus actores, Walker Scobell, Leah Sava Jeffries, Aryan Simhadri, Charlie Bushnell, Daniel Diemer y Dior Goodjohn, es quest (‘Misión’ en inglés).
Tanto la decían antes de cada escena para mentalizarse y motivarse los unos a los otros que Bushnell, el actor que interpreta a Luke, acabó por hacerles unas camisetas a todos con la palabra imprimida. Pero, aunque tanto en la primera como en la segunda temporada (disponible en DisneyPlus+ desde el 10 de diciembre) los protagonistas no hagan más que ir de misión en misión, la razón de haber escogido esa palabra clave no solo tiene que ver con esta historia mitológica.
“Si dicen “misión” cada vez, no es solo por sus personajes, sino porque cada día es una misión: de hacer la escena perfecta, de encontrar la verdad en cada momento, de creer en el proceso… Cuando dicen esa palabra, los inspira de inmediato”, nos cuentan Dan Shotz, Jonathan Steinberg y Craig Silverstein, productores ejecutivos -junto al propio Riordan- de la serie.
Con ellos hemos hablado en CINEMANÍA, y ellos han sido los encargados de contarnos los secretos detrás de las cámaras de esta producción hercúlea, una que los millennials llevaban mucho tiempo esperando y que, a juzgar por Rotten Tomatoes -actualmente al 89%-, ha conseguido, al fin, enamorarlos.
La (pequeña) clave del éxito
Resumen rápido para aquellos que no llevan 20 años -los que cumple la saga este año- esperando la adaptación perfecta: esta no es la primera vez que vemos a este semidiós en pantalla. Aquel que descubrió en 2005, cuando se publicó el primer libro, que es hijo de Poseidón y que existe un Campamento Mestizo donde los semidioses entrenan para luchar contra monstruos, tuvo la mala suerte de que el Hollywood de 2010 quisiese hacer de él el nuevo súper éxito adolescente.
Para ello rodaron dos películas con Logan Lerman y Alexandra Daddario como protagonistas. ¿El problema? Que por aquel entonces los actores ya tenían 18 años, lo que quiere decir que el libro que Riordan había escrito para niños se convirtió, de la noche a la mañana, en una historia adolescente en la que los personajes no solo perdían su esencia por el hecho de no ser pequeños, sino que, además, no podían evolucionar.
“De lo que nos quisimos asegurar fue de que los niños fuesen niños y de que no os estábamos pidiendo que os creyeseis por lo que estaban pasando unos niños de 13 o 14 años, sino que de verdad lo sintierais”, nos cuentan los productores. “Riordan y yo escribimos los dos en una hoja lo que nos parecía lo más importante y escribimos la misma respuesta”, recuerda Steinberg sobre cómo llegaron a la conclusión de que, si algo era Percy Jackson, era un Coming-of-age.
Así dieron con Scobell, quien pasó de compartir pantalla con Ryan Reynolds (El proyecto Adam) a protagonizar su primera serie; con Jeffries, quien tuvo que luchar contra el racismo en redes tras el anuncio de que ella daría vida a Annabeth (una chica descrita como rubia y de ojos claros en las novelas); con Simhadri, el sátiro mejor amigo de los protagonistas; y con el resto del reparto. Eso sí, ¿una serie y protagonizada por niños? Se han tenido que dar prisa para grabar, de ahí que, con tan solo unos pocos episodios de la segunda temporada estrenados, ya estén inmersos en el rodaje de la tercera.
De salvar la Tierra Media a salvar el mundo moderno
La mezcla entre mitología griega y el mundo moderno es el punto de partida y pilar fundamental de esta historia. Es, también, una de las mayores dificultades de la serie. “La segunda temporada ha sido difícil por el nivel de imaginación requerido para crear los sets, pero la primera lo fue por el reto de cómo incorporar un mundo de fantasía en el mundo real”, recuerdan sobre cómo iniciaron este camino juntos, hace apenas dos años. Uno en el que han tenido la mejor de las ayudas: la del diseñador de producción Dan Hennah.
El nombre puede no sonarte, pero es imposible que no hayas visto aunque sea alguna imagen de su trabajo, pues es el responsable de que El señor de los Anillos y El Hobbit tengan esa estética que, todavía a día de hoy, sigue impresionándonos. “Es una leyenda y es increíble”, afirma Silverstein. “Tuvimos mucha, mucha, mucha, mucha suerte de encontrar a alguien como él para imaginar este mundo y darle un nuevo look”. “Sí, porque necesitábamos a un creador de mundos, alguien que pudiese imaginarse todas estas cosas y traerlas a la vida”, añade Shotz.
¿Cosas como ese Jardín de las Delicias que tiene Hades colgado en su casa? Todo idea de Hennah. “Queríamos algo grande, que pudieses estar mirando para siempre y que el Rey del Inframundo encontrase divertido. Pensamos que ese cuadro pertenecía a ese espacio”, afirman sobre la referencia a El Bosco que el diseñador introdujo. La otra referencia la encontramos en los créditos finales. “Fue en colaboración con Imaginary Forces. Queríamos que fuesen algo atemporal, clásico, pero muy americano. Es ese tipo de art deco que podrías encontrarte en el Empire State Building”.
Cómo dar vida a un monstruo (y no hablamos de Tyson)
Finalmente, está el tema de crear todos esos monstruos a los que los protagonistas se enfrentan en la segunda temporada, que no son pocos, y que incluyen gigantes y sirenas. “Hemos interpretado las referencias que tenemos en la historia para dar con algo que se compagine con lo moderno, porque ya hemos visto que los dioses se han modernizado”, explican sobre el diseño de estos seres.
“También teníamos que tener en cuenta la biomecánica de cómo se mueven para que no fuesen un dibujo que colocamos en un mundo real», añaden. «Había que encontrar un balance entre que no fuese muy aterrados para que un niño de ocho años lo pueda ver y hacer honor a las referencias mitológicas existentes. ¡No queremos que ningún pequeño salga llorando!”.
Y aunque este fue un rodaje difícil y pasado por agua –“¡Los niños se mojaron mucho!”-, no quiere decir que lo más difícil ya haya pasado. “Creo que parte del reto con cada uno de los libros es aceptar lo que lo hace difícil e intentar averiguar una manera de convertir eso en una fortaleza”, concluyen. “Con suerte, nunca va a ser fácil. Cuando se ponga fácil, será porque no está funcionando”.