Tras casi una década de jugador, 22 años de entrenador y a lo último y hasta que el cuerpo se lo permitió, siete temporadas como colegiado, hasta llegar a Lliga Balear– a pesar de que cada vez se inclinaba más a arbitrar pequeños, «que es donde disfrutaba y salía contento en cada partido», desvela él mismo para «Es Diari»–, el ciutadellenc, Tóbal Camps Fuxà (59 años), puso un punto y final a las pistas de baloncesto. «Lo dejé el pasado curso lo de arbitrar, por problemas de cadera, de la que fui incluso operado. Y este año, un dolor en la rodilla me impedía hacerlo a gusto», nos explica este veterano y reconocible del baloncesto menorquín.

Camps, con pasado sobre todo en Calós, en el CB Boscos, para pasar luego tres años al CB Ferreries y uno en el CD Alcázar, de técnico se inició en el Institut Josep Maria Quadrado, en escolares, llegando a colgarse un bronce en el Campeonato de España. Pasó también por CB Jovent y de nuevo ‘Ferre’ y tras varios años de técnico en Júnior Femenino, llegó a ser subcampeón de Balears en Ferreries, «algo increíble y emocionante», recuerda con nostalgia un Camps que tras casi una vida entera en las pistas y entre balones, no se imagina sin el básquet. «Lo sigo todo igualmente por las web o preguntando a cualquiera que sé que está detrás del baloncesto y me informo», revela.

El ciutadellenc, tras jugar y entrenar, nos explica por qué decidió vestirse de gris. «Siendo entrenador y jugador ves lo difícil que es arbitrar y que todo el mundo quede contento en cada partido. Me quise dedicar a arbitrar y dar mi enseñanza a jugadores/as sobretodo en escolar, que es lo que más disfrutaba pitar, ya que siempre les daba consejos para mejorar y aprender», recuerda emocionado y aún con la ropa de colegiado intacta. Un Tóbal Camps que no sabría contestar en qué estamento de los tres (jugador, técnico y árbitro) se vio mejor. «Mejor no pero me he sentido mucho más a gusto de entrenador porque vivía todos los partidos y entrenamientos a tope y lo transmitía al equipo; que nunca bajara los brazos, fuera cual fuera el resultado», señala, insistiendo en que, «disfrutaba mucho más como entrenador y árbitro, dando consejos y ayudas a todos los chavales», nos reconoce, valorando mucho haber sido antes jugador. «Es mejor siempre haber jugado y sobre todo entrenado porque ves la difícil labor que tiene un árbitro siempre».

Por suerte, a Camps en su periplo de colegiado nunca le tocó vivir ningún mal trago. «Por mi carácter o manera de ser siempre fui recibido y tratado en todos los pabellones y clubes como un familiar más y me siento orgulloso de poder ir por la calle y que me digan que me echan de menos o que los chavales preguntan por mí. Es lo que más orgullo me ha dado», expresa. Dicho lo dicho, añade Camps que, «no en todos los sitios es igual el comportamiento. Algunos padres tendrían que oír cómo sus hijos me han llegado a decir en pista: ‘Me sabe mal Tóbal, no hagas caso a lo que te dice mi padre», lamenta. «Pasaba angustia por estos niños/as al ver el comportamiento de sus padres pero, en general, estoy orgulloso de todos los clubes».

Déficit de colegiados

«Al principio pitaba hasta ocho partidos en un fin de semana y disfrutaba pero al empezar a estar físicamente tocado pasé a 3/4, me notaba agotado», recuerda Camps, sobre la falta de colegiados en la Isla. «Es complicado por el tema más de la grada y los padres. Todo el mundo se cree que el suyo es el mejor y a veces debes aguantar comentarios o insultos que te quitan ganas», abunda y recordando, entre bromas, aquellos tiempos en los que todos los árbitros eran de la zona de Maó.

«Siempre había algún lío con los de Ciutadella pero fuimos saliendo árbitros de ponent», dice entre risas Camps, que ve un básquet actual, «de buen nivel y jóvenes que suben. Toca apoyarles, que lo de algunos en la grada no les quite la ilusión y toca apoyarles porque es difícil arbitrar». Un deporte que tras más de 40 años dentro, «me ha dado muchas amistades y sentirme realizado y contento de poder dar consejos y ayudar siempre al equipo inferior en cada partido para que nunca perdieran el ánimo que yo siempre les daba»

El apunte

«¿El principal cambio? Antes no se perdían un solo entreno»