Cuando Pablo Gracia tenía veinte años, su pasión por lo audiovisual lo llevó a desvelar los secretos tras las lentes de las cámaras. Había algo exclusivo y seguro en saber trastear con semejante aparato, en un tiempo en que las imágenes se estaban apropiando de la cotidianidad general. ¿Quién hubiera imaginado que, una década después de que Gracia comenzara a ganarse el jornal con la videocámara al hombro como un saco de cemento, los smartphones integrarían la misma tecnología?
El futuro pintaba negro para quien, por entonces, era solo un treintañero con mucha carrera por delante. Fue entonces cuando, iluminado, como poseído por una llamada, Gracia decidió dar un viraje y dedicarse al periodismo escrito: «¿Cómo va una máquina a escribir texto y hacer tareas de comunicación como un humano?, pensé». Hoy, de nuevo, diez años más tarde y tras una buena racha como freelance, Pablo Gracia ha vuelto a dar un nuevo volantazo a su vida. La Inteligencia Artificial ha deshecho su vieja premonición laboral. Y un nuevo e inesperado destino lo aguarda entre tuberías y bajo fregaderos.
Gracia insiste, sin embargo, en matizar el diagnóstico. No le gusta decir que la Inteligencia Artificial le ha quitado el trabajo. «No sería completamente real», afirma. Lo que sí empezó a percibir con claridad fue una reducción progresiva del mercado, algo que se hizo evidente cuando algunos clientes comenzaron a enviarle las notas de prensa ya redactadas con herramientas de IA. «El mercado se está reduciendo drásticamente, tal y como lo estoy viendo», explica. «Así que decidí ir justo al otro extremo y meterme en un sector donde la IA, de momento, lo tiene difícil para entrar. Me apunté a un FP superior de Mantenimiento de Instalaciones Térmicas y de Fluidos, básicamente fontanería y refrigeración».
En un primer momento, Gracia interpretó como una mala noticia personal el cambio de paradigma tecnológico. Pero ese gafe inminente no está solo destinado a él, ni siquiera únicamente a los del gremio de la comunicación. Se trata de una mutación con efectos totalmente transversales. Según un reciente estudio de Randstad Research, la implantación progresiva de la IA generativa en el tejido empresarial español tendrá un impacto directo en el empleo: alrededor de 400.000 puestos de trabajo netos podrían perderse en los próximos diez años. Un agresivo garrotazo al sistema laboral nacional, frente al que algunos, como Pablo Gracia, ya han sido previsores. Incluso a costa de auténticas reorientaciones vitales.
Fontaneros, carpinteros y electricistas
Recientemente, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, lanzó una afirmación audaz: la próxima generación de millonarios serán fontaneros, carpinteros o electricistas. A simple vista, la declaración podría parecer temeraria, pero profesionales del sector como Fernando Lacambra, director general de la plataforma de intermediación entre clientes y profesionales Aquí tu reforma, la respaldan sin dudar. Según Lacambra, «los oficios no van a desaparecer; al contrario, van a ganar valor. Lo que está cambiando es el contexto. Un buen electricista o fontanero, apoyado por tecnología, con capacidad de gestión y mentalidad empresarial, tiene hoy más oportunidades que nunca. Lo vemos cada día».
Desde InfoJobs, Mónica Pérez, directora de Comunicación, Estudios y Relaciones Institucionales, coincide con esta visión: «Los oficios manuales están experimentando una revalorización, no solo por la dificultad de automatizar tareas físicas, sino por la creciente necesidad de profesionales cualificados en sectores donde la experiencia y la habilidad práctica son esenciales». A su forma de ver, lo que antes se consideraba un trabajo rutinario ahora tiene un valor añadido, especialmente si se combina con competencias digitales o de gestión.
En este nuevo escenario, adaptarse se convierte en una cuestión de supervivencia y previsión. Pablo Gracia, por ejemplo, reconoce que su transición al mundo de la fontanería fue un verdadero ejercicio de observación y aprendizaje. «Meterme con 40 años a estudiar con chavales de 18 fue un choque generacional enorme. Al principio fue duro, pero ahora estoy en segundo año, a punto de terminar, y en marzo empiezo las prácticas», relata.
El auge de la automatización no pasó desapercibido para él. «Sobre todo en 2023 y 2024, seguía trabajando, pero ya veía señales claras: clientes enviándome textos generados automáticamente, tareas que antes hacía yo con análisis de datos y que ahora la máquina empezaba a hacer sola», relata. Gracia trabajaba mucho con microdatos, descargando hojas enormes del INE y buscando enfoques periodísticos alineados con los intereses de sus clientes. «Pensé que eso era imposible de automatizar… hasta que dejó de serlo», sentencia.
La experiencia práctica también ha marcado el camino de Nicolás Miñones, un joven gallego de 30 años, cuya curiosidad y espíritu «manitas» le llevaron a Australia, donde aprendió a trabajar con sus manos en tareas de todo tipo. «Por inquietudes de la vida y porque me gusta mucho el surf, me fui a Australia, donde viví cinco años. Allí tuve que ‘bajar al barro’: trabajé limpiando casas, repartiendo comida, en jardinería… Nunca se me caen los anillos. Soy muy curioso y muy ‘manitas’, así que comencé haciendo pequeñas chapuzas». Gracias a un contacto, Miñones terminó trabajando como electricista en barcos de lujo. Allí descubrió que no solo disfrutaba más el trabajo de campo que sentado en una oficina, sino que reveló una inesperada y prometedora ventana de trabajo.
Según Lacambra, la clave está en combinar oficio con visión empresarial. «La IA puede asistir en muchos niveles, desde mediciones más precisas hasta planificación inteligente de tareas, pero no sustituye la experiencia, el instinto ni la responsabilidad de quien está en obra», señala.
Miñones agrega que la práctica y la autonomía son fundamentales: «Al volver intenté retomar lo mío: automatismos, programación y robótica. Fui a entrevistas, pero me iba mal porque realmente no me apetecía ese tipo de trabajo, sentía que estaba condenado». Vio entonces que había mucha falta de electricistas, fontaneros, etc. «No tenía experiencia en electricidad de vivienda, pero soy echado para adelante, así que me hice autónomo y empecé. Llevo un año como autónomo y no paro», concluye este treintañero.
La visión de Lacambra, director de Aquí tu reforma, complementa estas experiencias: «La reforma es un trabajo artesanal. La ejecución en obra es humana. Además, la capacidad de adaptarse a lo inesperado, interpretar un espacio real, negociar soluciones con un cliente o tomar decisiones en tiempo real no se puede automatizar del todo», asegura con firmeza. La IA, en definitiva, para Lacambra puede asistir, pero no sustituir la experiencia, el instinto ni la responsabilidad de quien está en obra.
Escasez y demanda: el nuevo mapa laboral
La escasez de mano de obra cualificada se ha convertido en un motor que redefine la economía de los oficios. Gracia apunta que «hay muchísima escasez de mano de obra cualificada. Mano de obra hay, pero buena mano de obra no. Eso hace que las empresas no puedan reemplazar fácilmente a los trabajadores y tengan que pagar mejor», destaca. «Si eres autónomo», prosigue Gracia, «te sabes mover y eres responsable, se puede ganar muy buen dinero. Lo estoy viendo con mis propios ojos».
Desde InfoJobs, Mónica Pérez subraya la misma tendencia: «La falta de relevo generacional en oficios manuales está creando un entorno donde los profesionales experimentados tienen más capacidad de negociación y, por tanto, un mayor reconocimiento económico». Para la directiva, esta escasez abre la puerta a combinar la experiencia tradicional con herramientas digitales, generando oportunidades únicas de especialización y valor añadido.
Miñones, por su parte, ilustra cómo estas dinámicas impactan en el trabajo diario: «Funciona como una cadena: albañil, persianista, fontanero, electricista… Si uno se retrasa, la bola crece y afecta a la siguiente obra y a la siguiente. A veces tienes que doblar horas: he trabajado 12 horas al día, de lunes a domingo, para intentar tapar huecos». Una confesión que se adhiere a la actual falta de buena mano de obra que ya había señalado Gracia.
El valor de la tecnología, cuando se integra de manera eficiente, se hace evidente en la gestión de los proyectos: «Estamos implementando la IA en nuestra herramienta tecnológica para mejorar la experiencia de cliente», explica Lacambra. «Comunicar el estado de la obra y tomar decisiones basadas en datos reales, no en intuiciones».
Gracia reconoce que esta integración no le intimida, sino que le ofrece seguridad: «Ver que los procesos se optimizan con tecnología no me da miedo; me da tranquilidad. Prefiero anticiparme y adaptarme antes de que sea demasiado tarde». Miñones agrega un ejemplo práctico del impacto económico: «Sí, hay retrasos con los clientes y cambios de última hora, pero ser organizado y autónomo permite mantener la satisfacción del cliente y la rentabilidad. Para un piso de tres habitaciones, entre fontanería y electricidad, se puede ir fácilmente a 12.000 o 13.000 euros, y si añades albañilería, otros 8.000 o 9.000 euros».
Mano de obra robótica en el futuro
Gracia, no obstante, mira más allá y reflexiona sobre la transformación a largo plazo. «Sí, claro. No soy ingenuo. La robótica avanza mucho y puede que dentro de 15 o 20 años muchos oficios también se automaticen. Pero incluso en ese escenario siempre hará falta alguien responsable: alguien que supervise, que mantenga, que se haga cargo si algo falla. Igual que en el periodismo».
Miñones concluye resaltando la satisfacción personal que aportan los oficios: «Me gusta levantarme por la mañana con ganas de trabajar. Es muy satisfactorio arreglar algo y que funcione».
Finalmente, Lacambra ofrece un mensaje claro para quienes miran hacia los oficios en un futuro tecnológico: «Que no tengan miedo a la tecnología, porque no viene a sustituirles, sino a multiplicar su valor. El futuro pertenece a quienes dominan un oficio y, al mismo tiempo, están abiertos a aprender, a usar nuevas herramientas y a pensar como empresarios. Hoy, saber trabajar con las manos y con la cabeza es una combinación imbatible».
Mónica Pérez, desde InfoJobs, cierra con un consejo complementario: «No hay que ver los oficios y la tecnología como opciones opuestas. El futuro laboral exitoso será para quienes sepan combinar conocimientos prácticos con herramientas digitales, estén dispuestos a adaptarse y aprendan continuamente».
En definitiva, la clave para que los oficios manuales no solo sobrevivan, sino que ganen protagonismo y valor económico en la era de la IA, es saber adaptarse. Quizás el CEO de Nvidia acierte, o quizás sus pronósticos caigan en saco roto con el auge de la robótica. Sea como fuere, y como demuestran estos testimonios, la actividad manual, que hasta hace un tiempo parecía minusvalorada, hoy, gracias a la IA, reformula su perspectiva de cara al futuro inminente.
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