Dan Hagen es una de las voces más influyentes en la intersección entre tecnología, datos y creatividad publicitaria a nivel global. Con más de dos décadas liderando la transformación digital en la industria de la comunicación, se ha consolidado como un estratega clave dentro de Havas, uno de los mayores grupos de publicidad del mundo. Desde su rol global, impulsa la integración de datos, procesos digitales y tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial, con una convicción clara: “la IA sigue estando poco valorada como socio estratégico para el negocio” explica en una entrevista concedida a Business Insider España.
Creatividad e IA: más allá de lo previsible
“Cuando empecé mi carrera, enviaba faxes, luego correos electrónicos, luego tuve un ordenador portátil que me liberó del escritorio, luego un móvil que me liberó de la oficina, y ahora tengo un compañero de reflexión conmigo todos los días” recuerda a Business Insider España Hagen. Ese fiel compañero es la inteligencia artificial.
Por este motivo, el creativo invita a perder el miedo al progreso tecnológico y defiende la combinación del talento humano y la tecnología porque, “la máquina aporta conocimiento ilimitado, pero el sentido y el propósito se los damos nosotros” concluye Hagen, reforzando la idea de que la evolución tecnológica será una oportunidad si se impulsa desde la colaboración y la adaptación humana.
“La creatividad surge de las intersecciones: dos personas que desarrollan una idea, someten ese concepto a pruebas de estrés con la IA y llevan 20 ideas iniciales de la IA a un taller humano. Creo que esta evolución depende de nosotros” concluye.
La máquina aporta conocimiento ilimitado, pero el sentido y el propósito se los damos nosotros”
En 2025, el 20 % de las empresas de la Unión Europea con 10 o más empleados utilizó alguna tecnología de IA, lo que representa un aumento significativo frente al 13,5 % registrado en 2024, un dato que evidencia la aceleración en la adopción empresarial de la IA. Las aplicaciones más frecuentes incluyen el análisis y generación de lenguaje, así como la creación de imágenes, vídeo y audio, pero aunque su uso crece rápidamente, la adopción sigue siendo desigual. Aún está en una fase de expansión, pero lejos de ser generalizada.
No obstante, el experto observa que la IA sigue estando infravalorada. Y es que, si bien cada vez se usa más, es necesario dar un salto cualitativo. Por ejemplo, “yo la utilizo cada vez más para criticar el trabajo que ya he realizado, en lugar de limitarme a crear estructuras de pensamiento o esquemas estratégicos” explica Business. Con el objetivo de romper la retroalimentación positiva, recomienda ser contundente con las indicaciones ya que “cuando se emplea correctamente, puede elevar realmente tu pensamiento al desafiar tus suposiciones, plantear preguntas difíciles y, a veces, romper tus burbujas de creencias”.
De la imprenta al prompt
Cada gran revolución tecnológica ha generado temor antes de producir progreso. La imprenta transformó el acceso al conocimiento; la electricidad, el trabajo; internet, la información. La inteligencia artificial parece seguir ese mismo patrón, aunque con una velocidad y un alcance que dificultan anticipar sus efectos con precisión.
En palabras del Global Chief Data and Technology Officer de Havas, “hay estimaciones de mercado, basadas en cambios tecnológicos sísmicos anteriores, que sugieren una depresión del empleo durante los próximos años, seguida de un crecimiento a partir de 2028”. Sin embargo, anticipar ese impacto con certeza resulta complejo. En su opinión, establecer una estimación concreta es arriesgado por varios motivos: en primer lugar, porque aún estamos al comienzo de este proceso de cambio; y, en segundo lugar, porque esta transformación es, en cierta medida, distinta a las anteriores.
Pese a ello, entre los expertos existe consenso en que los trabajos que agregan, resumen y procesan información serán los que se verán más significativamente transformados. No obstante, “quienes temen la muerte de la creatividad tienden a pensar en términos absolutos: que las máquinas sustituirán a los humanos y que todo acabará en soluciones promedio” indica el experto. Para Hagen, ese resultado no es inevitable y depende de cómo trabajemos entre nosotros y de cómo trabajemos con la IA.
“Tenemos una obligación con el talento que se incorpora a nuestra industria»
La mayor preocupación, sin embargo, no se sitúa en los roles senior, sino en los puestos junior, aquellos en los que el nuevo talento aprende el oficio. Muchos de estos trabajos tienen un alto potencial de automatización parcial, lo que plantea un riesgo estructural: si desaparecen o se reducen de forma drástica, ¿dónde se formarán los expertos y líderes del futuro? “Tenemos una obligación con el talento que se incorpora a nuestra industria. Debemos asegurarnos de que estamos formando a los expertos y líderes del futuro, capaces de cuestionar y criticar los resultados de la IA”, señala Hagen a Business Insider España.
Del impacto temido al impacto deseado
Uno de los puntos más críticos que señala Hagen es la dificultad para trasladar los avances en productividad personal, impulsados por la IA, al terreno de la productividad corporativa.
El problema reside en la brecha entre ambas. A nivel individual, el uso de modelos de lenguaje y otras herramientas de IA ya permite a los empleados escribir correos electrónicos, programar, crear presentaciones o sintetizar documentación con mayor rapidez y eficacia. El resultado es una mejor experiencia de trabajo: se produce más, se gana eficiencia y, en muchos casos, se logra mayor equilibrio y una aproximación más estratégica a las tareas. Sin embargo, desde el punto de vista de la organización, el profesional sigue siendo un equivalente a tiempo completo y el modelo operativo permanece prácticamente intacto.
Para que esa mejora individual se traduzca en resultados estructurales, es necesario alcanzar una masa crítica de adopción que muchos expertos sitúan por encima del 80% de competencia en los equipos o, alternativamente, desplegar programas específicos de transformación que modifiquen de forma consciente la manera de trabajar. Hoy, la mayoría de las empresas se encuentra aún lejos de ese nivel de madurez y tiende a centrarse en la implementación tecnológica más que en el cambio cultural y humano que esta exige.
“En resumen, no estamos convirtiendo estas capacidades en resultados”, apunta Hagen. De ahí que una parte esencial del enfoque de Havas esté puesta en la gestión del cambio. Aunque su rol esté formalmente ligado a los datos y la tecnología, el debate, admite, ha virado claramente hacia las personas: cómo aprenden, cómo colaboran y cómo trabajan junto a sistemas inteligentes.
La conclusión es clara: “Cualquier cosa o persona que se quede sola a su suerte pronto se quedará sin creatividad”, concluye Dan Hagen.