Juantxu Larruzea, cuando regentaba su establecimiento en Amorebieta. Maika Salguero
Natural de Amorebieta, tenía 81 años y fue chef de la selección española en los tiempos de Miguel Indurain, Julián Gorospe y Abraham Olano, cuando éste ganó el Mundial de Colombia
Viernes, 26 de diciembre 2025, 11:31
Juantxu Larrucea, cocinero de Amorebieta, apasionado del ciclismo y encargado en su día de alimentar a los ciclistas de la selección española cuando acudían a los Mundiales, falleció este jueves de forma a los 81 años. En su templo se vivía la cocina y el ciclismo por igual. El Juantxu era un santuario para los corredores. Allí paraban el Reynolds, luego Banesto, el día del Gran Premio Primavera. Indurain, Delgado, Olano, Marino, Gorospe… eran muchos de los habituales, y en el caso de Olano, Larrucea era el cocinero de la selección cuando el ciclista de Anoeta se convirtió en campeón del mundo en Duitama (Colombia). También allí cerraba cada año la temporada, con una alubiada, el Euskaltel-Euskadi de Miguel Madariaga.
Hay quien le llamó el Arguiñano de los ciclistas. Natural de Amorebieta, donde regentó el restaurante Juantxu hasta su jubilación, también se dedicó a la hostelería en Durango y ejerció incluso de cocinero en barcos de pesca durante periodos de faena. Hecho a sí mismo, su apego al ciclismo le viene desde joven. Fiel seguidor de Julián Gorospe, disfrutó con sus triunfos, como aquel al sprint ante Sean Kelly en Ibardin en la Itzulia de 1984 o el que en el mismo alto le dio seis años más tarde, en 1990, el triunfo absoluto en la ronda vasca.
Encargado de los fogones de la selección cuando acudía a los Mundiales de fondo en ruta, entabló una relación estrecha con Miguel Indurain, que de vez en cuando se saltaba su dieta para degustar los postres de Juantxu. Con sus admirados corredores disfrutó de alguna que otra medalla, como la de oro de Abraham Olano en Colombia, y sufrió cuando los resultados no les acompañaron, como en Utsonomiya en 1990, donde se las tuvo que ingeniar con los japoneses.
Se mantuvo en activo hasta 2010, cuando él y su esposa, Asun Oarbeaskoa, inseparables desde que se conocieran en 1970, cedieron el testigo de su negocio tras más de 50 años de actividad.
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