Héctor Bellerín atraviesa una etapa de silencios buscados. Vive a las afueras de Sevilla, lejos del foco permanente, y habla como alguien que empieza a ordenar su vida más allá del calendario de partidos. «No busco felicidad, eso ya lo descarté hace tiempo. Busco tranquilidad«, resume el lateral del Betis en una extensa entrevista con el diario El Mundo. A sus 30 años siente que empieza —por fin— a decidir qué cosas le pertenecen de verdad y cuáles eran solo herencia de un sistema que le educó desde los siete años para una única misión: jugar al fútbol.
Formado en La Masia, profesionalizado de niño y convertido en icono en el Arsenal, Bellerín reconoce ahora el coste invisible de esa carrera precoz. Cumpleaños perdidos, vínculos frágiles y una burbuja que separa al futbolista del ciudadano común. «El fútbol te enseña a producir, a rendir, a competir. Pero no a vivir«, apunta.

Bellerín, un pionero en la popularización del ‘bloke core’ / ‘X’: @HectorBellerin
En Sevilla, sin embargo, ha construido algo que considera esencial: una red de apoyo real, amistades que aparecen sin preguntar cuando algo se tuerce. «Hoy los amigos son la familia«, dice.
Bellerín critica cierto uso de las redes sociales
Esa mirada crítica se extiende también a la masculinidad que impera en el fútbol. Bellerín no reniega de los memes ni del ruido digital, pero advierte del daño colateral. «Entiendo la mofa del macho performativo, pero hay hombres que están intentando encontrar un espacio fuera de la masculinidad hegemónica y eso puede asustarles”. No se reivindica como símbolo de nada. Lee, escribe, se interesa por la moda y el arte porque siempre lo hizo. «La materia prima es la misma, solo que ahora se ve desde otros ángulos».
Las redes sociales, reconoce, son un campo minado. Amenazas, insultos y barbaridades conviven con el cariño real que percibe en la calle. «El estadio se ha convertido en el teatro romano«, reflexiona. Un lugar donde se permite una violencia verbal que no tendría cabida en ningún otro espacio.

El defensa del Betis Héctor Bellerín (i) controla el balón en el partido ante el Girona de LaLiga de fútbol disputado este domingo en el estadio Benito Villamarín. EFE/ Julio Muñoz / Julio Munoz / EFE
Para Bellerín, el problema no es solo del aficionado, sino de un sistema que nunca ha querido asumir su responsabilidad social. “El fútbol tiene un poder enorme, pero solo se usa para intereses económicos”.
Bellerín y su negocio Gospel Estudios
Esa inquietud también se traslada a su proyecto empresarial, Gospel Estudios, una marca de moda basada en la transparencia y la producción ética. Cada prenda cuenta quién la ha hecho, cuántas manos han intervenido y si realmente el consumidor la necesita. «No hacer nada sería lo más sostenible, pero no es una opción«, explica.
Entre entrenamientos, libros y paseos cotidianos, Bellerín ha decidido algo poco habitual en el fútbol profesional: salir de la burbuja. «Quiero que me traten como a uno más«, afirma. Quizá por eso, en un mundo tan ruidoso, su discurso suena distinto.
Bellerín no busca convencer, ni liderar, ni representar. Solo encontrar un lugar propio desde el que vivir —y jugar— con coherencia.