Javier Gutiérrez ha vestido ya tantas caras a lo largo de su trabajo en la pequeña pantalla, la grande y los teatros españoles que no hay espectador que no se lo imagine como varios personajes. Más que uno de esos actores ligados a un título, Gutiérrez ha logrado entrar en la mente de todos en forma de decenas. Nombres, edades, procedencias, géneros diversos… Todo un hombre de las mil caras que no necesita cambiarse mucho la suya para transformarse en lo que exija el papel. Por eso, nos parece de justicia poética que Gutiérrez naciera en Asturias, se criara en Galicia y a los 18 se mudara a Madrid.

Un transito vital que seguramente le haya servido para conectar con tantos personajes e historias. Sin embargo, en su última película, Rondallas, nos demuestra que el otro lado también es importante. Gutiérrez tira de su infancia en las tierras gallegas para protagonizar la última película de Daniel Sánchez Arévalo, una que aboga por la comunidad, por lo popular, como vehículo de sanación y de vida. Y es que sentirse de todas partes no es lo mismo que sentirse de ninguna parte.

javier gutierrez rondallas

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Pocos meses después de hablar con él por motivo del estreno de La vida Breve, volvemos a encontrar con él para hablar de esta nueva dramedia popular que llegará a los cines el día 1 de enero de 2026, esperemos que para marcar el carácter de un 2026 que nos vuelva a conectar entre nosotros. Y, como siempre, tiene muchas cosas interesantes que decir en torno a la unión colectiva de los pueblos, la gentrificación de ciudades como Madrid y hasta su apetecible menú navideño.

Naciste en Asturias, pero te criaste en Ferrol. ¿Cómo de cerca te pillaba la cultura de la rondalla antes de la película?
Yo creo que va a ser una gran sorpresa para muchos espectadores, porque no se conoce esa tradición de la rondalla más allá de Galicia. Fíjate que en la zona en la que vivo, o en la que me crie, las Rías Altas, hay tradición de rondallismo, pero es otro tipo de rondallas: más desde la canción, desde la letra; esta es más instrumental. Con lo cual, a pesar de la cercanía, no tienen mucho que ver. Pero es algo muy arraigado en la cultura gallega y creo que es un auténtico plus para la peli.

rondallas de daniel sanchez arevalo

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Nos hablabas de cómo tus veranos de la infancia los marcó bajar a la calle al oír el carrito de los helados. ¿Qué fiesta de pueblo o actividad comunal te marcó de niño?
Vivir en Madrid en los últimos tiempos se está convirtiendo para mí en algo hostil. Yo, que soy un gran amante de Madrid, llegué con 18 años y siempre he presumido de lo acogedora que es y de que nadie se siente extraño en esta ciudad. De repente echo en falta (o me descubro pensando en) mi infancia y en el modo de vida de entonces: pertenencia a un lugar, tribu, comunidad, que es de lo que habla la peli. Poco a poco me apetece, y fantaseo, vivir en lugares más pequeños. Disfruto mucho de los veranos; tenemos una casa familiar en la sierra, así que estoy deseando que lleguen Navidades o verano para refugiarme allí con la familia: donde todo está conectado, conoces al vecino, todos te llaman por tu nombre; donde puedes ir desde tomar un vino a hacer cualquier compra. Eso está desapareciendo en las grandes ciudades. Ese sentimiento que me conecta con el carrito de los helados, cuando intentaba cogerle 10 o 15 pesetas a mi madre para bajar a por uno, tiene que ver no con la huida, sino con volver a los orígenes. Me conecta con la infancia y con esta película.

Vivo en una finca de 90 vecinos y más de la mitad ya son apartamentos vacacionales. Puede que en cinco años quedemos cuatro o cinco propietarios. Es una auténtica desgracia

La película muestra la rondalla como un medio de sanación colectiva, de comunidad. ¿Se está perdiendo esa unión?
Mira, para que te hagas una idea (y para quienes no viven en Madrid, aunque ya todo se parece); en ciudades como Málaga, Valencia o Bilbao la gentrificación sigue creciendo, pero es que lo de Madrid ya es insostenible. Vivo en una finca de 90 vecinos y más de la mitad ya son apartamentos vacacionales. Puede que en cinco años quedemos cuatro o cinco propietarios. Es una auténtica desgracia para un modo de vida que hace unos años disfrutábamos y que hoy es impensable sostener.

Tu personaje es particular: tiene secretos, comete algún que otro pequeño delito, pero parece alguien muy cercano, muy normal, alguien que conoce todo el mundo. ¿Cómo trabajaste algo tan sutil?
Para empezar, está muy bien escrito y dirigido. Estamos en manos de Daniel Sánchez Arévalo, un director que se maneja muy bien en este terreno, toda su filmografía lo prueba. Combina muy bien drama y comedia y dirige a la perfección a los actores. No hay actor o actriz en sus películas que esté mal; hace un trabajo delicado, pequeño, preciso y certero en ambos registros. En esta peli, cuando hay que acentuar la comedia, están Tamar Novas, Carlos Blanco, Touriñán; cuando debe destacar la emoción, está María Vázquez. Para mi gusto sabe tocar la tecla de la emoción y conecta muy bien con el espectador. Dicho esto, creo que Luis, mi personaje, es un buen hombre que guarda un secreto que lo llena de dudas, dolor y tristeza, pero que, aun así, es el motor para reactivar a ese pueblo y superar una tragedia. No quiero destripar la película pero sí diré que, en un pueblo pequeño, mueren cinco tripulantes de un pesquero y él es uno de los supervivientes junto con otro amigo. Hace poco leía el testimonio de un superviviente de Atocha. Más allá del shock, está la culpa de sobrevivir. Tiene que ver con lo que le pasa a Luis: ver morir a sus compañeros y haber sobrevivido; levantarse pensando por qué no fue él.

El papel más importante y difícil en la vida es el de padre y madre. Antes todo recaía sobre la madre, pero hoy el padre tiene mucho que decir: ya no es un ausente que solo pone el dinero a fin de mes

Tu papel, especialmente con el personaje de Judith Fernández, es complejo en cuanto a ocupar la figura de un padre ante un niño aún de luto. Tengo entendido que perdiste a tu padre muy joven, y te quedaste, como Luis en la película, con una madre y dos hermanas a cargo. ¿Has visto reflejada algo de tú experiencia personal en ello?
Fíjate que, solo cuando vi la película ya hecha, pensé en lo que dices. Es muy complicado: quizá el papel más importante y difícil en la vida es el de padre y madre. Antes todo recaía sobre la madre, pero hoy el padre tiene mucho que decir: ya no es un ausente que solo pone el dinero a fin de mes; quiero pensar que estamos presentes y participamos activamente en la crianza. Si ya de por sí es difícil con los hijos propios, con hijos ajenos, y más adolescentes, la tarea es titánica. Por un lado intentar ocupar el hueco que deja un padre es imposible y, por otro, lidiar con el día a día de alguien que no es tu hija, tomando decisiones que atañen a la familia o a la convivencia… Uno piensa “Qué difícil es la situación de este hombre”. Más allá de lo que oculta, encima tiene que colocarse en un rol que no le pertenece y por el que no siempre es bien visto.

javier gutierrez rondallas

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Quizá seas la estrella del cine español que más cambia de medio (televisión, cine), género (drama, comedia, thriller), director y compañeros. ¿Qué te lleva a un proyecto o es que simplemente te gusta mucho trabajar?
Gracias por lo de estrella, pero no me veo así. Soy un gran amante de mi oficio; no me imagino haciendo otra cosa desde pequeño. En la actuación siempre se ha dicho que, si, al empezar, te imaginas haciendo otra cosa, vete y hazla. Esto es vocacional y uno tiene que verse solamente actor incluso en los momentos más delicados, cuando no hay trabajo y asaltan las dudas. Trato de enfrentarme al trabajo con la mayor honestidad, con muchísima pasión y ganas; ese es el motor que me lleva a embarcarme en los proyectos. Y soy un culo inquieto: me gusta la televisión: la defendí cuando no tenía buena prensa, antes de las plataformas, cuando algunos miraban por encima del hombro a quienes la hacíamos. El teatro es mi pasión: no me veo solamente haciendo tele y cine, olvidándome del teatro. Te conecta de forma muy particular con el oficio: tienes que salir cada día, pese al miedo y las ganas de huir; hay algo muy particular en subirse a un escenario que tiene que ver con el origen, con el motor que me lleva a interpretar.

Siempre digo que dos herramientas fundamentales de un actor son la observación y la imaginación; se cultivan desde niño y me han acompañado siempre

¿Cómo descubriste de niño que la interpretación era tu pasión de manera tan absoluta?
Vivíamos en una barriada muy humilde, en una torre de 13 plantas donde en cada escalera había cuatro pisos, un poco 13, Rúe del Percebe, y todos nos conocíamos. Cuando había juntas o venía un vecino, simplemente te tocaban el timbre para pedir sal o se sentaban a comer lo que hubiera. Yo, muy observador, imitaba a casi todos los “imitables”. Ahí descubrí mi pasión por convertirme en otros. Además, era muy tímido (sigo siéndolo, aunque me he sacudido esa timidez casi enfermiza) y la imitación me ayudaba a huir de mí mismo. Conseguía arrancar dos o tres gestos certeros; al final no lo hacía mal del todo (sin ser Carlos Latre). Siempre digo que dos herramientas fundamentales de un actor son la observación y la imaginación; se cultivan desde niño y me han acompañado siempre. Curiosamente pasas de observar a ser observado, y es difícil, si eres popular, subirte a un bus o metro a observar a los demás. Pero sigo con ese ojo voyeur para copiar cosas que luego me sirven para encarnar personajes.

Tras la pandemia hemos salido peor como sociedad, a nivel global: egoístas, sin empatía, impera el “sálvese quien pueda”. Nos atañe universalmente hablar de sentido de comunidad. Es necesario recuperar el espíritu de grupo, de tribu, de comunidad, que hemos perdido para nuestra desgracia

Nos decías también que sabías lo importante que era Campeones por tu experiencia con tu hijo. ¿Es fundamental visibilizar y hablar de temas que importan, o la política hay que dejársela a los políticos?
No, creo que sí hay que hablar de temas que nos atañen y darles visibilidad, ponerlos en el foco social, aunque no dependa de uno. Produzco teatro y ahí sí elijo los textos que quiero contar; en cine no, porque no soy productor y estoy más limitado. No puedo elegir de qué se habla, solo los proyectos donde creo que puedo tener voz o me interesan los personajes. Ojalá todos fueran tan interesantes como Campeones o este. Es un momento con pocos asideros sociales. Tras la pandemia hemos salido peor como sociedad, a nivel global: egoístas, sin empatía, impera el “sálvese quien pueda”. Nos atañe universalmente hablar de sentido de comunidad. Es necesario recuperar el espíritu de grupo, de tribu, de comunidad, que hemos perdido para nuestra desgracia.

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Uno de los aspectos que más destacan de tu trabajo es lo bien que encajas con todos tus compañeros de reparto, por muy diferentes que sean. ¿Quién te ha impresionado o enseñado más? ¿Has chocado con alguno?
Los actores solo somos piezas de un engranaje y estamos al servicio del cuento que quiere contar el director o la directora. Por ponerte un símil futbolístico: uno puede echarse el equipo a la espalda a veces, pero hay más jugadores y hay que apoyarse en ellos. Por encima del trabajo del actor está el guion y la dirección. Por eso doy tanta importancia a los compañeros de viaje: conforme me hago mayor, me interesa más que sean buenos compañeros, con quienes empatizar y dejar a un lado los egos para sumar al proyecto. Hay muchos: últimamente trabajé con Luis Bermejo en teatro. Es un actor muy peculiar en todo lo que hace, diferente, siempre llama la atención. Más allá de él, me interesan también Alberto San Juan, Carmen Machi, Alejo Sauras (por decir alguien de televisión), María Vázquez, por supuesto… Si te tengo que decir uno te diría Luis Zahera, que ahora dicen que está de moda, con reconocimiento nacional e internacional, pero no me gusta decir eso porque lleva años picando piedra. Hay tantos con los que he trabajado, de los que aprendes y con los que repetiría, que la alineación sería infinita.

Esa es mi ambición: mantener vivo el espíritu del oficio y seguir trabajando. El mayor triunfo es que el teléfono no deje de sonar y tener proyectos. Si viene acompañado de prestigio, premios, taquilla, favor del público, bienvenido sea

¿Cuál es tu ambición como actor? ¿Premios, grandes películas, reconocimiento, legado, o trabajar y mantener a la familia?
Si miro atrás, con 18 años me veo en la Gran Vía (cuando todavía había cines) mirando carteles y luces de neón, soñando con ser actor (que no con hacer una película). Lo cuento mucho porque está bien que quienes empiezan tengan romanticismo por el oficio. Parece que haya que pisar alfombras y ser estrella, y creo que todo se teje de forma más pequeña. Hay que ir escalón a escalón, o la caída es más aparatosa. Cuando llegué a Madrid iba a casi todos los teatros; la primera vez fue en el Teatro Español, en el gallinero: 150 pesetas me costó. Vi a José María Rodero en Las mocedades del Cid. El espectáculo me pareció un peñazo, pero verlo en acción y ser espectador de esa experiencia en vivo me marcó. Años después, fui protagonista en ese mismo escenario en un espectáculo de Sergio Peris-Mencheta, y cada noche miraba la butaca donde, supuestamente, me senté con 18 años. Seguir conectado con ese adolescente es lo que me emociona ahora. Esa es mi ambición: mantener vivo el espíritu del oficio y seguir trabajando. El mayor triunfo es que el teléfono no deje de sonar y tener proyectos. Si viene acompañado de prestigio, premios, taquilla, favor del público, bienvenido sea, no te digo que no. Lo afirmo tras haber pasado por temporadas de premios, que ya sabemos lo que son: a veces justos, a veces no. Tras ser padre y madurar sabes que quizás el volumen de trabajo se reduzca. Pero eso me hace ambicionar que, pasados los años, sigan contando conmigo. No lo digo con la boca pequeña, si no desde la honestidad: el mayor triunfo es que sigan contando con uno. Además, creo que eso debe de ser así y en mi caso, es así.

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Nos has dicho que solo eres productor en teatro, por el momento ¿Alguna historia que te gustaría llevar a la pantalla?
Muchísimas. Hay un proyecto que me gustaría pero requiere muchos actores: Glengarry Glen Ross, de David Mamet, que se hizo hace más de 20 años con Javier Gurruchaga a la cabeza, dirigido por María Ruiz, en el Centro Dramático Nacional. Para embarcarme en algo así tendría que haber iniciativa pública más que privada; si no, sería un pastón. Pero hay muchísimos proyectos que me encantaría hacer y no descarto poder llevarlos a cabo algún día.

Todos los guiones de una temporada estaban hechos, basado en una novela de Covadonga O’Shea sobre la vida de Amancio Ortega. Recogía sus comienzos, las privaciones de su familia y sus inicios hasta las primeras tiendas fuera de España; abarcaba desde niño hasta los 50 o casi 60 años

También estabas detrás del proyecto de Amancio Ortega. El hombre que creó Zara. ¿En qué estado está ese proyectazo?
No, eso murió. Estaba muy adelantado, todos los guiones de una temporada estaban hechos, basado en una novela de Covadonga O’Shea sobre la vida de Amancio Ortega. Recogía sus comienzos, las privaciones de su familia y sus inicios hasta las primeras tiendas fuera de España; abarcaba desde niño hasta los 50 o casi 60 años. Era una serie muy ambiciosa, con un personaje que, cada vez que me lo recuerdan, me da pena que no saliera. Era muy apetecible y, estoy seguro, interesante para el público. Tenía incluso las fechas cerradas. Dejé pasar cosas para embarcarme en más de seis meses de trabajo y, al final, todo se vino abajo como un castillo de naipes. No sabría decir por qué. Creo que incluso salió la noticia de que se estrenaría en muchos países a la vez y, claro, quizás pasar de una figura tan enigmática y poco conocida (apenas hay fotos) a hacerla tan visible, no interesó. Alguien diría: “Mejor darle una vuelta; nos interesa conservar el anonimato. Mejor no darle más bola y dejarlo ahí”.

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Estamos en unas fechas muy señaladas, y sabemos que eres muy cocinitas, ¿eres el que cocina en Navidad?
Cuando estoy en Galicia con mi madre suele ser ella, como buena matriarca, quien cocina. Aquí en Madrid, según dónde pasemos las fechas, cocino yo. Este año toca aquí así que ya estoy pensando en el menú. Por ahora, un pato a la naranja con miel como plato principal. De primero, seguramente una sopa de marisco para combatir el frío. Por supuesto, habrá entrantes y todo ello regado con buenos vinos de la tierra, gallegos, por supuesto.

¿Cuáles son esos vinos gallegos que no faltarán en tu casa en Navidad?
Casal de Armán. Están muy en boga los albariños y los godellos, pero te diría Casal de Armán, que es un ribeiro con el que no vas a fallar. Y luego, una producción muy pequeña de unos chicos de Ferrol que se llama El Paraguas.

DO Ribeiro Casal de Armán Blanoc

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El Paraguas Agas do Tempo 2023

Agas do Tempo 2023