CHONGQING, CHINA – JULY 20: Four women push baby strollers carrying toddlers while walking together on Jiefangbei Pedestrian Street, one of Chongqing’s busiest commercial and tourist areas, on July 20, 2025 in Chongqing, China. The women, dressed in casual summer clothes, smile and chat as they move through the lively crowd in the pedestrian plaza, which is filled with families, shoppers, and visitors on a warm weekend afternoon. (Photo by Cheng Xin/Getty Images)FOTO: Cheng Xin (Getty Images)
El Gobierno chino mantuvo durante 35 años su polémica política de hijo único para controlar la natalidad. Hace una década que puso fin a este experimento social, pero aún hoy paga las consecuencias: el impacto demográfico es tan elevado que es uno de los mayores quebraderos de cabeza del Gobierno del país.
La sombra de una política cuestionable. La norma dio lugar a historias terroríficas de abortos, abandonos y pequeños que crecieron sin ser registrados.
- Se cebó especialmente con las niñas, a las que muchas familias desdeñaron.
- Moldeó una sociedad creada por hijos únicos hiperformados y plenos de atención que crecían mientras el país ascendía al Olimpo de las superpotencias.
- Y en los entornos rurales muchos niños crecieron sin ser registrados para evitar pagar las multas.
¿Cuál es la situación ahora? La tasa de fertilidad continúa en caída libre: la ONU prevé que China pase de los 1.400 millones de habitantes a 633 millones para 2100, un cambio que podría ser un obstáculo para el crecimiento.
- Además, la población se sustenta por un número cada vez menor de ciudadanos en edad de trabajar.
Así que la natalidad ya es una prioridad para el Gobierno. Se han incentivado políticas como permisos parentales más largos o desgravaciones ficales y, por primera vez, se plantea la necesidad de ayudas para el cuidado infantil.
©Foto: Cheng Xin (Getty Images)
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