Elene Arandia

Domingo, 28 de diciembre 2025, 00:03

El K-pop, asociado a adolescentes y modas fugaces, a veces se filtra por caminos más discretos. Vestida de rojo y negro —colores que remiten al imaginario del fandom ARMY—, la donostiarra Monika Bañales, de 51 años, encarna una de las derivadas menos visibles del fenómeno: la de los adultos que llegaron al género casi por accidente, y se quedaron por convicción. Lleva más de 900 días estudiando coreano en Duolingo y su testimonio desmonta una idea muy extendida: que es un fenómeno generacional y efímero, y revela hasta qué punto esta industria global también construye fidelidades íntimas y duraderas.

–¿Cómo descubrió el K-pop?

–Fue en pandemia, y de rebote. Empezamos a ver una serie de anime en casa y me aficioné. Vi varias series del género y de ahí pasé a las series coreanas que había en Netflix. Después me recomendaron una plataforma de series en internet donde empecé a ver series coreanas, chinas, tailandesas… O sea, sigo en fase asiática, porque todas las series que veo son del estilo: familiares, temáticas romanticonas, de miedo… Creo que fue a través de TikTok o Instagram, alguien me dijo que seguía al grupo BTS. Dije, ¿quiénes serán estos?

–¿Qué fue lo que realmente le enganchó al género?

–Empecé a ver clips pequeñitos en TikTok y pensé: qué chicos más majos. Vi ensayos, coreografías… Me gustaban las cosas que decían en las entrevistas. Pensé lo bien trabajados que están los videoclips, la sincronización que tienen al bailar y cantar en directo, lo difícil que es. Son unos artistazos. Luego, por TikTok, me entró el ‘Efecto Félix’, de Stray Kids. Félix es un chico con cara de ángel y voz grave. El contraste te impacta. Mucha gente entra a Stray Kids por él. Y así conocí al líder, Bang Chan, que ahora es mi favorito. Tanto Félix como Bang Chan son australianos. Al hablar inglés, igual que el líder de BTS, podía entenderles mejor.

–Está aprendiendo coreano…

–Alguien me habló de Duolingo y me metí a aprender coreano, aunque sea un poco, para entender o cantar algo. Uno de mis objetivos es viajar a Corea del Sur en algún momento. Llevo más de 900 días de clase, pero desde hace un año tengo clase con una profesora particular en Donostia, una chica coreana.

–¿Qué lugar ocupa en su día a día?

–Cuando escucho música, generalmente escucho K-pop, aunque también un poco de todo. Sigo grupos del género, algo de pop tailandés. Y hago mis cinco o diez minutos de Duolingo diarios.

–¿Qué reacciones ha recibido al decir que te gusta el K-pop siendo adulta?

–Piensan que estoy loca. Soy la friki, la rara. Siempre me dicen: «Ya estás con tus chinos». Y yo respondo: «Son coreanos». Pero les da igual. Antes llevaba fotos de los miembros de los grupos colgando del móvil, y en Argentina una niña me preguntó si me gustaba Stray Kids. En Barcelona también me reconocieron los ‘bias’.

–Sin embargo, en conciertos se ha encontrado con gente adulta…

–Muchísima. Es un concepto erróneo pensar que el K-pop es de adolescentes. He conocido gente de 20, 30, 40, 50… Chicos hay menos, pero como en casi todo.

–¿Qué le llama más: la música, la performance, la estética o la narrativa detrás de cada grupo?

–Claramente, la narrativa. Por ejemplo, Stray Kids en ‘Social Path’ habla de salud mental. Las letras suelen tener mensajes de superación: «No rendirse», «ámate a ti mismo», etc. BTS incluso habló en Naciones Unidas. Me gusta el trasfondo y que muchos hacen cosas solidarias. También cómo bailan y cantan. Son artistas muy completos. En los conciertos a veces ponen al público a bailar y yo solo pienso «que no me enfoquen», porque aunque me encanta bailar, es dificilísimo.

–¿Cómo es el fandom?

–Cada grupo tiene el suyo. Sigo a tres: BTS, su fandom es ARMY; Stray Kids con Stay; ATEEZ, con Atiny, y la banda de pop-rock The Rose, con el fandom Black Roses.

–¿A qué grupo le gustaría ver en concierto próximamente?

–En 2026 tengo que ver sí o sí a BTS. No les he visto nunca y fueron los primeros que seguí. Se rumorea que vendrán a Barcelona o Madrid.

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