Domingo, 28 de diciembre 2025, 00:03
| Actualizado 16:57h.
Corea del Sur lleva años exportando ídolos con la precisión con la que otros países exportan coches o vino. Lo llaman K-pop, pero para entenderlo conviene dejar a un lado la idea de fenómeno espontáneo: aquí no hay azar, sino una maquinaria afinada durante décadas y una legión de seguidores que ya trasciende edades e incluso fronteras. Una industria cultural que trabaja con la minuciosidad de un relojero suizo y que ha convertido la música en un producto global con estética, narrativa y público propios.
El fenómeno se presentó al mundo como si hubiese nacido en redes sociales, pero en realidad se parece más a una industria pesada: solo que en vez de acero, fabrica seguidores capaces de transformar un videoclip en un acontecimiento internacional en cuestión de horas.
Los grupos se forman en academias donde los aspirantes entrenan durante años, entre 3 y 10, antes de debutar. Cuando por fin lo hacen, los ‘idols’ muestran una sonrisa calibrada al milímetro y agendas imposibles, resultado de un sistema tan exigente como eficaz. El acabado es ‘impecable’, casi quirúrgico, que no deja lugar a la improvisación.
Híbrida y maximalismo sonoro
Musicalmente, es un género híbrido por definición. No responde a un sonido único, sino a una fórmula que mezcla pop occidental, R&B, hip-hop, electrónica y, en ocasiones, elementos del folclore coreano, a los que se incorpora una base más rápida, un idioma distinto y unas coreografías marcadísimas. La estructura es rápida, cambiante y casi fragmentada: un tema puede saltar de un rap abrupto a un estribillo melódico y, de ahí, a un puente electrónico que parece pertenecer a otra canción. La mezcla, lejos de resultar caótica, está diseñada para mantener la atención y ofrecer una sensación de constante sorpresa. Las voces se trabajan con precisión —armonías densas, coros pulidos, estribillos pegadizos— y la producción apuesta por capas sonoras muy limpias. El resultado es un pop expansivo y maximalista.

Su ritmo, rap y coreografías urbanas tienen peso en el k-pop.
Frases pegajosas, melodías brillantes y estructuras verso-coros.

Haz click para escuchar “Muddy Water” de Stray Kids, una canción con gran influencia del hip-hop.

“Butter” de BTS es un uen ejemplo de una canción K-pop muy teñida por el pop tradicional.
Melodías suaves, voces emotivas y ritmos neo-soul.
Ritmos programados, texturas sintéticas y efectos de elevación y caída que amplifican la intensidad de los estribillos.

“Hurt” de New Jeans se caracteriza como R&B por su melodía simple, voces suaves y una sensación casi a capella.

“DDU-DU DDU-DU” de Black Pink presenta una electrónica potente con una producción basada en sintetizadores.
A veces se incorporan ritmos percusivos o instrumentos ancestrales para darle identidad nacional a este género global.

La introducción de “Pink Venom” presenta un motivo tocado en gayageum, un instrumento tradicional coreano.

Su ritmo, rap y coreografías urbanas tienen peso en el K-pop.

Haz click para escuchar “Muddy Water” de Stray Kids, una canción con gran influencia del hip-hop.
Frases pegajosas, melodías brillantes y estructuras verso-coros.

“Butter” de BTS es un uen ejemplo de una canción K-pop muy teñida por el pop tradicional.
Melodías suaves, voces emotivas y ritmos neo-soul.

“Hurt” de New Jeans se caracteriza como R&B por su melodía simple, voces suaves y una sensación casi a capella.
Ritmos programados, texturas sintéticas y efectos de elevación y caída que amplifican la intensidad de los estribillos.

“DDU-DU DDU-DU” de Black Pink presenta una electrónica potente con una producción basada en sintetizadores.
A veces se incorporan ritmos percusivos o instrumentos ancestrales para darle identidad nacional a este género global.

La introducción de “Pink Venom” presenta un motivo tocado en gayageum, un instrumento tradicional coreano.

Su ritmo, rap y coreografías urbanas tienen peso en el K-pop.
Su ritmo, rap y coreografías urbanas tienen peso en el K-pop.


Haz click para escuchar “Muddy Water” de Stray Kids, una canción con gran influencia del hip-hop.
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Frases pegajosas, melodías brillantes y estructuras verso-coros.

“Butter” de BTS es un uen ejemplo de una canción K-pop muy teñida por el pop tradicional.
Melodías suaves, voces emotivas y ritmos neo-soul.

“Hurt” de New Jeans se caracteriza como R&B por su melodía simple, voces suaves y una sensación casi a capella.
Ritmos programados, texturas sintéticas y efectos de elevación y caída que amplifican la intensidad de los estribillos.

“DDU-DU DDU-DU” de Black Pink presenta una electrónica potente con una producción basada en sintetizadores.
A veces se incorporan ritmos percusivos o instrumentos ancestrales para darle identidad nacional a este género global.

La introducción de “Pink Venom” presenta un motivo tocado en gayageum, un instrumento tradicional coreano.

Su ritmo, rap y coreografías urbanas tienen peso en el K-pop.

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Frases pegajosas, melodías brillantes y estructuras verso-coros.

“Butter” de BTS es un uen ejemplo de una canción K-pop muy teñida por el pop tradicional.
Melodías suaves, voces emotivas y ritmos neo-soul.

“Hurt” de New Jeans se caracteriza como R&B por su melodía simple, voces suaves y una sensación casi a capella.
Ritmos programados, texturas sintéticas y efectos de elevación y caída que amplifican la intensidad de los estribillos.

“DDU-DU DDU-DU” de Black Pink presenta una electrónica potente con una producción basada en sintetizadores.
A veces se incorporan ritmos percusivos o instrumentos ancestrales para darle identidad nacional a este género global.

La introducción de “Pink Venom” presenta un motivo tocado en gayageum, un instrumento tradicional coreano.
Aunque el envoltorio sea futurista, el K-pop funciona gracias a una emoción antigua como es el sentido de comunidad. El público no solo acompaña al artista, sino que participa ejecutando un ritual compartido, iluminando estadios con palos de luz (lightsticks), levantando carteles perfectamente sincronizados y reproduciendo coreografías memorizadas.
El fenómeno aterrizó tímidamente en España y luego arrasó como si alguien hubiera activado un interruptor. Empezó a tomar forma hace más de una década. La irrupción se disparó en 2012, cuando el éxito global de PSY y su ‘Gangnam Style’ convirtió al K-pop en un fenómeno viral incluso fuera de Asia. A partir de ahí, la popularidad creció constante con conciertos, clubs de fans, fiestas temáticas y talleres de baile específicos. El siguiente salto llegó en 2018, cuando Blackpink inauguró su primera gira mundial e irrumpió con fuerza en el país.

Mezcla de géneros y estructuras inesperadas dentro de un mismo tema.
Coros “Oh-way-oh” con acordes amplios.
“I got a boy” con armonías vocales en
base electrónica.
Rap funky y cortado con ritmo hip-hop.



HAZ CLICK EN LOS ÍCONOS PARA ESCUCHAR
Voces, coreografías y videoclips trabajados al detalle.
El videoclip de “Dynamite” de BTS muestra coreografías intensas y sincronizadas a la perfección.
“How you like that” de Blackpink es una producción hiper elaborada con muchos cambios de escenario.
Los fans participan activamente en conciertos, redes y rituales colectivos.
PSY y su fandom durante un concierto en Seúl.
Grupos, canciones y contenidos diseñados para audiencias internacionales.
Cada comeback es un evento con teasers, estrenos y performances sincronizados.
Fotograma del teaser de “ASAP” del grupo NewJeans.

Mezcla de géneros y estructuras inesperadas dentro de un mismo tema.
Rap funky y cortado con ritmo hip-hop.
Coros “Oh-way-oh” con acordes amplios.


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Voces, coreografías y videoclips trabajados al detalle.
El videoclip de “Dynamite” de BTS muestra coreografías intensas y sincronizadas a la perfección.
Los fans participan activamente en conciertos, redes y rituales colectivos.
PSY y su fandom durante un concierto en Seúl.
Grupos, canciones y contenidos diseñados para audiencias internacionales.
Cada comeback es un evento con teasers, estrenos y performances sincronizados.
Fotograma del teaser de “ASAP” del grupo NewJeans.

Mezcla de géneros y estructuras inesperadas dentro de un mismo tema.
Rap funky y cortado con ritmo hip-hop.

Coros “Oh-way-oh” con acordes amplios.

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Voces, coreografías y videoclips trabajados al detalle.
El videoclip de “Dynamite” de BTS muestra coreografías intensas y sincronizadas a la perfección.
Los fans participan activamente en conciertos, redes y rituales colectivos.
PSY y su fandom durante un concierto en Seúl.
Grupos, canciones y contenidos diseñados para audiencias internacionales.
Cada comeback es un evento con teasers, estrenos y performances sincronizados.

Mezcla de géneros y estructuras inesperadas dentro de un mismo tema.
Rap funky y cortado con ritmo hip-hop.
Coros “Oh-way-oh” con acordes amplios.
“I got a boy” con armonías vocales en
base electrónica.



HAZ CLICK EN LOS ÍCONOS PARA ESCUCHAR
Voces, coreografías y videoclips trabajados al detalle.
Coreografías intensas y sincronizadas a la perfección.
El videoclip de “Dynamite” de BTS acumula más de 2.000 millones de reproducciones en Youtube.
Producciones elaboradas con muchos cambios de escenario.
“How you like that” de Blackpink fue una de las canciones más virales 2020.
Los fans participan activamente en conciertos, redes y rituales colectivos.
PSY y su fandom durante un concierto en Seúl.
Cada comeback es un evento con teasers, estrenos y performances sincronizados.
Grupos, canciones y contenidos diseñados para audiencias internacionales.
Fotograma del teaser de “ASAP” del grupo NewJeans.
Los adolescentes —su principal público— encontraron en el K-pop algo que la música local hacía tiempo que no les ofrecía: una sensación de pertenencia global, la impresión de formar parte de una conversación que se está dando en todas partes a la vez. El idioma deja de ser una barrera y se convierte en parte del encanto: no hace falta entender coreano para reconocer la subida del estribillo, ni descifrar la letra para sentirse dentro de una comunidad que reacciona unida ante cada comeback, cada challenge o cada directo en redes. Para muchos jóvenes, el K-pop no es solo una música, sino un lugar al que ir. Mientras tanto, los adultos observan el fenómeno con la mezcla habitual de fascinación y desorientación, como si intentaran descifrar un código cultural que se les escapa, aunque el ruido que genera es imposible de ignorar.
Tecnicismos del fandom
La jerga del género y de su fandom o comunidad también forma parte del fenómeno. Los palos de luz se conocen como ‘lightsticks’, pero muchos fans los llaman ‘bongs’, del término coreano. El ‘comeback’, por su parte, no significa aquí vuelta tras un parón, sino cada nuevo lanzamiento, aunque el grupo haya sacado un single hace apenas dos meses: un ritual milimetrado de ‘teasers’ diarios, fotos conceptuales, ‘countdowns’ y estrenos de videoclips. Los ‘trainees’ son los aprendices que pasan años entrenando antes de debutar, una figura clave del sistema y casi un género narrativo en sí mismos. Y en el universo emocional del fandom aparecen términos como ‘bias’ —tu miembro favorito de un grupo— y ‘bias wrecker’, ese integrante que amenaza con destronar al favorito.
También ayuda a entender el fenómeno la manera en que la propia industria se ordena por generaciones, una especie de cronología interna que marca cambios estéticos, tecnológicos y de consumo. La segunda generación, con grupos como SNSD o BIGBANG, llevó el K-pop más allá de Corea y asentó sus códigos visuales. La tercera, encabezada por BTS o Blackpink, lo convirtió en un producto planetario capaz de liderar listas occidentales. La cuarta generación —Stray Kids, TXT, Aespa— consolidó la era del streaming y de las coreografías virales, y la quinta, con nombres como NewJeans, ILLIT o ZeroBaseOne, ya crece directamente en un ecosistema global donde un debut puede acumular millones de reproducciones en cuestión de horas. Cada generación no sustituye a la anterior: la expande, y explica por qué el K-pop funciona más como un relevo continuo que como una moda pasajera.

Tu miembro favorito de un grupo.
No significa “vuelta tras un parón”, sino cada lanzamiento nuevo, aunque el grupo haya sacado música hace apenas dos meses. Es un ritual milimetrado: teasers diarios, fotos conceptuales, countdowns, estreno del
videoclip…
Los aspirantes que entrenan durante años antes de debutar. Son una figura
clave del sistema y casi un género narrativo en sí mismos: cada historia de
trainee es parte del mito que construye la industria.
El integrante que amenaza con destronar a tu favorito.Estos términos reflejan la intensidad de la relación emocional entre fandom e idols.
En K-pop, el videoclip no es solo acompañamiento musical: estética, narrativa, coreografía y presupuesto son pilares del producto, y cada MV
se concibe como un estreno cinematográfico.
Palos de luz oficiales de cada grupo, que los fans llevan a conciertos yeventos. Son un símbolo identitario: desde el “ARMY Bomb” de BTS hasta el “Carat Bong” de Seventeen, pasando por el “Candy Bong” de TWICE o el “Hammer Bong” de Blackpink. No solo iluminan el estadio: representan pertenencia y sincronía del fandom.
Eventos donde los fans interactúan directamente con los idols, firmando
discos o conversando brevemente. Explican por qué el vínculo artista-fan es
tan intenso y participativo.
El K-pop se organiza en generaciones, que marcan cambios estéticos, tecnológicos y de consumo.
Primera internacionalización y
“lightsticks”oficiales, representada por SNSD y BIGBANG.
Consagración global y “lighsticks” icónicos: Blackpink y BTS.
Era del streaming y de las coreografías virales: Stray Kids, TXT, Aespa.
Nacidos para un ecosistema global, debuts con millones de reproducciones inmediatas: NewJeans, ILLIT, ZeroBaseOne.

No significa “vuelta tras un parón”, sino cada lanzamiento nuevo, aunque el grupo haya sacado música hace apenas dos meses. Es un ritual milimetrado: teasers diarios, fotos conceptuales, countdowns, estreno del
videoclip…
Los aspirantes que entrenan durante años antes de debutar. Son una figura
clave del sistema y casi un género narrativo en sí mismos: cada historia de
trainee es parte del mito que construye la industria.
Tu miembro favorito de un grupo.
El integrante que amenaza con destronar a tu favorito.Estos términos reflejan la intensidad de la relación emocional entre fandom e idols.
En K-pop, el videoclip no es solo acompañamiento musical: estética, narrativa, coreografía y presupuesto son pilares del producto, y cada MV
se concibe como un estreno cinematográfico.
Palos de luz oficiales de cada grupo, que los fans llevan a conciertos yeventos. Son un símbolo identitario: desde el “ARMY Bomb” de BTS hasta el “Carat Bong” de Seventeen, pasando por el “Candy Bong” de TWICE o el “Hammer Bong” de Blackpink. No solo iluminan el estadio: representan pertenencia y sincronía del fandom.
Eventos donde los fans interactúan directamente con los idols, firmando
discos o conversando brevemente. Explican por qué el vínculo artista-fan es
tan intenso y participativo.
El K-pop se organiza en generaciones, que marcan cambios estéticos, tecnológicos y de consumo.
Primera internacionalización y
“lightsticks”oficiales, representada por SNSD y BIGBANG.
Consagración global y “lighsticks” icónicos: Blackpink y BTS.
Nacidos para un ecosistema global, debuts con millones de reproducciones inmediatas: NewJeans, ILLIT, ZeroBaseOne.
Era del streaming y de las coreografías virales: Stray Kids, TXT, Aespa.

No significa “vuelta tras un parón”, sino cada lanzamiento nuevo, aunque el grupo haya sacado música hace apenas dos meses. Es un ritual milimetrado: teasers diarios, fotos conceptuales, countdowns, estreno del
videoclip…
Los aspirantes que entrenan durante años antes de debutar. Son una figura
clave del sistema y casi un género narrativo en sí mismos: cada historia de
trainee es parte del mito que construye la industria.
Tu miembro favorito de un grupo.
El integrante que amenaza con destronar a tu favorito.Estos términos reflejan la intensidad de la relación emocional entre fandom e idols.
En K-pop, el videoclip no es solo acompañamiento musical: estética, narrativa, coreografía y presupuesto son pilares del producto, y cada MV
se concibe como un estreno cinematográfico.
Palos de luz oficiales de cada grupo, que los fans llevan a conciertos yeventos. Son un símbolo identitario: desde el “ARMY Bomb” de BTS hasta el “Carat Bong” de Seventeen, pasando por el “Candy Bong” de TWICE o el “Hammer Bong” de Blackpink. No solo iluminan el estadio: representan pertenencia y sincronía del fandom.
Eventos donde los fans interactúan directamente con los idols, firmando
discos o conversando brevemente. Explican por qué el vínculo artista-fan es
tan intenso y participativo.
El K-pop se organiza en generaciones, que marcan cambios estéticos, tecnológicos y de consumo.
Primera internacionalización y
“lightsticks”oficiales, representada por SNSD y BIGBANG.
Consagración global y “lighsticks” icónicos: Blackpink y BTS.
Era del streaming y de las coreografías virales: Stray Kids, TXT, Aespa.
Nacidos para un ecosistema global, debuts con millones de reproducciones inmediatas: NewJeans, ILLIT, ZeroBaseOne.

No significa “vuelta tras un parón”, sino cada lanzamiento nuevo, aunque el grupo haya sacado música hace apenas dos meses. Es un ritual milimetrado: teasers diarios, fotos conceptuales, countdowns, estreno del
videoclip…
Los aspirantes que entrenan durante años antes de debutar. Son una figura
clave del sistema y casi un género narrativo en sí mismos: cada historia de
trainee es parte del mito que construye la industria.
Tu miembro favorito de un grupo.
El integrante que amenaza con destronar a tu favorito.Estos términos reflejan la intensidad de la relación emocional entre fandom e idols.
En K-pop, el videoclip no es solo acompañamiento musical: estética, narrativa, coreografía y presupuesto son pilares del producto, y cada MV
se concibe como un estreno cinematográfico.
Palos de luz oficiales de cada grupo, que los fans llevan a conciertos yeventos. Son un símbolo identitario: desde el “ARMY Bomb” de BTS hasta el “Carat Bong” de Seventeen, pasando por el “Candy Bong” de TWICE o el “Hammer Bong” de Blackpink. No solo iluminan el estadio: representan pertenencia y sincronía del fandom.
Eventos donde los fans interactúan directamente con los idols, firmando
discos o conversando brevemente. Explican por qué el vínculo artista-fan es
tan intenso y participativo.
El K-pop se organiza en generaciones, que marcan cambios estéticos, tecnológicos y de consumo.
Primera internacionalización y
“lightsticks”oficiales, representada por SNSD y BIGBANG.
Consagración global y “lighsticks” icónicos: Blackpink y BTS.
Era del streaming y de las coreografías virales: Stray Kids, TXT, Aespa.
Nacidos para un ecosistema global, debuts con millones de reproducciones inmediatas: NewJeans, ILLIT, ZeroBaseOne.
Durante años, el temor era que fuese una moda más condenada al baúl de lo efímero. Pero la evolución del propio género ha demostrado justo lo contrario; los nuevos grupos ya no dependen únicamente de perfiles coreanos, y esa apertura es reveladora: el objetivo dejó de ser gustar en casa hace tiempo. El K-pop ahora no busca conquistar un mercado y su vocación expansiva explica la capacidad para adaptarse —y dominar— nuevos formatos.
La clave del éxito está en que el K-pop ha devuelto a la música algo que la industria occidental parecía haber olvidado: la épica del espectáculo total. Los conciertos funcionan como estrenos de ciencia ficción, y el despliegue visual —de escenografía, de imagen, de videoclips— opera a una escala que desborda lo estrictamente musical. El K-pop se concibe como experiencia, no solo como sonido. Pero lo cierto es que además de música, ya conquista animación, series, videojuegos y moda. Ha impulsado la popularidad del idioma coreano y la cultura surcoreana globalmente (K-Beauty, K-Food, K-Drama).
El género, que comenzó como una apuesta arriesgada, es hoy una fuerza cultural global capaz de colonizar cualquier formato que se le ponga por delante. Este año ha dado incluso el salto institucional: compite en los Grammy. La mejor prueba es KPop Demon Hunters, el fenómeno animado de la plataforma Netflix que ha conseguido cuatro nominaciones, incluida Canción del año para ‘Golden’, de la banda ficticia Huntr/x. Es la primera vez que un grupo femenino de K-pop —real o imaginario— entra en una categoría principal de los premios. La película acumula 236 millones de visualizaciones, su tema principal ha liderado la Billboard Global 200 con más de 113 millones de reproducciones, y ‘Golden’ ha superado los 100 millones de escuchas semanales.
HYBE, la productora surcoreana detrás de grupos como BTS, TXT o Seventeen, lleva tiempo ensanchando fronteras: el año pasado lanzó en Estados Unidos al grupo femenino Katseye y ahora ya cuenta con la primera boy band latina creada con la metodología K-pop.
Por de pronto, el 21 de junio, el Kursaal acogerá el concierto ‘Idols-La revolución K-pop ‘Las guerreras del ritmo’ con las voces en directo de siete idols y un espectáculo que promete una «revolución escénica».
Mientras en Manchester la lluvia sigue cayendo sobre los viejos templos del britpop, en Seúl un grupo ensaya otra coreografía destinada a acumular cien millones de reproducciones. En el fondo, la música siempre ha sido una cuestión de fe. Solo que ahora, millones de fieles rezan en coreano.
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