El 2025 ha dejado tras de sí potentes titulares. Uno de ellos fue la ruptura de Kiko Rivera e Irene Rosales el pasado mes de agosto, después de pasar unas últimas vacaciones en familia. Entendieron que su matrimonio no daba más de sí, que la convivencia se había tornado fría y desinteresada y que tan solo emprendiendo caminos por separado podrían ser felices. Quisieron darse esa oportunidad de volver a amar en brazos ajenos, después de 11 años de matrimonio. La primera en dar el salto fue la influencer, quien se enamoró perdidamente de Guillermo, el joven que lleva cinco años en su vida como amigo y días después de su divorcio, ya como novio oficial.

A la vez, Kiko Rivera trata de reconstruir su vida. También está probando suerte en el amor y se ha dejado ver ya con alguna joven de compras y pasando largas tardes en su casa. Pero también trata de recuperar vínculos en su familia. No con su madre, Isabel Pantoja, a quien da por perdida. Pero sí ha tratado de forzar un acercamiento con su hermana Isa o incluso con su tío Antonio. Pero lo más inesperado llega con la última portada del kiosco rosa del 2025. Concretamente la de ‘Diez Minutos’, que lleva en su primera plana un abrazo que nadie podría imaginar. Uno entre Kiko Rivera y Guillermo. El pasado y el presente de Irene Rosales.

El inesperado abrazo de Kiko Rivera y Guillermo

Nada hacía presagiar la imagen que ha aparecido en la tarde de este lunes. Una instantánea que verá la luz este martes en el kiosco rosa desde la portada de ‘Diez Minutos’, pero que se ha mostrado antes desde el programa ‘El tiempo justo’. Todos en plató se han quedado en shock. Todos menos Alexia Rivas, que ve normal la escena porque “Kiko Rivera ya había dicho que no siente nada por Irene Rosales, que dormían por separado, ¿qué te importa que esté en brazos con otro hombre?”.

Kiko Rivera e Irene Rosales en una imagen de archivo Kiko Rivera e Irene Rosales en una imagen de archivo Gtres

Aun así, al resto sigue pareciéndole la imagen obra de la Inteligencia Artificial, pues nada hacía esperar que tan inusual estampa pudiese producirse tan solo cuatro meses de que su matrimonio se fuese al traste. Se trataba de un cumpleaños y todos acudieron a la cita, el Dj dispuesto a recoger a sus hijas para pasar un tiempo junto a ellas. Allí se encontró con su exmujer, que estaba acompañada de su nueva pareja. No solo tuvo un trato afable con la madre de sus niñas, demostrando que el cariño prevalece al rencor. Pero también parece extensible este buen rollito a Guillermo, con el que terminó abrazándose en la despedida.

Desde la citada revista se alegran de que Kiko Rivera esté siendo consecuente con sus decisiones. Hablan de su renovada madurez. De ese talante que ha demostrado a la hora de separar su camino del de Irene Rosales sin necesidad de hacer sangre, buscar culpables y repartir responsabilidades entre un amargo cruce de acusaciones. Han optado por una tregua de no agresión pública y lavar sus trapos sucios en privado. Al menos sí aquellos que tienen como principal objetivo facilitar la vida de sus hijas y ayudar a que transiten esta nueva situación de la mejor forma. Para ello, dan normalidad a la inclusión de Guillermo en la familia con un gesto que deja entrever que, por encima de todo, los adultos velan por la felicidad de las niñas y eso pasa por aparcar el ego y tragarse muchas veces lo que uno piensa y sienta.