Hay quien por las mañanas no es persona hasta que se toma su café. Otros, por el contrario, si lo prueban notan cómo se aceleran sus pulsaciones al momento. Y también están los que afirman despreocupados que pueden tomarse un café bien cargado a las 8 de la tarde y dormir después como un bebé. De la variedad de efectos que produce el mismo alimento en las personas que lo consumen, podría deducirse que la cafeína es un elemento placebo. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que efectivamente la forma en la que afecta el café depende de cada persona y que este abanico depende de la genética.

Universidades de Estados Unidos, Canadá o la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición llevan años estudiando a qué se debe el diferente comportamiento de la cafeína y cómo afecta ésta a nuestro organismo en general. Todos ellos identifican al metabolismo de cada persona y a un gen muy concreto como los responsables de que la cafeína afecte de manera diferente a las personas.

Todos tenemos el gen CYP1A2, un gen que controla la producción de la enzima que descompone la cafeína. La diferencia está en el número de copias que tengas de este gen y su variante. Según un estudio elaborado por el profesor Ahmed El-Sohemy, de Ciencias de la Nutrición en la Universidad de Toronto, cerca de un 50% de personas cuentan con dos copias de una variante de este gen que metaboliza la cafeína rápidamente. Al estar menos tiempo en su cuerpo el efecto estimulante es menos intenso y dura menos. Un 40% posee una combinación de copias de este gen: una rápida y una lenta. Y el 10% metabolizan la cafeína muy lentamente siendo este porcentaje al que más afectan los efectos de la cafeína.

Además de este gen, hay otros factores que intervienen en los efectos que nos produce la cafeína. La adenosina, por ejemplo, es una sustancia que segrega el cerebro y es la causante de provocarnos somnolencia y ralentizar la actividad nerviosa. La cafeína es capaz de sustituir a la adenosina, pero dependiendo del grado en el que lo haga puede hacer que simplemente nos sintamos más despiertos o que suframos algunos efectos secundarios no deseados como la ansiedad, taquicardia o nerviosismo.

También se ha estudiado qué factores determinan si te gusta o detestas el sabor amargo del café, aunque los resultados, debido a la gran variedad de cafés que hay y a que su amargura solo se encuentra en la cafeína en un 15%, no ha sido concluyente, “la cafeína podría afectar a las vías sensoriales de algunas personas de formas que todavía no llegamos a entender”, ha expicado la investigadora Danielle Reed, del Monell Center de Filadelfia.

Por otra parte, un consumo habitual de cafeína hace que el organismo se acostumbre a sus efectos y que el nivel de tolerancia se vea afectado por lo que las personas que beban café todos los días probablemente necesitarán aumentar la dosis de cafeína para percibir los mismos efectos. Estas personas también notarán cambios si dejan de tomar café radicalmente, el más frecuente, según un estudio realizado por la web Medical Daily, es el dolor de cabeza.

Como vemos, una vez más, la genética es responsable de casi todo, incluso de la manera en la que nos afecta la cafeína.