Novak Djokovic fue uno de los grandes protagonistas del World Sports Summit 2025 celebrado en Dubái. El serbio dibujó su carrera como un viaje de crecimiento personal sostenido por tres pilares —dedicación, pasión y amor por el tenis— y rematado por una obsesión casi cotidiana: mejorar, incluso cuando el cuerpo pide tregua.

Su relato arranca lejos del manual del “niño prodigio”. En su familia nadie jugaba al tenis y en su país el deporte no era tradición. Él podía haber sido esquiador, incluso futbolista, pero las pistas que construyeron delante del negocio familiar le cambiaron el guion. No lo llama casualidad: lo llama destino. Y, sobre todo, lo enmarca en un contexto que endurece el carácter: un país golpeado, pocos recursos (su padre tuvo que pedir dinero prestado a delincuentes), viajes imposibles, juniors que no pudo jugar. «Los retos te fortalecen«, viene a decir.

Y ahí aparece el que siempre fue su gran sueño en el mundo del tenis: ganar Wimbledon, el sueño que se le clavó viendo a Pete Sampras levantar el trofeo en 1992. Años después lo cumpliría al ganar su primer Wimbledon en 2011, el punto de inflexión de una ambición ya sin freno.

Novak Djokovic sostiene su trofeo de campeón tras ganar a Rafael Nadal en la final de Wimbledon 2011

Novak Djokovic sostiene su trofeo de campeón tras ganar a Rafael Nadal en la final de Wimbledon 2011 / EFE

Y ahí llegó la frase más reveladora revelador de toda la charla, el que explica su carácter competitivo y también su relación con el entorno. Djokovic fue transparente sobre lo que significó abrirse paso cuando el tenis tenía dos dueños: Federer y Nadal. Admitió que, en su irrupción, sintió que “no había espacio” para un tercero y que, durante un tiempo, intentó ser “otra persona para fabricarme el sitio”, encajar, caer mejor, ser aceptado.

Djokovic, Federer y Nadal, juntos en 2024

Djokovic, Federer y Nadal, juntos en 2024 / AP

Pero el corazón de su intervención fue mental. Djokovic explicó que salir de la zona de confort no es una frase motivacional: es un entorno que se fabrica. «Si todo te lo dan hecho, te acomodas. Si te obligan a resolver, creces», afirmó.

Por eso reivindicó las derrotas como espejo: «Cuando pierdo, necesito estar solo y reflexionar sobre cómo mejorar«. No para castigarse, sino para entenderse. Al día siguiente, insiste, toca volver: “nueva oportunidad de ser una mejor versión”.

El día que Djokovic se rompió por dentro… en Wimbledon y contra Alcaraz

Hubo un momento especialmente humano cuando recordó una derrota en Wimbledon, la del pasado año 2024 ante Carlos Alcaraz, que lo dejó emocionalmente expuesto. Ya como padre, confesó que una de sus motivaciones para seguir en la élite es que sus hijos sean lo bastante mayores para comprender lo que están viendo.

En aquel instante, tras la final que perdió ante el murciano, sintió que les había fallado. Luego llega la calma, pero la herida enseña: en la pérdida afloran miedos que normalmente se esconden.

Los Ángeles 2028 aparece como una estrella guía, pero no como fecha de caducidad. “Mientras el cuerpo aguante y siga amando golpear la pelota, ¿por qué no?”, finalizó.