Las noticias sobre su salud no habían sido las más esperanzadoras en las últimas semanas y finalmente Brigitte Bardot fallecía este domingo a los 91 años en su casa de La Madrague, en Saint-Tropez. Un adiós tan discreto como sus últimos meses de vida, aunque no pudo evitar que trascendieran los varios ingresos en el hospital, que hicieron saltar todas las alarmas. También la actriz tuvo que hacer un desmentido rotundo cuando el pasado octubre circularon rumores falsos sobre su muerte.

Fue el pasado 30 de noviembre cuando recibió el alta del centro Saint-Jean de Toulon, en el sudeste de Francia. Fueron varios días ingresada por motivos que nunca trascendieron. Sí se conocieron, en cambio, las razones que la llevaron al hospital solo unas semanas antes, cuando se sometió a una cirugía menor. Regresó sin contratiempos a su domicilio, donde permaneció «descansando y recuperándose lentamente».

Aunque no había motivos para la preocupación entonces, algunos medios franceses apuntaron entonces que se encontraba hospitalizada debido a una «enfermedad grave». Y no solo los portavoces de la Fundación Brigitte Bardot aseguraron que no había motivo para la preocupación, sino que la propia actriz tuvo que romper su hermetismo habitual para desmentir en sus redes sociales los rumores que incluso circularon sobre su muerte. «Estoy bien (…) no sé qué idiota empezó esta ‘noticia falsa’ sobre mi fallecimiento (…) no tengo intención de despedirme», escribió. 

Brigitte Bardot, en una imagen de archivo. (Reuters)

Desde entonces, no había hecho ninguna declaración pública, tampoco sobre el segundo ingreso en el hospital, tras el que su salud se resintió del todo. Recibió el alta el 30 de noviembre, pero según cuenta el francés ‘Paris Match’, permaneció postrada en la cama de su dormitorio, vigilada por un médico y una enfermera y rodeada de dispositivos clínicos.

Considerada todo un icono sexual, parece que fue presumida hasta el final. Los cuidadores de La Madrague, su refugio hasta sus últimos días, tenían prohibido entrar en el salón, desde donde se veía su habitación, convertida en las últimas semanas en un pequeño hospital temporal. La pista definitiva de que Bardot no era la misma era que no había pedido leña para la chimenea, que ardía siempre, independientemente de la estación del año, y que ella veía desde su cama.

Tampoco subió en los últimos meses al santuario de animales La Garrigue, donde iba cada tarde para alimentar a cerdos, cabras, ovejas y caballos. Confesaba también a una pareja de amigos íntimos que incluso estaba considerando instalarse definitivamente en La Garrigue. Se despidió de ellos llorando el verano pasado. se notaba cada vez más cansada y algo le decía que sería la última vez que los veía.

Brigitte Bardot, con su marido. (Gtres)

También el pasado octubre, desde su cama del hospital de San Juan de Tolón, pronunció estas desgarradoras palabras al periodista Steven Bellery: «Ojalá pudiera irme de aquí. Siento un cansancio y un asco inimaginables. La vida es un misterio; pronto lo sabré». Le esperaban entonces dos meses de idas y venidas a centros médicos, muchas veces oculta en el coche del alcalde del pueblo para no ser vista.

Y mientras, junto a ella, su esposo, Bernard d’Ormale, quien se convertiría en su cuarto marido -y definitivo- en 1992. Él mismo les dijo a sus amigos más cercanos a mediados de diciembre que la situación era complicada. Brigitte Bardot parecía mejorar ligeramente, pero les esperaba un largo camino. También, en los días más complicados, Bernard asumía el final y aseguraba que sería un milagro si su mujer llegaba a fin de año.

De quien apenas se ha sabido nada en estos últimos meses ha sido de su hijo, con el que, después de décadas de inexistente relación, había recuperado un ligero vínculo. Nicolas la hizo abuela y sus dos nietas, bisabuela, pero la actriz nunca fue familiar. Admitió en sus memorias que fue desgraciada tras tener a su hijo y que el embarazo había sido como «un tumor’.

Brigitte Bardot se desentendió de su único hijo durante años y, aunque recuperaron la relación gracias a su actual marido, solo se veían una vez al año, cuando él iba, con su familia, a visitarla en la casa de La Madrague, la misma en la que la actriz ha vivido -y sufrido- los últimos meses.

Las noticias sobre su salud no habían sido las más esperanzadoras en las últimas semanas y finalmente Brigitte Bardot fallecía este domingo a los 91 años en su casa de La Madrague, en Saint-Tropez. Un adiós tan discreto como sus últimos meses de vida, aunque no pudo evitar que trascendieran los varios ingresos en el hospital, que hicieron saltar todas las alarmas. También la actriz tuvo que hacer un desmentido rotundo cuando el pasado octubre circularon rumores falsos sobre su muerte.