Usted se crió en una aldea llamada Dorrón, ¿tenía algún referente cinematográfico de niño?
No, no, para nada. Yo no me he criado en un ambiente intelectual ni cultural, me he criado en un ambiente del día a día y eso a uno le da mucha humanidad porque sabes el valor del trabajo y entiendes la ausencia de una figura materna o paterna porque están trabajando sin parar. Creo que eso me ha dado una sensibilidad especial y me hace valorar más lo que tengo y voy consiguiendo. En mi casa no íbamos al cine. Imagínate que mi abuela Maruja fue al cine por primera vez en su vida, y tiene 82 años, hace una semana cuando hicimos un pase de Rondallas en Vigo.
¡Y encima a ver a su nieto!
Uf, me emociono mucho con esto (se le entrecorta la voz). Yo durante muchos años me he preguntado si todo esto merecía la pena, cuando me iba de su casa, cuando estaba en Milán o en Ibiza… Y te juro que el otro día en sus ojos vi que merecía la pena.
¿Qué te dijo ella después de ver la película?
Ella es la number one absoluta. Mi abuela me dijo: “Estás ben. Que cenaches?” (estás bien, ¿qué has cenado?”, en gallego) (risas) ¡Eso me encanta! Darle la importancia justa a lo que hacemos. Ella se preocupa más por lo que como, si he dormido bien. Me arraiga mucho a la tierra y a las cosas importantes. Aprendo muchísimo de ella en ese aspecto, me baja del cielo a la tierra.
¿Hay algo que ella le haya dicho que siempre lleva como consejo?
Ella siempre me dice que haga lo que me haga feliz y que siga a mi corazón. ¡Y eso que es una mujer ruda, eh! No es de expresar mucho sus emociones. Es una mujer del sur de Galicia, trabajadora en una fábrica, cuidaba la casa de los médicos, vive sola desde que se murió mi abuelo. Para mí es un ejemplo.
Cuando vuelve a su casa, ¿qué es lo que le gusta hacer con su abuela Maruja?
Lo que más: ¡comer huevos fritos con patatas con las manos! (risas).
¿Y le deja hacerlo?
Ella también lo hace conmigo mientras nadie nos ve (risas).
¿Pasará allí las navidades?
Sí, con ella y con mi tía Lisa, que para mí es como una hermana mayor. Ella tiene un poder de sacrificio brutal, trabaja en una panadería desde hace 20 años y es esa figura que a veces te dice lo que no quieres escuchar pero que necesitas escuchar. Estoy bien arropado allí.