Aitor Echevarría

Martes, 30 de diciembre 2025, 13:05

| Actualizado 13:30h.

El Surne Bilbao celebró este martes un entrenamiento a puertas abiertas en el Bilbao Arena de Miribilla, en una jornada con sabor familiar y llenado por la ilusión de los más pequeños. A pesar de coincidir con el macroentrenamiento del Athletic en San Mamés, que congregó a más de 30.000 personas, fueron muchos los aficionados que se acercaron a presenciar de cerca el trabajo del conjunto bilbaíno.

Desde antes de comenzar la sesión, el ambiente ya era especial. El público —mayoritariamente infantil— se agolpaba en uno de los laterales de las gradas, mientras que a pie de pista, en la zona habitualmente reservada a los VIP y patrocinadores, se situaban los niños del campus del club. La entrada de los jugadores fue recibida con entusiasmo. Choques de manos, sonrisas y miradas de admiración marcaron los primeros instantes de una mañana diferente.

La emoción se desbordó con la aparición de Armi, la mascota del equipo, auténtico imán para los más pequeños, que no dejaron de llamarle para hacerse fotos, chocar la mano o incluso bailar con él. Risas, gritos y un ambiente de fiesta acompañaron toda la sesión.

Ponsarnau tomó el mando

Nada más comenzar el entrenamiento, el técnico Jaume Ponsarnau tomó el micrófono para dirigirse a los asistentes. «Estamos muy contentos de que vengáis a vernos. Hoy veréis cómo es un entrenamiento nuestro. Espero que lo paséis bien», dijo el entrenador, arrancando un sonoro aplauso de la grada.

Sobre la pista estuvieron prácticamente todos los jugadores de la plantilla. La única ausencia en la dinámica grupal fue la de Amar Sylla, lesionado, aunque sí estuvo presente y recibió una cariñosa ovación del público. En su lugar entrenó Zecevic.

A medida que avanzaba la sesión, Ponsarnau fue explicando los ejercicios a los aficionados, demostrando una vez más su cercanía y comodidad en este tipo de actos. El entrenamiento transcurrió con normalidad bajo la supervisión del cuerpo técnico, aunque hubo momentos que levantaron a la grada, como el triple sobre la bocina de Aleix Font al final de uno de los ejercicios.

Detrás de una de las canastas, el club había habilitado una pequeña pista para que los niños jugaran, y más allá, varias mesas con pósteres preparados para la posterior firma de autógrafos. Durante el entrenamiento, los jugadores se comunicaban mayoritariamente en inglés, mientras en la grada se podían ver carteles en ese idioma y hasta una bandera de Noruega dedicada a Harald Frey.

No faltó el humor. «No somos muy buenos en el tiro libre, pero seguimos mejorando», bromeó Ponsarnau antes de uno de los ejercicios, provocando las risas del público. Más adelante, llegó «su momento favorito como entrenador»: los castigos por fallar tiros libres, una serie de sprints que hicieron sudar a más de uno. Hlinason fue quien tuvo que completar un esfuerzo extra.

La competición de triples puso el broche al entrenamiento. Tras una eliminación progresiva, Frey y Krampelj llegaron a la final, que acabó llevándose el jugador noruego. Frey celebró la victoria levantando los brazos y haciendo reverencias ante una grada entregada. Antes de retirarse, toda la plantilla se reunió en el centro de la pista para la charla final. Ponsarnau volvió a dirigirse al público: «Nos lo hemos pasado muy bien. Gracias por estar aquí», dijo señalándose el corazón.

Tras el entrenamiento, los jugadores se acercaron a las mesas para firmar autógrafos, sacarse fotos y charlar tranquilamente con los aficionados, especialmente con los más jóvenes. Una despedida perfecta para una jornada que una auténtica celebración del sentimiento Surne Bilbao.

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