La voz de los vigueses se cuela en las televisiones de toda España. Hace una semana y media, Antía Pinal enorgulleció a la ciudad tras ganar el programa ‘La Voz’, y este lunes, otro veinteañero, el hispanovenezolano Jorge Enrique Pazó Silva, resonó en los hogares nacionales con una aclamada actuación de ópera en el espacio televisivo ‘Aria’, de TVE. «La canción ‘Berghain’ de Rosalía ha puesto la ópera más de moda, también entre los jóvenes», relata a FARO con su potente entonación de bajo y una madurez a la altura de su talento.

Pazó levantó en aplausos al público de la segunda gala del ‘talent show’ ‘Aria’ —grabado en Barcelona y emitido este lunes en La 1—, en el que mostraron sus dotes un conjunto de artistas de ópera y lírica. Con todo, el vigués acabó siendo eliminado por ser «demasiado joven», una crítica que acepta humildemente: «Fue una experiencia maravillosa y el jurado tenía toda la razón, me falta todavía mucha técnica, es un consejo que voy a seguir». Tras el programa, recibió una multitud de mensajes a través de redes sociales que le subieron el ánimo.

El joven, de 20 años, comenzó a descubrir su don en la Coral Casablanca, a la que llegó gracias a su padre, pues conocía al presidente; ambos vieron en él un caso único. Se inició paralelamente en el estudio de canto y desde entonces ha centrado su vida en su pasión. El pasado curso ingresó en el Conservatorio Superior de Música de Vigo, y, al mismo tiempo, estudia la carrera de Física por la UNED. Por si fuera poco, los fines de semana trabaja de camarero en la coctelería Varadero para poder costearse su formación.

Su objetivo ahora es vivir del arte, aunque admite que es complicado, sobre todo en Galicia. «Fíjate que en Vigo tan solo hay dos óperas al año», señala. Al hilo, arroja el guante al Teatro Cine Fraga, en vías de rehabilitación: «Ojalá acoja una ópera porque dicen que tiene muy buena acústica». Para cumplir su sueño deberá salir de Galicia, quizás «a Madrid o a Barcelona», o ya incluso «a Italia».

Pero si alguien sabe de dejar atrás un lugar amado es Pazó. A los 11 años, se subió a un avión con sus padres para buscar una vida mejor, especialmente para su progenitor, que sufre diabetes, una enfermedad que en el país latinoamericano supone todo un reto. «Tuvimos que emigrar por la falta de comida y medicinas, allí era muy tensa la situación, mis padres y yo hacíamos cada uno una cola para poder coger más de un alimento para casa», recuerda emocionado.

Curiosamente, su padre, que nació en Vigo, había cruzado el Atlántico con su familia también a los 11 años de edad, el camino inverso que décadas más tarde trazó su hijo.

Desde entonces, Jorge todavía no ha regresado a Venezuela ni ha vuelto a abrazar al resto de sus allegados, tampoco a sus queridos abuelos. «Siempre se les echa de menos, sobre todo en Navidad», añade. A día de hoy, su vida ha mudado por completo. Su debilidad desde pequeño es Raphael, aunque en su lista de canciones también suena «reguetón, tanto antiguo como nuevo» y, cómo no, corales y óperas. «Me paso todo el día cantando, desde ‘rock’ a una saeta, según el ánimo que tenga, y escucho también de todo», finaliza.

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