La búsqueda de la eficiencia energética y el confort térmico se ha convertido en una prioridad para miles de propietarios que deciden renovar sus viviendas. Una de las reformas más habituales consiste en sustituir las antiguas carpinterías por cristales dobles y perfiles de alta estanqueidad. Sin embargo, este gesto aparentemente beneficioso esconde un peligro que el arquitecto Jordi Marti ha puesto sobre la mesa: la falta de renovación de aire. Al convertir un hogar en un espacio totalmente hermético sin prever un sistema de ventilación adecuado, estamos creando un entorno potencialmente tóxico para sus habitantes.

Tradicionalmente, las viviendas antiguas contaban con una ventilación natural e involuntaria a través de las rendijas de las ventanas y puertas. Aunque esto suponía una pérdida de calor, garantizaba que el aire se renovase de forma constante. Al instalar cierres modernos, esa entrada de aire desaparece por completo, transformando la vivienda en lo que los técnicos denominan un búnker. Este fenómeno impide que los contaminantes generados en el interior salgan al exterior, afectando de manera directa a la salud respiratoria de la familia.

Los riesgos invisibles de la concentración de CO2 y humedad

El principal problema de una vivienda excesivamente sellada es la acumulación de dióxido de carbono (CO2). En dormitorios cerrados durante la noche, los niveles de este gas pueden dispararse, provocando que las personas despierten con dolor de cabeza, sensación de cansancio o falta de concentración. El aire viciado, cargado de partículas y compuestos orgánicos volátiles procedentes de muebles y productos de limpieza, se estanca al carecer de una vía de escape. Esta mala calidad del aire interior es la responsable de diversos cuadros alérgicos y problemas de fatiga crónica que muchas veces se atribuyen a otras causas.

Otro factor crítico es la aparición de humedad por condensación. Al respirar, cocinar o ducharnos, generamos vapor de agua que, en una casa antigua, se evacuaba por las infiltraciones naturales. Con las nuevas ventanas, ese exceso de humedad busca las zonas más frías de la pared, provocando la aparición de moho y hongos en rincones y techos. Las esporas de estos hongos son altamente perjudiciales y pueden derivar en asma o bronquitis persistentes. Resulta vital comprender que una ventana eficiente requiere, obligatoriamente, un plan de ventilación que acompañe su instalación.

La Ventilación Mecánica Controlada como solución definitiva

Evitar estos riesgos requiere un cambio de mentalidad en la planificación de las reformas. Los arquitectos recomiendan encarecidamente la instalación de sistemas de Ventilación Mecánica Controlada (VMC). Estos dispositivos garantizan que el aire se renueve de forma constante y automática, extrayendo el aire húmedo y viciado de baños y cocinas mientras introducen aire filtrado y limpio en salones y dormitorios. De esta manera, se mantiene la eficiencia energética sin sacrificar el bienestar físico de los residentes.

Existen opciones de flujo simple o doble flujo, siendo estas últimas las más avanzadas al incorporar un recuperador de calor. Este sistema permite que el aire que entra se atempere con el aire que sale, evitando que la casa se enfríe en invierno. Optar por soluciones de microventilación en los herrajes de las ventanas es una alternativa mínima, aunque en ocasiones resulta insuficiente si no existe una circulación forzada. La inversión en un sistema de aireación adecuado debe considerarse una parte inseparable del presupuesto de cualquier cambio de ventanas.

Consejos para una reforma saludable en 2026

Cualquier proyecto de rehabilitación debe priorizar la higiene ambiental por encima de la estética. Antes de proceder al cambio de carpinterías, conviene realizar un estudio de los puentes térmicos de la fachada para evitar que el aislamiento de la ventana desvíe la humedad hacia los muros. Resulta fundamental consultar con un profesional que evalúe si la vivienda necesita rejillas de aireación adicionales o si el sistema de climatización actual es capaz de gestionar la renovación necesaria.

La normativa vigente ya exige unos niveles mínimos de ventilación en obras nuevas, pero en las reformas de pisos antiguos suele quedar a elección del propietario. Elegir materiales de alta calidad y cristales bajo emisivos es una decisión inteligente, siempre que se combine con una estrategia de ventilación cruzada diaria. Abrir las ventanas durante diez minutos cada mañana sigue siendo una práctica saludable, aunque en casas muy aisladas esta acción puntual suele ser insuficiente para mantener los niveles de CO2 bajo control durante todo el día. La salud de nuestro sistema respiratorio depende, en gran medida, del aire que somos capaces de renovar dentro de nuestras propias paredes.