El ictus pediátrico es una realidad poco conocida, pero de enorme impacto clínico y social. Aunque la incidencia es mucho menor que en adultos —se estima entre 1,8 y 13 casos por cada 100.000 niños frente a los 150-200 por 100.000 en población adulta—, el ictus infantil se sitúa entre las diez primeras causas de mortalidad en la infancia. Según datos de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), más del 65% de los niños que sobreviven presentan déficits motores y/o cognitivos, lo que condiciona su desarrollo y su calidad de vida a largo plazo.
Uno de los principales retos sigue siendo el retraso en el diagnóstico. Desde la SENEP recuerdan que los accidentes cerebrovasculares también ocurren en la edad pediátrica, pero la falta de conciencia social y sanitaria, junto con la variabilidad de los síntomas, dificulta una actuación rápida. “En el ictus pediátrico también se cumple que ‘el tiempo es cerebro’”, subrayan los expertos, insistiendo en que el tratamiento precoz es clave para minimizar las secuelas y mejorar el pronóstico.
La Dra. María Vázquez, neuropediatra y coordinadora del Grupo de Trabajo de Ictus Pediátrico de la SENEP, explica que los signos de alarma en los niños mayores son muy similares a los de los adultos. “Los síntomas del ictus en los niños mayores son parecidos a los de los adultos: pérdida de fuerza, o bien alteración sensitiva en un lado del cuerpo, inestabilidad, pérdida de visión en una zona del campo visual, o bien disminución del nivel de conciencia”, detalla a ConSalud.es. Ante cualquiera de estos signos, insiste, es fundamental acudir de inmediato a urgencias.
“En niños pequeños, los síntomas a veces son distintos, son frecuentes las convulsiones de un lado del cuerpo”
Sin embargo, en los niños más pequeños la presentación clínica puede ser diferente, lo que complica aún más el reconocimiento precoz. “En niños pequeños, los síntomas a veces son distintos, son frecuentes las convulsiones de un lado del cuerpo”, señala la especialista. Esta forma de inicio puede llevar a confundir el ictus con otros procesos neurológicos, retrasando la realización de las pruebas necesarias y, con ello, el inicio del tratamiento.
EL PROCESO DIAGNÓSTICO, PRINCIPAL BARRERA
El retraso diagnóstico es, precisamente, uno de los grandes problemas identificados por la SENEP. Según la Dra. Vázquez, confluyen varios factores. “Por un lado, la falta de conocimiento de la población de la existencia de ictus en niños, esto lleva a que los padres y cuidadores no consulten con la urgencia necesaria ante algunos de estos síntomas”, explica. A ello se suma, en algunos casos, el desconocimiento sobre cómo actuar ante la sospecha de ictus pediátrico en atención primaria y en los servicios de urgencias.
Además, el propio proceso diagnóstico presenta dificultades técnicas. “El diagnóstico se debe hacer con un angioTAC o una resonancia magnética con angioRM, muchas veces con anestesia, que no está disponible en todos los hospitales las 24 horas del día”, apunta la neuropediatra. Esta limitación estructural provoca que, incluso cuando existe sospecha clínica, no siempre sea posible confirmar el ictus con la rapidez necesaria.
EL IMPULSO DEL CÓDIGO ICTUS PEDIÁTRICO
En los últimos años se han producido avances relevantes en el abordaje del ictus pediátrico, especialmente en aquellas comunidades donde está implantado el Código Ictus Pediátrico. “En muchas comunidades autónomas existe la posibilidad de realizar un diagnóstico y un tratamiento precoz”, destaca la Dra. Vázquez. Entre las opciones terapéuticas se incluyen procedimientos ya consolidados en adultos, como la trombólisis o la trombectomía, siempre que el ictus isquémico se diagnostique en las primeras horas desde el inicio de los síntomas.
“El código ictus permite realizar terapia de neuroprotección desde las primeras horas, lo que evita que el daño sea mayor”
El Código Ictus Pediátrico también permite iniciar medidas de neuroprotección de forma temprana. “El código ictus permite realizar terapia de neuroprotección desde las primeras horas, lo que evita que el daño sea mayor”, explica la especialista. En el caso de los ictus hemorrágicos, subraya la importancia de una actuación inmediata, ya que “el diagnóstico y el tratamiento, a veces quirúrgico, son imprescindibles dada la alta mortalidad”.
No obstante, la implantación de este protocolo no es homogénea en todo el territorio. Para la Dra. Vázquez, su puesta en marcha requiere recursos y organización. “Es necesario disponer de un servicio de radiología de manera continua, con posibilidad de realizar escáner craneal con angioTAC o resonancia magnética con angioRM, y en muchos casos con anestesia”, enumera. A ello se suman la necesidad de unidades de cuidados intensivos, radiología intervencionista para trombectomía y neurocirugía en los ictus hemorrágicos, además de la formación específica de todos los profesionales implicados.
INVESTIGACIÓN EN ICTUS PEDIÁTRICO
La investigación es otro de los pilares para mejorar el conocimiento y el tratamiento del ictus infantil. La SENEP participa en proyectos europeos y nacionales como el PASTA Trial y el proyecto PReDICT. “El PASTA Trial es un proyecto europeo que pretende ver la utilidad del uso de corticoides en el ictus isquémico producido por vasculitis”, explica la neuropediatra, recordando que, aunque estos fármacos se usan con frecuencia, “no existe evidencia científica clara de si son realmente útiles”.
Por su parte, el proyecto PReDICT se centra en las bases genéticas del ictus pediátrico. “Es un proyecto nacional que busca conocer las bases genéticas del ictus en los niños y relacionarlo con la radiología y la clínica”, señala la Dra. Vázquez. Iniciativas como estas abren la puerta a diagnósticos más precisos y tratamientos más personalizados en el futuro, reforzando la idea de que el ictus pediátrico, aunque infrecuente, debe ser una prioridad sanitaria.
*Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.

