Hay quien ha escrito que esta perrería cinematográfica es tonta, ridícula y nefanda. Hay que ser muy gili o ejercer crítica de línea dura, de … puro extremoduro para hacer afirmación tan peregrina. Hasta los sabios de ‘Cahiers du Cinéma’. ‘Positif’ o ‘Sight & Sound’. Suelen demostrar más sentido del humor.
Porque ya me dirán ustedes qué profundidad no ya de campo sino intelectual, social, política o fílmica se le puede exigir a un filme cuya escena más o menos cumbre consiste en ver a Jack Black, cuya última hazaña fue ‘Una película de Minecraft’, habiendo sido regurgitado por la anaconda, dado por muerto por sus compañeros y convertido en un espantapájaros-señuelo-distracción para la constrictora. Le ponen en la cabeza una cría de jabalí (también regurgitada) y le meten en la boca una ardilla muerta poque según el ‘apañao’ de la cuadrilla a las serpientes les priva su carne…
Este filmejo es quedón, macarra, marrullero y no se han gastado mucho en el reptil. ¿Para qué si lo importante son otras cosas, cositas entre ñoñas y lindas tal que perseguir tus sueños, filmar a la brava sin tener los derechos de adaptación, embarcarse en aventuras sin fin, hacerse un selfie con Ice Cube o volver a ser el crío que filmaba con un Super 8 o, dependiendo de la generación a la que pertenezcas, en cinta VHS.
Parodia atorrante, a veces se le atasca el guion y también el ritmo pero ni te das cuenta porque, como espectador, estás en otra onda. ¿En cuál? En que nos hemos quedado sin bicho, los mineros ilegales de oro van a por nosotros y Sony nos demandará por hacer una versión de frenopático de su gran clásico (es un decir) de 1997. Ah, recuerden que director y guionista firmaron ‘El insoportable peso de un talento descomunal’. Con Cage, sí.