La luz del móvil sigue encendida mientras el reloj de la cocina marca una hora poco amistosa. El cuerpo pide irse a la cama, pero la cabeza va por libre y estira el rato con cualquier excusa. Al día siguiente, levantarse cuesta más de lo previsto y el desayuno llega sin ganas. Esa pequeña descompensación se repite en muchas casas y acaba dejando un gran impacto en cómo se duerme y se come.

En ese tipo de situaciones aparece una explicación clara desde la biología. Michael W. Young, investigador estadounidense y premio Nobel de Medicina, ha dedicado décadas a estudiar por qué el organismo responde mal cuando los horarios se mueven sin orden. En sus trabajos describe cómo el reloj interno coordina lo que pasa dentro del cuerpo según la hora del día.

La ciencia que explicó el reloj interno

El conocimiento actual sobre los ritmos circadianos se apoya en investigaciones que cambiaron la forma de entender el tiempo biológico. En 2017, el Nobel reconoció a Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young por identificar los mecanismos moleculares que gobiernan ese reloj. A partir de estudios con moscas de la fruta, aislaron genes como per y proteínas como PER y TIM, que suben y bajan a lo largo del día.

Daniel Goleman

Young, explica que “nuestro reloj interno regula funciones críticas como el comportamiento, los niveles hormonales, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo”. A partir de ahí se entendió que ese sistema funciona en casi todas las células humanas con una precisión cercana a las 24 horas.

El hallazgo permitió aclarar cómo una proteína se acumula por la noche y se degrada durante el día, y cómo otras proteínas ajustan ese ciclo para que no se descontrole. De este modo se abrió un campo de investigación que hoy engarza genética, sueño, digestión y hábitos diarios.

Qué es el reloj biológico y cómo se ajusta

El reloj biológico interno organiza procesos físicos y mentales en ciclos diarios. Se sincroniza sobre todo con la luz y la oscuridad, lo que explica por qué dormir de noche y estar activo de día encaja mejor con el organismo. Ese ajuste no depende solo del cerebro, ya que casi todas las células mantienen su propio compás.

Cuando anochece, el cuerpo reduce la alerta y prepara el descanso. Con la luz de la mañana, se activan mecanismos que facilitan despertarse, moverse y comer. Young señala que “los ritmos circadianos son impulsados biológicamente y persisten incluso si hay señales contradictorias del exterior”.

Ese detalle aclara por qué forzar horarios de forma continuada acaba pasando factura. El reloj interno no se ajusta por voluntad propia, aunque el ritmo del día empuje en otra dirección.

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Young subraya que los relojes periféricos, como el del hígado, responden a la hora a la que se come.

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Qué ocurre cuando se rompe la sincronía

La descoordinación entre el entorno y el reloj interno tiene efectos visibles. Dormir a deshora, comer tarde o encadenar noches cortas altera el descanso y el estado de ánimo. Young resume que “nuestro bienestar se ve afectado cuando existe una descoordinación entre nuestro entorno y vuestro reloj biológico interno”.

En el día a día, eso se nota en falta de energía, cambios bruscos de humor o más ansiedad. A medio plazo aparecen problemas metabólicos y cardiovasculares, según diversas investigaciones. En el hígado, por ejemplo, el propio Young recuerda que “el reloj biológico ayuda a digerir mejor la comida”, algo que se desajusta cuando las comidas se mueven sin criterio.

Por eso los cambios horarios repetidos o los turnos nocturnos de forma continuada generan más problemas que una excepción puntual.

Funciones que siguen el compás diario

Los ritmos circadianos regulan el sueño y la vigilia, pero también la temperatura corporal, el apetito y la liberación hormonal. En el cerebro marcan los momentos de mayor alerta. En el sistema digestivo influyen en cómo se transforma la comida en energía o se almacena.

Young añade que “estos ciclos circadianos tienen el mismo mecanismo en todas las células con relojes”. Esa uniformidad explica por qué un ajuste mal hecho afecta a varios sistemas a la vez y no solo al cansancio.

En casa, esto se nota enseguida. Comer muy tarde y acostarse justo después dificulta el descanso y la digestión. Adelantar la cena y bajar la luz por la noche facilita que el cuerpo entre en modo reposo.

dormir calor

Por la noche, el reloj interno necesita señales claras de que el día ha terminado.

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Guía en 5 pasos para mantener los ritmos circadianos en hora, según Michael W. Young

  1. Mantener horarios de sueño estables todos los días
  2. Exponerse a la luz natural por la mañana
  3. Reducir la luz artificial por la noche
  4. Ajustar las comidas al horario diurno
  5. Evitar cambios bruscos de horario de forma repetida

Horarios, sociedad y salud pública

El impacto del reloj biológico no se queda en el ámbito individual. En España, una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas mostró en 2022 que el 64% apoyaba eliminar el cambio de hora por sus efectos en los ritmos biológicos. En la consulta pública de la Unión Europea de 2018, el respaldo alcanzó al 93% en España.

Datos similares aparecen fuera de Europa. Un sondeo de Gallup en 2025 reflejó que casi la mitad de la población estadounidense prefería un horario estándar permanente. Además, un estudio de Stanford publicado en 2025 estimó que suprimir los cambios horarios evitaría cientos de miles de ictus al año.

Investigaciones de Universidad de Murcia, lideradas por Juan Antonio Madrid, apuntan en la misma dirección al relacionar la alteración crónica de los ritmos con riesgos metabólicos y cardiovasculares