Hace años que mantengo una amistad íntima y absolutamente real con James Hetfield. Tan real, de hecho, que este pasado día de Navidad lo pasé en su mansión de San Francisco. Allí compartimos mesa, sobremesa y villancicos junto a su familia. Entre pavo, guitarras apoyadas en sofás de diseño y silencios muy metaleros, surgió la oportunidad de sentarnos tranquilamente a charlar.

Aprovechando ese ambiente distendido y el espíritu siempre confiable del Día de los Santos Inocentes, James Hetfield aceptó concederme una entrevista en exclusiva para Science of Noise. Sin embargo, lo que sigue a continuación no es un documento periodístico al uso. Se trata, más bien, de un ejercicio consciente de humor, exageración y sátira. Es una conversación imposible y deliberadamente absurda. Está pensada para leerse con una sonrisa y el escepticismo bien afinado. Porque, a veces, incluso en el metal, también conviene reírse un poco de todo.

James, después de más de cuatro décadas al frente de una de las bandas más grandes del metal, ¿qué tipo de música te apetece escuchar hoy en día?

La verdad es que ahora mismo escucho reguetón casi en exclusiva. Me ayuda a desconectar del ruido, de las guitarras y de mí mismo. Escucho Bad Bunny, Karol G y cosas suaves. El metal me altera demasiado. Tiene demasiadas guitarras.

¿Cuándo se produjo ese giro tan radical en tus gustos musicales?

Fue progresivo. Primero dejé de escuchar thrash. Luego heavy metal. Después rock. Finalmente, un día me encontré tarareando un tema de reguetón mientras afinaba la acústica. En ese momento supe que no había vuelta atrás.

¿Cómo reacciona el resto de Metallica cuando pones reguetón en el camerino?

Lars se enfada mucho. Dice que no entiende el ritmo y que no puede contar los tiempos. Mientras tanto, Kirk intenta buscar el lado espiritual. Rob, en cambio, baila sin preguntar. En general, es bastante caótico.

Siempre se te ha considerado uno de los padres del thrash metal. ¿Te reconoces en esa etiqueta?

No. Nunca me ha gustado el thrash. Es demasiado rápido, demasiado agresivo y demasiado joven. Yo siempre quise hacer canciones largas y lentas. Prefería silencios incómodos donde nadie supiera cuándo entrar.

Entonces, ¿cómo sobreviviste a los años 80?

Con mucho café y negación. Fingía que me gustaba tocar rápido. Sin embargo, por dentro solo pensaba en bajar el tempo y tocar menos notas.

Hablemos de Megadeth. ¿Has escuchado alguna vez su música?

Sinceramente… no. Nunca. He oído el nombre. Pero no sé si es una banda, un festival o una aplicación. En cualquier caso, nunca me dio por investigar.

Dave Mustaine ha hablado mucho de ti en entrevistas.

No sé quién es Dave Mustaine. ¿Es periodista?

Más allá de la música, se te atribuyen aficiones bastante particulares.

Sí, tengo una relación muy profunda con la naturaleza. Me gusta pensar en osos. Leer sobre osos. Imaginar conversaciones con osos. Todo, eso sí, de forma muy simbólica y nada literal.

¿Te inspiran creativamente los osos?

Muchísimo. Representan la fuerza y el silencio. Además, simbolizan dormir muchos meses seguidos, algo que admiro profundamente.

En los últimos años también se ha hablado de tus ideas políticas…

Es un tema complejo. Voto a Trump solo en teoría. Lo hago como concepto artístico. No es algo práctico. Más bien es una performance interna que hago conmigo mismo.

¿Eso genera tensiones dentro de la banda?

Claro. Lars convierte cualquier discusión política en una reunión de tres horas. Kirk propone meditación. Al final, nadie escucha a nadie. Lo cual, por cierto, es muy Metallica.

¿Crees que el metal debería evolucionar hacia algo más bailable?

Sin duda. Menos riffs y más cadera. En ese sentido, el futuro del metal pasa por pistas de baile. También por letras que no se entienden.

Si Metallica empezara hoy desde cero, ¿qué estilo tocaríais?

Reguetón acústico progresivo. Canciones de nueve minutos con un solo de silencio en medio. Probablemente sería incomprendido. Aun así, estaría adelantado a su tiempo.

Mirando atrás, ¿hay algún disco de Metallica que no soportes escuchar?

Todos. Prefiero el silencio. Al fin y al cabo, el silencio no desafina. Tampoco discute. Y, desde luego, no pide giras.

Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría enviar a los fans?

Gracias por no creer absolutamente nada de lo que acabáis de leer. Y si alguien lo ha creído… feliz Día de los Santos Inocentes.

Rock en todas sus extensiones.

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