¿Qué tienen en común el regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh y Thriller de Michael Jackson? El decimonónico palacio de Miramar de San Sebastián, con su imponente chimenea, está muy limpio, sin caracterizar no podría acoger una película de terror. Que nadie se asuste. Al contrario, para la actuación del retorno de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh se iluminó muy a lo anuncio de Ferrero Rocher. Que para eso era el especial navideño de La casa de la música de TVE. Todas las actuaciones con mucha luz dorada, tal vez para recordamos que 2025 se ha acabado pero que, como diría la sabia del meme, “¡Feliz Navidad siempre!”.

Y apareció Amaia Montero en la sintonía de RTVE. El reencuentro más esperado de la noche. Queríamos ver cómo está, cómo es la nueva canción y cómo la canta. Y nada más irrumpir en imagen ya robó el protagonismo de la noche al vestido de Cristina Pedroche. Amaia salió enfundada en un edredón nórdico listo para montarse en el cohete de una expedición espacial con Katy Perry, por lo menos. Viaje sideral de las estrellas del pop. 

Aunque fue empezar a escuchar los acordes y, más bien, la versión astronauta de Amaia nos propone un despegue hacia la fe. Y enfundada con ese armazón se siente más resguardada durante la actuación. Porque, en realidad, el particular abrigo de reina del iglú está dando seguridad a Amaia. Su pomposa holgura protege a la cantante del frío y de las críticas que enfilan un físico que evidentemente no es igual que cuando la conocimos. Doble victoria estilística: la comedia viral desvía el ojo de las peores críticas. La caperuza amortigua los golpes.

No obstante, la exposición del retorno es inevitable. Y las comparaciones son odiosas. Menos aún con el single elegido, que no entra por el oído primera. No es una canción de subidón para Nochevieja. Pop evangélico que resuena más para la mañana del domingo en La 2. El playback tampoco ayuda, pues el retoque vocal ha apagado cierta potencia de su carismática voz. Tan imitable que aquí ha sido fagocitada por la vestimenta que ya apunta maneras para replicarse en Carnaval.

Pero la expresividad facial de Amaia continúa más intacta. Sus brazos se mueven como en aquel videoclip en la que la conocimos con el chándal puesto en la playa de La Concha. Sus olas chocan a los pies de ese palacio que, ahora, les ha acogido para estrenar Todos estamos bailando la misma canción en una TVE de larga tradición de variopintos programas musicales en sus casi setenta Nocheviejas.

Sin embargo, hace mucho que no se estrenaba con expectación un single en el cambio de año de La 1. Ahí surge el punto de unión de Amaia Montero con Michael Jackson. El videoclip de Thriller, que era una película de casi 14 minutos, se vio por primera vez en España en el especial de TVE de fin de año. Como este de La caja de la música, aunque en modo más cotillón despeinado. Lo presentaron los propios Martes y Trece, cuando todavía eran tres. España se quedó paralizada. ¿Era terror? ¿Era comedia? ¿Era terrormedia? Era la nueva forma de presentar la música que había cambiado con el boom de la MTV. Cuatro largas décadas después, este mismo 31 de diciembre, los canales musicales de MTV se han ido a negro, pero Amaia Montero ha vuelto a La oreja de Van Gogh equipada para un lanzamiento megamediático donde decir seguimos siendo los mismos. Aunque, inevitablemente, ya no son los mismos.