Las victorias totales de Pogačar, su ejecución y cantidad, le permiten ser considerado el mejor deportista de la actualidad

Cuando Max Verstappen, un tipo que no regala elogios y cuya vida transcurre a 300 km/h, se detiene a mirar el ciclismo, el análisis cambia de dimensión.

El neerlandéses uno de esos nombres que definen nuestra era del deporte, ahí van también otros como Ousmane Dembélé, Janick Sinner, Lewis Hamilton, Carlos Alcaraz o Léon Marchand.

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Sin embargo, su conclusión es tajante: por logros, impacto y voracidad, Tadej Pogačar no solo es el mejor ciclista del planeta, sino que compite por el trono de mejor deportista mundial, quizá solo con la sombra del estratosférico Mondo Duplantis.

Lo que Verstappen detecta es una anomalía en el deporte moderno.

Vivimos en la era de la hiperespecialización. Carlos Alcaraz o Jannik Sinner dominan la raqueta con una madurez insultante, pero su terreno está delimitado por las líneas de cal.

Lewis Hamilton representa la longevidad y el activismo, mientras que Léon Marchand ha rediseñado la natación en una piscina olímpica. Son reyes en sus castillos.

Pogačar, en cambio, rompe el molde.

El esloveno gana donde quiere y casi cuando quiere: desde la dureza de las piedras en Flandes hasta la altitud del Tour de Francia, pasando por exhibiciones en solitario que parecen sacadas del ciclismo en blanco y negro.

Esa capacidad de ser el mejor en registros opuestos es lo que le distancia del resto, de los que compiten con él y los que le miran en la televisión. .

La comparación con Mondo Duplantis es la clave del arco

El sueco compite contra las leyes de la física, batiendo su propio récord del mundo centímetro a centímetro.

Pero mientras Duplantis perfecciona un solo gesto técnico hasta la divinidad, Pogačar debe gestionar táctica, resistencia, meteorología y a 200 rivales que corren contra él.

No menosprecio lo del sueco de origen americano, sólo quiero poner en relieve lo que los aficionados al ciclismo estamos viviendo.

En este mal anillado cuaderno siempre hemos sido críticos con la hegemonía vacía, como la de Froome, perfecta en estadística, pero ajena a la belleza y emoción, pero lo de Tadej es diferente.

No es solo ganar, es la sensación de que el deporte se le queda pequeño.

Si Verstappen, que vive en la cima de la tecnología y el rendimiento, ve en el esloveno un reflejo de su propia tiranía competitiva, es porque estamos ante un ciclista que ha trascendido su propio nicho.

Pogačar ya no corre solo contra Vingegaard o Van der Poel; corre para ser recordado junto a los más grandes de la historia del deporte general. Y, de momento, nadie tiene argumentos para bajarle de ese podio.

Imagen: A.S.O./Aurélien Vialatte