Pese a su situación marginal Zamora participó, en el siglo XIX, si bien en menor medida que otros territorios, del atractivo de pintores y paisajistas románticos, así como del de arquitectos y académicos precursores del estudio de las antigüedades (patrimonio). Por la ciudad y provincia también pasaron los pioneros de la fotografía: el británico Charles Clifflord (1819-1863), el toledano Casiano Alguacil Blázquez (1832-1914) y el francés Jean Laurent Minier (Garchizy, 1816-Madrid, 1886). Laurent se estableció en Madrid en 1844 como artesano jaspeador, si bien atraído por la novedad que suponía la fotografía abre su estudio, en el antiguo local de Charles Clifford (en el número 39 de la Carrera de San Jerónimo).

Pronto la calidad de sus trabajos atrae a políticos y artistas, pasando a ser el fotógrafo de la aristocracia madrileña y de Su Majestad, la reina Isabel II. El interés de este nuevo «arte», que además de representar la realidad, tan cara entonces para ilustradores de libros de viajes y revistas, lo convierte también en un instrumento de propaganda al servicio del poder, que lo utiliza para publicitar sus logros, de ahí que en 1864 el Ministerio de Fomento le encargue la confección de un álbum de las obras públicas de España, que realiza con su socio José Martínez Sánchez, o la reproducción de las pinturas del Real Museo de Madrid (Museo del Prado) y otras colecciones públicas.

Fotografía y memoria: El retrato de la Zamora decimonónica de Jean Laurent

Puente de la Estrella sobre el río Esla (Perilla de Castro). / Jean Laurent

Más allá de encargos oficiales, este entonces titánico esfuerzo, que lleva a Laurent y colaboradores por toda la geografía peninsular, obviamente es comercial, toda vez que la técnica del colodión húmedo permite hacer copias en papel a la albúmina, que montadas en cartones y encuadernadas en álbumes, pueden adquirirse en las tiendas de la casa Laurent en Madrid y París y otros lugares.

Lo más singular de este extenso y completo legado, que incluye vistas de España y Portugal, se conserva hoy en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (= IPCE), tras adquirir el Estado, en 1976, el archivo fotográfico de Joaquín Ruiz Vernacci (1892-1975), sucesor comercial último de Laurent, compuesto por 12.000 negativos, la mayoría placas de vidrio de gran formato (9.500 lo son de 27×36 centímetros, un pequeño número de 27×60 y 1.000 estereoscópicas), que pueden consultarse –en línea– en su fototeca. Entre estos negativos hay 29 tomas de Zamora ciudad, 15 de Toro, 8 de la provincia (puentes), 3 de tipos populares, y 11 de las pinturas decorativas del salón de sesiones del edificio de la Diputación (no comercializadas), aunque sin duda debieron ser más.

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Tipos de Bermillo de Sayago, 1878. / Jean Laurent

Estos negativos –cerca de un tercio son estereoscopias– no disponen de fecha precisa, toda vez que aparecen inventariados genéricamente entre 1860 y 1886, de manera que es difícil concretar cuándo Laurent o sus comisionados viajaron a Zamora, y si, en su día, las tomas se registraron en un diario. Sea como fuere, Laurent visitó todas las ciudades de Castilla y León entre 1856 y 1880. Sus trabajos más antiguos, si nos fiamos del inventario del IPCE, corresponden a Salamanca, Burgos, Ávila y Segovia. La única distinción para los de tema zamorano es que las placas más grandes llevan fecha de 1860-1886, mientras que las estereoscopias se fechan –no sabemos por qué– entre 1863-1880, si bien en el catálogo de la Casa Laurent de 1863 no hay fotos de Zamora.

En cualquier caso, no parece que esta sea una datación razonada. Para añadir más confusión los positivos llevan otra, como es el caso de una copia de la vista general de Zamora –en dos clichés– que conserva el archivo Pablo L. Monasor, fechada en 1867, o de la media docena de positivos sobre papel a la albúmina de Zamora ciudad que guarda la Biblioteca Nacional; dos positivos, asimismo en papel albuminado, que forman parte de la Colección Fernández Rivero, se datan entre 1865-1870, aclarando en la ficha ser: «fecha de creación».

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Pinturas del salón de sesiones del palacio de la Diputación Provincial, 1881-1882. / Jean Laurent

Posiblemente la primera vez que Laurent visitó Zamora fue a raíz del encargo de fotografiar los trabajos de la línea del ferrocarril Medina del Campo-Zamora, que llevaría a la Exposición Universal de París de 1867, y que J. F. Martos Causapé considera se hicieron en el invierno de 1866-1867 (ver La Opinión de Zamora de 26-x-2014). Cabe pensar que las tomas de las trincheras del ferrocarril en Toro y las de la estación de Zamora -obra que sabemos estaba concluida en mayo de 1864– correspondan a este primer desplazamiento. Ciertamente el ferrocarril constituía entonces la mayor novedad en las comunicaciones de aquella atrasada provincia en la que, en palabras del gobernador Antonio Guerola (1853-1854), «no existía ni una sola legua de carretera construida», eran desconocidas las diligencias, y el único medio de viajar seguía siendo en caballería.

La falta de recursos económicos, ya fueran provinciales o estatales, y técnicos (ingenieros), los abusos de los contratistas, y el recelo de los pueblos a los repartos y la prestación personal para financiar las obras, obstaculizaban el desarrollo de la caminería. El retraso en las comunicaciones tropezaba también con el conservadurismo de la sociedad provinciana, ya que en opinión de Guerola «…para este trabajo influyen mucho las personas y poco los verdaderos intereses del país».

Pese a ello y a la lentitud de los proyectos, en la década de los sesenta del siglo XIX la construcción de las carreteras de primer orden (nacionales) avanzó, registrando Laurent los primeros logros del frustrado proyecto de la que habría de unir Madrid con Galicia, cuyo primer tramo, el de Zamora hasta al puente de Ricobayo, pudo realizarse, a duras penas, reconstruyéndose este antiguo e inutilizado paso del Esla, entre 1841-1843, a partir del proyecto del ingeniero José María Pérez, ampliado más tarde (1870) por Práxedes Mateo Sagasta para dar servicio a la carretera de Alcañices.

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Zamora, estación del Ferrocarril, c. 1867-1870. / Jean Laurent

Las fotos de Laurent, es posible se acerquen a esta última fecha. Descartado –por razones comerciales y estratégicas– este primitivo trazado, que discurría paralelo a la frontera portuguesa, para el que sería el nuevo y definitivo de la carretera de Villacastín-Vigo a su paso por la provincia, proyectó, en 1863, J. Martínez Echevarría un nuevo puente también sobre el Esla –el de la Estrella– cuyas obras se iniciaron en 1863 y concluyeron en 1869. La importancia de esta obra de ingeniería, de trece arcos de fábrica de sillería, mereció su inclusión por el Cuerpo Nacional de Ingenieros en el Catálogo de Obras Públicas que se llevó a la Exposición Internacional de París en 1873. Laurent realizó varias tomas en un momento ya avanzado de su ejecución, de manera que las fotografías pudieran ser en torno a 1867-68.

En el segundo tramo de esta carretera, entre Tábara y Mombuey, se hicieron otras dos obras de fábrica, que asimismo recogió la cámara de Laurent: el pontón sobre el arroyo Ciervas, ya terminado, (hay proyecto de 1866) y poco más allá el puente sobre el Tera (Puente de las Partidas), del que hay dos proyectos: uno de 1861-62, de Martínez Echevarría, y otro de 1873 de Pantaleón Gutiérrez. En 1877 el Boletín Oficial de la Provincia publicaba la subasta de los portazgos de los puentes de la Estrella y Tera, de manera que las fotos han de ser anteriores a esta fecha; también la de cantera de la cercana Villanueva de Valrojo, de donde se extrajo la piedra.

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Zamora, Catedral (Puerta del Obispo, c. 1867-1870 4 / Jean Laurent

No sabemos si paralelamente al viaje que dejó memoria gráfica de las obras públicas de mayor enjundia en la provincia, se realizaron las vistas monumentales de las ciudades de Toro y Zamora, únicas localidades, como se dijo, a las que a la altura de 1864 llegaba el ferrocarril, si bien en 1854 estaba terminada la carretera de Zamora a Valladolid (entonces una diligencia hacía este trayecto en 12 horas). En cualquier caso, estas fotografías tuvieron que hacerse antes de 1871, fecha en la que, como recoge Cesáreo Fernández Duro, se editó la «Colección de vistas fotográficas de la provincia de Zamora… que comprende hasta el momento presente más de dos docenas… sobre papel Bristol».

Tanto Zamora como Toro, mediado el siglo XIX, ofrecían una estampa pobre y atrasada. Zamora, con cerca de 12.5000 almas, contaba con un pequeño comercio, que atendía la demanda local de productos básicos en los semanales mercados callejeros, surtiéndose de otros en las ferias, y una raquítica industria, si es que podía considerarse tal, compuesta por unos pocos establecimientos, sin especialización ni utillaje, que fabrican jergas y paños burdos, loza, aguardientes, velas de sebo, curtidos, ladrillos, sombreros, pastas para sopa y harinas; completaba el retrato socio-económico urbano una creciente nómina de profesiones liberales y empleados públicos, resultante de la centralización de las funciones administrativas que trajo consigo la capitalidad de provincia, milicia y clero. Toro se aproximaba a 9.000 habitantes, y tras perder su condición de capital de provincia, empobrecida, se ruralizó aún más, transformándose en un poblachón de labradores.

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amora, iglesia de La Magdalena, c. 1867-1870 / Jean LAurent

Obviamente, poco o nada de esto se refleja en las vistas de Laurent, limitadas a publicitar lo más granado de su maltrecho patrimonio artístico: la catedral, recurrentemente escogida por los fotógrafos viajeros, una de cuyas tomas utilizó José Gutiérrez Rodríguez, «Filuco», para realizar el grabado que ilustra la «Guía sinóptica, estadístico-geográfica de las poblaciones y parroquias de la diócesis de Zamora y vicarías de Alba y Aliste» (1884), de Faustino Gómez Carabias, la puerta del obispo y la cercana Casa del Cid (sic), el puente de piedra (en dos clichés), la iglesia de La Magdalena, el decrépito Palacio de los Momos y su inmediato y hediondo mercado callejero de hortalizas, la Puerta de Doña Urraca. y varias vistas generales de la ciudad desde la margen izquierda del Duero, una de ellas, también en dos clichés, de la que el Archivo Histórico Provincial, conserva un positivo de gran tamaño.

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Toro, ruinas del convento de San Ildefonso, c. 1867-1870. / Jean Laurent

Las tomas realizadas en Toro incluyen varias de la Colegiata (rotulada como catedral), Ayuntamiento y Plaza Mayor un día de mercado, el Arco del Reloj y su hortelano «corro», y las ruinas del Convento de San Ildefonso (dominicos), parte de cuyos despojos (portada gótica del crucero), habrían de hermosear la fachada del mediodía de la iglesia de San Julián de los Caballeros en 1878-79, que asimismo utilizó «Filuco», para hacer el grabado del número 18 (mayo de 1881) de la revista «Zamora Ilustrada».

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Zamora, plaza y casa de los Momos, c. 1867-1870 (imagen estereoscópica, par derecho) / Jean Laurent

Por el contrario, las tomas de los grupos de Carbajales de Alba y Bermillo de Sayago, ataviados con el traje típico y desplazados ex profeso por la Diputación a la boda del rey Alfonso XII con su prima María de las Mercedes, sabemos que Laurent las hizo en Madrid en enero de 1978. Se trata de dos posados y otro de una pareja de sayagueses que formaban parte del grupo de Bermillo. Esta última es una placa de 34×24 cm, realizada a la albúmina y montada sobre soporte de cartón, que junto con otros trabajos se llevó a la Exposición Universal de París de este mismo año, de la que la «Ilustración Española y Americana» publicó, el 22 de febrero de 1881, un grabado (xilografía a contrafibra) de Arturo Carretero y Sánchez; estampa por otra parte muy popular por haber sido difundida en postales y cajas de cerillas. De ambas fotografías, este mismo año, se hizo eco también «Zamora Ilustrada», con dos grabados de Filuco: aldeanos sayagueses (6 de abril) y tipos de la comarca de Carbajales (4 de mayo).

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Toro, Torre del reloj, c. 1867-1870 (imagen estereoscópica, par derecho) / Jean Laurent

Menos conocidas, incluso me atrevería a decir casi desconocidas, son las fotografías de la decoración pictórica del coqueto salón de sesiones de la Diputación Provincial, obra del pintor catalán Ramón Padró y Pedret, único artista que se presentó al concurso convocado al efecto. La profusa y ecléctica decoración –costó 35.000 pesetas– fue realizada en Barcelona y Madrid, y concluida entre 1881-1882. En una de las fotos que las reproduce, quizás realizada en el estudio del que fuera pintor de cámara del rey Alfonso XII, en la C/ Baño, 12 de Madrid, aparecen dos tipos: el de la derecha es posible sea Pradó, y el que se toca con un bombín el mismísimo Laurent, aunque no es más que una elucubración.

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Puente de Ricobayo, c. 1870 (imagen estereoscópica, par izquierdo). Infraestructura hoy sumergida bajo las aguas del embalse. / Jean Laurent

La importancia de estas pinturas explica que por el estudio madrileño «pasasen a despedirlas» –el dato lo da el dramaturgo José Zorilla– entre otros, el presidente del Consejo de Ministros (Sagasta), los poetas Núñez de Arce, José Velarde y Víctor Balaguer, y el pintor y crítico de arte Pedro Madrazo. Una vista del salón de plenos y de los motivos de las pinturas se publicó en «La Ilustración Española y Americana» y la «Zamora Ilustrada», incluyó los grabados de las figuras de Arias Gonzalo, y las infantas Urraca y Elvira, en el verano de 1882.

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