Hacer fotos es su «tabaco» y viajar por medio mundo el vehículo para que su ojo vea y grabe los modos de vida y costumbres de África y Asia, sus dos escenarios preferidos tras haber estado en una treintena de países. Es Emilio Cueto, constructor ya jubilado que a sus 81 años tiene en mente proyectos de más viajes, libros y exposiciones, todo ello relacionado con su gran pasión, la fotografía. Emilio Cueto empezó a hacer fotos «de jovencín» con aquella cámara Voigtländer Bessamatic, que llevaba a sus salidas con el Grupo de Montaña Vetusta. «Luego proyectaba las diapositivas los lunes y martes en la sede del grupo, que estaba en la avenida de Galicia de Oviedo», recuerda Cueto. Eran paisajes de montaña, afirma Cueto, que fue segundo de a bordo en la construcción del Palacio de los Deportes de Oviedo antes de fundar su propia constructora, con su cuñado. «Llevamos cuarenta años», afirma.

Emilio Cueto empezó a hacer fotos «de jovencín» con aquella cámara Voigtländer Bessamatic, que llevaba a sus salidas con el Grupo de Montaña Vetusta. «Luego proyectaba las diapositivas los lunes y martes en la sede del grupo, que estaba en la avenida de Galicia de Oviedo», recuerda Cueto. Eran paisajes de montaña, afirma Cueto, que fue segundo de a bordo en la construcción del Palacio de los Deportes de Oviedo antes de fundar su propia constructora, con su cuñado. «Llevamos cuarenta años», afirma.

(1) Una leona bebe en una zona de paso de todoterrenos en Kenia.  (2) Unajoven de la tribu etiope Hamer con escarificaciones en su espalda. (3) Una estampa de la sabana keniata. (4) Rito del salto del toro en un poblado hamer. (5,6 y 7)) Un cocodrilo  a la orilla del Nilo, un picozapato y un gorila de espalda plateada en Uganda

Una mujer etiope, con el pelo rojizo por el óxido de hierro / Emilio Cueto

Su gran afición, «de toda la vida», ha sido y es la fotografía. «Después vinieron los viajes, primero por Europa, en coche, en tren, en avión y con mi mujer, Teresa Ferrero, que también es muy viajera. Fuimos por medio mundo con otras parejas». Pero una enfermedad de la espalda de Teresa truncó las posibilidades de viajar del matrimonio y su mujer le abrió los ojos: «Ahora que no puedo viajar yo, viajas tú y me enseñas lo que ves». Así que Emilio Cueto se unió a un grupo de fotógrafos experimentados, Namaste Photo Tours, que organiza viajes sobre todo por diferentes países de África y que capitanea desde Llanes Juan Ramón Noriega. El álbum del veterano constructor comenzó a crecer con miles de fotos. Dispone de un archivo gráfico con imágenes de una treintena de países, pero sobre todo se centra en cuatro de África, que son Etiopía, Namibia, Tanzania y Uganda, y en tres de Asia, India, Nepal y Myanmar.

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu

Dos niños etíopes se protegen del sol con hojas / Emilio Cueto

Un archivo en expansión

Un material que no para de crecer. Solo este año ha realizado tres viajes. «Estuve en Kenia, en un resort solo para fotógrafos, que es de un masai» después en Namibia, un país con unos desiertos impresionantes, uno discurre de norte a sur, casi dos mil kilómetros pegados al mar en la Costa de los Esqueletos, es una maravilla, y el más reciente ha sido a Etiopía», comenta.

El objetivo de su cámara tiene una tendencia clara, los hábitos y costumbres de las tribus africanas como los Himba y los Herero, ambas de Namibia. «Las mujeres himba se bañan cada cuatro meses, echan en todo el cuerpo una mezcla de polvos de óxido de hierro y mantequilla de leche de vaca de la que sale una costra que las protege de los mosquitos y el sol. Cada cuatro meses, aproximadamente, esa costra se rasca y se quita para que durante dos o tres días la piel esté en contacto directo con el aire y ya vuelven a repetir el mismo ciclo», detalla Emilio Cueto.

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu

Emilio Cueto con su amiga inseparable, la cámara de fotos / Miki López

La continuidad hasta el siglo XXI de los Herero es una historia de supervivencia. «Casi viven de milagro porque la colonización alemana casi acaba con ellos», apunta Cueto, que también ha retratado en Namibia «la mayor duna del mundo, que se llama la número 45 porque está en ese kilómetro de una carretera».

Otro de los lugares que forman parte del archivo gráfico de Emilio Cueto es Kolmanskop, un paraje sin igual en el sur de Namibia. «A principios del siglo XX encontraron en aquella zona pepitas de oro y piedras preciosas en el cauce de un antiguo río, fueron para allá los alemanes y montaron una ciudad, con hospitales, oficinas, llevaron allí hasta el ferrocarril, pero cuando se acabó el oro lo abandonaron y ahora todo el pueblo es monumento nacional y Patrimonio de la Humanidad porque el desierto, la arena, lo está cubriendo todo».

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu / Emilio Cueto

Etiopía, uno de sus destinos fijos: «Este país es la cuna de los poblados»

Etiopía es otro de los destinos fijos de la cámara fotográfica de Emilio Cueto. «Este país es la cuna de las tribus y los poblados. Hay una zona al sur, el Parque Nacional del río Omo, que es límite con la frontera de Sudán del Sur y con Kenia, donde hay tribus espectaculares, están los Amhara, los Mursi, los Karo, los Hamer, los Surma, los Niagatón».

Una de las prácticas que ha fotografiado Emilio Cueto son los platos labiales de los Mursi. «Los quitan para comer, como también hacen con la dentadura inferior, para poder ingerir mejor; también ponen platos en las orejas. Y las mujeres hamer hacen escarificaciones para atraer a los hombres. Les provocan una incisión en partes de su cuerpo, sobre todo en la espalada con varas finas y cuando están sangrando echan ceniza de un árbol especial quemado previamente, luego esa herida se les infecta y quedan esas formas en relieve sobre su cuerpo», detalla Emilio Cueto.

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu

Una estampa de la sabana keniata. / Emilio Cueto

Ritos como el del salto del toro, que «supone pasar de la pubertad a ser hombre, tras saltar tres veces encima de cinco o siete toros en paralelo», o beber sangre directamente del cuello de una vaca «para ser más fuertes», han quedado grabados en su retina y también en su disco duro. En la aproximación con las tribus adquiere una importancia vital el trueque en el corazón del poblado. «Llegamos a las tribus con guías locales, que ya les conocen. Llevamos, por ejemplo, sacos de 20 o 30 kilos de arroz, harina , azúcar y entonces te dan vía libre para hacer todas las fotos que quieras y charlar con ellos, a través de los guías, claro, que son los que conocen y saben su lengua. Esta gente te acoge de una forma tremenda y se dejan retratar».

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu

Rito del salto del toro en un poblado hamer. / Emilio Cueto

La fauna también ha encontrado su espacio, nada pequeño, en un álbum personal donde hay gorilas de espalda plateada y pájaros Picozapato «de los que apenas quedan ocho parejas», o leopardos en Uganda; leones en Namibia y Kenia y tigres de Bengala (India), entre otros muchos. «Ante los gorilas de espalda plateada, en el Parque Nacional, hay que guardar una sumisión total, agachando la cabeza y sin mirarles a los ojos, para que te acepten y puedas luego fotografiarlos, cuando te lo indican los guías. Además hay que llevar una protección bucal, para así evitar transmitirles cualquier infección humana», describe Cueto, que fue portado, literalmente, «en una parihuela para llegar a la zona, había que superar un desnivel de 400 metros».

La cámara de Emilio Cueto, en medio de la tribu

Un gorila de espalda plateada en Uganda / Emilio Cueto

También la ciudad santa etíope de Lalibela, con las procesiones nocturnas de los cristianos coptos, «y sus misas de dos y tres horas de duración con cánticos impresionantes» forman parte de la diversidad retratada por el constructor ovetense, que intensificó su afán viajero tras la jubilación. «El rey Lalibela al ver que toda le gente se iba a Jerusalén en peregrinación decidió levantar allí una ciudad santa y esculpieron sus templos en roca, con bóvedas espectaculares. Cuando te encuentras con aquello, quedas alucinado», confiesa.

A la izquierda, tres hombres himba, ante el río Omo. En el centro y de arriba abajo, una joven himba, con el cuelo cubierto de collares; dos niños etíopes se protegen del sol con hojas; otro pequeño himba recoge en un cuenco sangre de una vaca para beberla en uno de sus ritos y una mujer etiope, con el pelo rojizo por el óxido de hierro. A la derecha, Emilio Cueto con su amiga inseparable, la cámara de fotos y debajo la mayor duna del mundo, la 45, en Namibia. | emilio cueto/Miki lópez |  EMILIO CUETO

Tres hombres himba, ante el río Omo. / Emilio Cueto

La atracción que las tribus ejercen sobre el objetivo de Emilio Cueto ha encontrado en Bueño una sala de exposiciones única y singular al aire libre, en las callejuelas, entre casas y hórreos, del pueblo de Ribera de Arriba. «Contacté con el alcalde, Tomás Fernández, a través de un amigo personal, un médico jubilado que está casado con Yayoi Kawamura, doctora en Historia del Arte y profesora de la Universidad que hizo una exposición fabulosa sobre Japón. Hemos hecho las reproducciones de las fotos en un soporte de paneles de alucobond y el resultado ha sido fantástico. Las fotos se hicieron sobre un papel especial y se trataron con un barniz especial para el tratamiento de humedad y rayos UVA. Estoy encantado con el resultado», afirma. Emilio Cueto ya tiene más proyectos en marcha, como una exposición en Grado o un nuevo libro, el segundo, tras «Un nómada ante la diversidad», publicado en 2024, y un viaje ya agendado, «a Bután, en el norte de Asia, el Pantanal en el Amazonas y lo que surja por ahí».

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