Pau Gasol abre las puertas de su presente en una entrevista exclusiva para SPORT. Instalado en Estados Unidos con su mujer y sus hijos, el exjugador y leyenda del baloncesto español reparte su tiempo entre la Comisión de Atletas del COI, el trabajo de la Gasol Foundation y su apuesta por la salud y el deporte desde Gasol16 Ventures, sin perder de vista lo esencial: priorizar la familia y disfrutar de hobbies como el golf y la lectura.
En esta conversación a fondo repasa su etapa en el Barça, el salto a la NBA y los momentos más duros del final de su carrera. Y, con mirada de futuro, reflexiona sobre la nueva generación, la selección española y el reto social de combatir la obesidad infantil.

Pau Gasol, atiende en exclusiva a SPORT / Santi Burgos / Gasol Fundation
Desde que se retiró, su vida ha cambiado mucho. Entre la familia, los proyectos y la Gasol Foundation, ¿qué es lo que más está disfrutando de esta nueva etapa?
Tengo la suerte de dedicar mi tiempo a varios proyectos profesionales que me apasionan: mi labor como miembro de la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Internacional, el trabajo de la Gasol Foundation en España y Estados Unidos, y mi faceta como inversor en el mundo de la salud y el deporte a través de Gasol16 Ventures. Aunque parezca mentira, ahora hay momentos del año en los que estoy más ocupado que cuando jugaba profesionalmente al baloncesto. Asimismo, en este momento de mi vida, quiero priorizar el tiempo de calidad con mi familia y disfrutar de mis hobbies como el golf y la lectura. Encontrar ese equilibrio entre seguir generando un impacto positivo y disfrutar de mi familia es, precisamente, lo que más me motiva de esta nueva etapa.
Siempre ha explicado que su familia ha sido su base. Si tuviera que quedarse con un consejo de sus padres —una frase o una forma de entender la vida—, ¿cuál diría que le ha marcado más?
Me quedo con la cultura del esfuerzo y con los valores que me enseñaron mis padres. Son dos grandes guías que he seguido toda mi vida: dar el máximo en aquello en lo que estoy enfocado, sea lo que sea, y hacerlo siempre acorde a mis valores.
Si lo haces así, da igual que ganes o pierdas, podrás estar orgulloso de la manera en que lo has hecho.Esta manera de entender la vida me la han inculcado ellos.Además, ambos eran sanitarios, y desde pequeño me enseñaron la importancia fundamental de la salud y el bienestar, no solo como algo personal, sino como una responsabilidad social. Crecer en un entorno donde siempre se valoró el cuidado de uno mismo y de los demás me hizo entender lo crucial que es tener un enfoque integral hacia la salud: física, mental y emocional.
A día de hoy, sigo trabajando con el mismo compromiso y convicción para fomentar la salud y el bienestar, aplicando lo que aprendí en casa tanto en mi vida diaria como en los proyectos que impulso. Para mí, la salud no es solo un objetivo individual, sino un valor que debe ser promovido y protegido a nivel comunitario.
Precisamente desde la Gasol Foundation defendéis que el bienestar no es solo físico, también emocional. En una carrera con tanta presión, ¿cómo aprendió usted a gestionar miedo, exigencia y frustración? ¿Qué herramientas le han servido más… y cuáles intenta aplicar hoy en la Fundación?
Como dices, durante mi carrera profesional, pasé por momentos donde la presión era muy alta y, en ocasiones, los resultados no fueron los deseados. Una de las herramientas que me ayudaron a superar esas decepciones o momentos de frustración fue la capacidad de hacer autocrítica y establecer siempre objetivos realistas, a corto, medio y largo plazo. Para ello, siempre intentaba identificar aquello que estaba en mi mano para cambiar las cosas y favorecer al equipo. Y tras esa reflexión, intentaba establecer un plan claro de trabajo, con objetivos concretos, que me permitieran avanzar hacia una mejor versión.
Otra de las claves fue el apoyo de mi entorno. Contar con mi familia y mis amigos —personas que te conocen de verdad, te cuidan y te acompañan también cuando las cosas no salen— te ayuda a relativizar, a sostenerte emocionalmente y a recuperar perspectiva.
Y todo esto es algo que intento aplicar hoy en la Gasol Foundation. Nuestra metodología se basa en evidencia científica y parte de una idea clara: el bienestar no es solo físico; el bienestar emocional es un pilar de la salud, junto con la actividad física, la alimentación saludable y el sueño de calidad.
En esa mirada integral de la salud encaja mucho algo que poca gente conoce: usted empezó Medicina y tuvo que dejarlo por la incompatibilidad con el alto rendimiento. Mirándolo con perspectiva, ¿qué le aportó esa vocación y cómo influye hoy en su manera de entender la salud, también dentro de la Fundación?
Como comentaba, el interés por el mundo de la salud me viene de familia. Mi madre fue médico toda su vida y mi padre, enfermero. Empecé medicina convencido del impacto que podría generar, en un momento en el que no sabía si mi carrera deportiva iba a ser mi futuro profesional.
Esa experiencia, y sobre todo los valores y la importancia que mis padres siempre otorgaron a la salud desde una visión holística, han influido profundamente en mi manera de cuidar mi propia salud y la de los míos, y también han marcado la filosofía de la Gasol Foundation.
Incluso en mi faceta como inversor, como presidente de Gasol16 Ventures, la salud y el bienestar son dos de los ámbitos en los que concentro mi interés, apoyando proyectos en fases avanzadas a los que aportamos experiencia, marca personal y capital.
Si retrocedemos a sus inicios, llegó al Barça siendo muy joven, en plena etapa de formación. ¿Qué le dio el Barcelona, a nivel personal y deportivo, que crea que no habría aprendido en ningún otro lugar?
Llegar al Barça siendo tan joven fue decisivo para mi formación, no solo como jugador, sino también como persona. El Barcelona me dio una manera de entender el deporte y la vida basada en valores como el esfuerzo, la humildad, el respeto y el trabajo en equipo. Allí aprendí que el talento por sí solo no es suficiente, que hay que formarse, escuchar, aprender y mejorar cada día. A nivel deportivo, el Barça me enseñó a leer el juego, a pensar el baloncesto, a entender que el interés colectivo siempre está por encima del individual. Más allá de la pista, me ayudó a crecer en un entorno exigente, pero muy formativo, donde se cuidaba mucho la educación, el equilibrio personal y el desarrollo a largo plazo. Esa combinación de excelencia, valores y formación integral es algo muy propio del Barça y fue clave para que estuviera preparado para todo lo que vino después.
Y conectando con el Barça actual: el club vive un nuevo ciclo con el regreso de Xavi Pascual al banquillo. ¿Qué le transmite este equipo y qué cree que necesita para volver a sentirse candidato real a todo?
Veo a un Barça que está en un proceso de reconstrucción, pero con una base muy prometedora y con una identidad clara que puede volver a consolidarse. El regreso de Xavi Pascual aporta conocimiento profundo del club, rigor, exigencia y una idea muy clara de cómo competir al máximo nivel. Es un entrenador que entiende muy bien qué significa el Barça, que ya sabe lo que es ganar aquí y que tiene claro lo que necesita para volver a hacerlo.
Para ser un candidato real a todo, creo que el equipo necesita tiempo, estabilidad y confianza en el proyecto. Más allá de fichajes o nombres propios, lo fundamental es construir una mentalidad sólida, una química fuerte y una identidad reconocible en la pista. Cuando el Barça ha sido realmente dominante, todos remaban en la misma dirección, con roles claros y un compromiso total con el equipo. Si se consigue esa cohesión y se mantiene la ambición, el Barça volverá a estar donde merece.
Veo a un Barça que está en un proceso de reconstrucción, pero con una base muy prometedora
Del Barça dio el salto a la NBA, que no es solo un cambio de liga, también de vida. ¿Qué fue lo más duro de esa transición: la distancia, el idioma, el estar lejos de su familia, el ritmo de competición…?
Dar el salto a la NBA fue un cambio enorme en todos los sentidos: no solo deportivo, sino también personal. Lo más duro es el proceso de adaptación al nuevo entorno. Pasas de conocer todo a la perfección, a empezar prácticamente de cero en otro país, con otra cultura, otro idioma y otra forma de vivir.
¿Y a nivel competitivo?
El ritmo de competición también fue un reto importante, sí. Más partidos, más viajes y menos tiempo para recuperarte. Las primeras semanas fueron realmente duras pero entonces entendí que, si quería ser competitivo en la mejor liga del mundo, debía adaptarme a esa nueva realidad.
Aun así, no solo se adaptó: se hizo más completo y se consagró como el mejor español de todos los tiempos. Si tuviera que señalar el “click” que le hizo crecer como jugador y como líder en la NBA, ¿qué fue: un entrenador, una derrota, una conversación, un hábito diario…?
No creo que haya un único “click”, sino una suma de experiencias que, poco a poco, te van moldeando. Si tuviera que señalar algo determinante, diría que fue asumir responsabilidades cada vez mayores y entender que el liderazgo no consiste solo en rendir bien, sino en hacer mejores a los demás.
Fueron los Grizzlies su Barça en Estados Unidos, donde se formó como jugador de la NBA.
Mi etapa en Memphis fue clave en ese sentido: pasé de ser un jugador joven que debía adaptarse a la liga, a convertirme en un referente dentro del equipo. Esto comporta una serie de responsabilidades como la voluntad de demostrar cada día y convertirte en un ejemplo para tus compañeros.
En ese camino imagino que también hay momentos oscuros. Si le pregunto por su peor momento —personal o profesional—, ¿cuál le viene a la cabeza?
Hubo varios momentos difíciles, pero uno de los más duros fue convivir con las lesiones en la parte final de mi carrera, especialmente cuando sentía que mi cuerpo no respondía como mi cabeza quería. Para un deportista, asumir esa frustración no es fácil. Pasas de competir al máximo nivel a tener que parar, esperar y aceptar la incertidumbre. A nivel personal también fue un reto, porque el baloncesto había sido la parte central de mi identidad durante muchos años.
¿Qué hizo para reponerse y salir adelante?
Para reponerme, lo primero fue aceptar la situación sin negar lo que sentía. Me apoyé mucho en mi familia, en mi entorno más cercano y en profesionales que me ayudaron a gestionar ese proceso emocionalmente. También intenté cambiar el foco: entendí que hay vida más allá del deporte y empecé a prepararme para lo que vendría después. Al final, esos momentos oscuros te obligan a parar, reflexionar y redefinir prioridades. Y aunque duelen, también te fortalecen y te ayudan a salir adelante con una perspectiva mucho más amplia.
Usted ha sido un referente para varias generaciones. Hoy cada vez más jóvenes españoles se marchan pronto a Estados Unidos. ¿Qué lectura hace de ese éxodo y cómo cree que afecta a la ACB, al proceso de formación… y, a medio plazo, a la selección española?
Al final, los jugadores van a ir a donde se les ofrezcan las mejores oportunidades, y eso es totalmente comprensible.
¿Cómo pueden los clubes europeos frenar esta fuga de talento?
Europa tiene una gran tradición en la formación de jugadores, con una manera especial de enseñar, de entender el juego en equipo y de conectar con el club. Esta relación entre el jugador y el equipo es única y muy valiosa. Ojalá el sistema europeo pueda seguir mejorando para ser aún más atractivo para las jóvenes promesas, para que puedan formarse aquí y seguir creciendo en un entorno competitivo y de alto nivel.
En su libro, ‘Bajo el aro’, insiste en la importancia de los retos. En su caso, ahora que la pista ya quedó atrás, ¿qué reto le ilusiona más hoy: la paternidad, el impacto social, seguir cerca del baloncesto, o reinventarse en otros ámbitos?
Todos esos retos que mencionas forman parte de mi vida y, de alguna manera, se retroalimentan. Pero si tengo que señalar el que más me ilusiona, diría que la paternidad. Ser padre te cambia la mirada: te ofrece una perspectiva mucho más profunda de lo que realmente importa y sobre el tipo de mundo que quieres ayudar a construir.
A partir de ahí, el impacto social cobra más sentido aún. Todo el trabajo que hacemos desde la Gasol Foundation, la colaboración con organizaciones como UNICEF o mi implicación en el ámbito del deporte y la salud tienen un propósito muy claro: mejorar el presente y el futuro de las próximas generaciones.
Seguir cerca del deporte también es importante para mí, porque es parte de quien soy. Ahora, lo vivo desde otro lugar, más ligado a los valores, al acompañamiento, a la formación y, en concreto, al Movimiento Olímpico. En el fondo, el gran reto es ese, reinventarme sin perder la esencia, seguir aprendiendo y contribuir de forma positiva.
Hablando de retos, en la Gasol Foundation se trabaja desde un enfoque integral (hábitos, entorno, descanso, actividad física, alimentación y bienestar emocional). Si tuviera que elegir una prioridad clara para 2026, ¿cuál sería?
Si tuviera que señalar una prioridad clara para 2026, diría que es garantizar el desarrollo y despliegue del Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil (PENROI).
En 2022, ayudamos a elaborar este ambicioso Plan como Aliados Estratégicos del Gobierno de España y desde entonces se han ido desplegando varias de las más de 200 medidas que recoge para reducir la incidencia de obesidad infantil en un 25% para el año 2030.
Este año 2026 tiene que ser clave para seguir avanzando en la implementación del Plan con el objetivo degenerar un impacto amplio y directo en miles de niños, niñas y familias.
Un ejemplo de ello es el proyecto “Tardes con Plan”, impulsado por el Ministerio de Sanidad, que se enmarca en el PENROI, y que permitirá alcanzar en los próximos dos años a más de 200.000 niños, niñas y adolescentes residentes en barrios en situación de vulnerabilidad en toda España. Este proyecto parte de una metodología que hemos estado validando durante los últimos seis años en la Gasol Foundation y tiene como objetivo promover el derecho a un ocio saludable en la población infantojuvenil y reducir las desigualdades sociales en salud.
En esta misma línea, hace unos días conocíamos que Marcus Cooper se unía a deportistas como Bruna Vilamala como embajador de la Fundación. ¿Cómo de importante es para vosotros contar con estos referentes del deporte en la Gasol Foundation?
Es fundamental. Contar con referentes del deporte como Marcus Cooper o Bruna Vilamala multiplica el impacto de nuestro mensaje y nos permite conectar de una manera mucho más cercana y creíble con niños, niñas y adolescentes. Ellos no solo representan éxito deportivo, sino también esfuerzo, constancia y valores que, desde la Fundación, creemos son fundamentales, y eso es algo con lo que muchos jóvenes se identifican. Para nosotros, que deportistas de distintas disciplinas y generaciones se sumen como embajadores de la Gasol Foundation es una señal muy potente. Demuestra que la prevención de la obesidad infantil y la promoción de hábitos saludables es una causa compartida. Su implicación nos ayuda a inspirar, a generar conciencia y a llegar más lejos, siempre desde el ejemplo y la coherencia.