Bulgaria se convierte en este 1 de enero en el país número 21 en asumir el euro como moneda oficial. Un cambio que se ve con escepticismo cuando no con temor en buena parte del país, el más pobre de la Unión Europea, a juzgar por lo que sus ciudadanos han admitido en la última encuesta realizada por la televisión pública.
El sondeo indicaba que el 57% de los búlgaros se oponía a la entrada en el euro, en su mayor parte por miedo a una subida de los precios. Lo cierto es que la entrada de los países bálticos, de Eslovaquia o de Croacia, los últimos en sumarse a la moneda única, ha supuesto un incremento de la inflación en esos lugares inferior al 0,4%. En todo caso, la extrema derecha búlgara ha aprovechado estas dudas de parte de la población para hacer de su oposición al euro uno de sus principales eslóganes frente a Bruselas.
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El Banco Central Europeo avisó antes del verano además de que, aunque el país cumplía ya con los requisitos para entrar en la moneda única, aún debía subsanar deficiencias en la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.
Tomorrow, Bulgaria joins the euro area.
This milestone reflects years of hard work and commitment.
Now it means simpler payments, easier travel and so many new opportunities for Bulgarian businesses.
Поздравления, България!
You can be proud of what you achieved. pic.twitter.com/4enOYWIKsH
— Ursula von der Leyen (@vonderleyen) December 31, 2025
Inestabilidad política
A estos temores económicos se suma la profunda inestabilidad política que ha llevado al país a celebrar siete elecciones en esta década que no han resuelto realmente el caos, ya que actualmente está bajo un gobierno en funciones.
El pasado 11 de diciembre dimitió el último primer ministro en medio de una oleada de protestas en las calles por parte de una ciudadanía que acusa a su clase política de estar corroída por la corrupción. El último índice anual de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional ha situado a Bulgaria como el segundo país más corrupto de la Unión Europea, solo por detrás de Hungría.
La gota que ha colmado el vaso a finales de 2025 fue el anuncio del último gobierno de subir los impuestos para 2026, lo que desencadenó el descontento en las principales ciudades del país. Hasta 100.000 personas llegaron a manifestarse en Sofía con una movilización especialmente relevante de la población más joven.