Por nuestro lado pasan carritos ofreciéndonos cócteles de ron y champán acompañados de Reblochon, pero Padovani me anima a probar la Chartreuse, un licor de hierbas francés elaborado por monjes e inmortalizado por todo tipo de artistas, desde Quentin Tarantino hasta ZZ Top.

A la mañana siguiente, aprovechando el sol de la mañana, Padovani me lleva a Tignes a hacer snowboard y lo observo bajar con un estilo surf muy noventero. A mediodía, me acerco al pueblo a recuperar fuerzas con una tartaleta de arándanos de Maison Chevallot que lleva elaborándolas desde 1965. A mis ojos, a Val d’Isère aún le queda mucho para convertirse en Courchevel o Cortina d’Ampezzo y tampoco tiene el famoseo de Verbier, que es a lo que más me recuerda. La estética sigue siendo tradicional y deportiva sin grandes marcas de lujo. Puede que las cosas estén cambiando rápido, pero arriba se respira tranquilidad. Aquí, las montañas siguen teniendo la última palabra y eso es, al final, lo que atrae a tanta gente a este singular rinconcito del planeta.

Cuaderno de viaje

DÓNDE DORMIR

Experimental Chalet Val d’Isère (Rue de la Poste, 101)

Esta propiedad de 113 habitaciones se reinauguró el pasado diciembre tras el rediseño de Dorothée Meilichzon. La nostalgia se aprecia en la chimenea de piedra de Saboya, en el acogedor restaurante L’Aiglon y en L’Aigle d’Or, una brasserie con un excelente filete de ternera de Montbéliard. El alma del lugar es el Experimental Cocktail Club, uno de los lugares más cool de la zona con su estilo setentero.

Le Refuge de Solaise (Téléphérique de Solaise)

En 2019, dos emprendedores transformaron la estación abandonada del teleférico de Solaise en un chalet de madera y cristal a casi 2.600 metros de altura. Las vistas son increíbles, en especial desde el vestíbulo, diseñado por Hugo Toro. Las 16 habitaciones y suites destilan estilo alpino, y el spa tiene saunas y un jacuzzi en la nieve. ¿Lo mejor? La oportunidad de disfrutar de la soledad de la montaña cuando se marcha el último teleférico.

Airelles Val d’Isère (Rue de la Poste, 145)

La marca Airelles abrió en 2019 su hotel en Val d’Isère, ocupando el antiguo Hotel le Brussel’s. Su diseño de influencia renacentista es obra de Christophe Tollemer, artífice del opulento Le Grand Contrôle de Versailles. Tras una cena en la terraza del restaurante Palladio, el postre son las obras de arte comestibles de Cedric Grolet. Desde el restaurante Matsuhisa del chef Nobu hasta el spa de Guerlain spa, pasando por el club infantil y los mayordomos y personal shoppers, esta fantasía alpina pensada al detalle lo tiene todo para agradar a los más exigentes.

Habitación en Hôtel le Val d'Isère.

Habitación en Hôtel le Val d’Isère.

Jack Johns