Un portal de la calle Alonso Nart de Sama fue el lienzo elegido en el año 1958 por un joven Eduardo Úrculo para pintar un mural de inspiración mitológica. En tres paredes, la obra -de tonos verdes, azules y ocres- representa a Neptuno recibiendo ofrendas de las sirenas, a varios caballos trotando por una bucólica pradera, y a medusas, peces y estrellas de mar pululando por las profundidades.
Las pinturas son un ensayo de juventud, de un Úrculo de apenas veinte años que aún no había recibido formación artística, con una temática no muy ligada a su trayectoria posterior. Sin embargo, ilustran la primera huella del fallecido artista langreano, una impronta que amenaza con perderse para siempre por el progresivo deterioro del espacio que acoge los murales.

El edificio que alberga las pinturas, vallado. / M. Á. G.
El edificio que alberga las tres pinturas del artista langreano fue vallado por el Ayuntamiento de Langreo en la primavera de 2018. El inmueble estaba vacío, al ir vaciándose de residentes, pero los actos de vandalismo registrados y el acceso de personas ajenas obligaron al Consistorio a actuar. Siete años después, al contrario de lo que ocurrió con los murales de la librería Belter, también en Sama, sigue sin haber perspectiva de que las obras vayan a recuperarse.

Uno de los murales de Úrculo, antes de que el edificio fuera tapiado / FERNANDO RODRIGUEZ
La actuación acometida por el Ayuntamiento pretendía, además de garantizar la seguridad, evitar que las pinturas se deteriorasen. No obstante, más allá de aquella intervención no hay sobre la mesa ningún plan de conservación ni de recuperación y las pinturas languidecen en su forzado «encierro». Por una rendija de la valla, detrás de las telarañas, aún puede verse a Neptuno, a las medusas y los caballos.
Librería Belter
El Ayuntamiento sí actuó en los cinco murales alusivos al mundo de la literatura que fueron rescatados en los días previos al derribo del edificio de la emblemática librería Belter de Sama, donde se encontraban. Para ello se utilizó una compleja técnica consistente en colocar un tejido que absorbe la pintura y que, posteriormente, con el uso de unas lacas especiales, permite reproducirla en otro formato, ya sea escayola, lienzo o madera.

Uno de los murales, tras las telarañas de la valla. / M. Á. G.
El coste de la actuación realizada en la librería Belter para recuperar las pinturas alcanzó los 8.600 euros, ampliándose sobre las previsiones iniciales ya que se había valorado salvar únicamente una de las pinturas, la menos deteriorada. Finalmente se rescataron todas. Úrculo, en una conversación mantenida con este diario en febrero de 2003, poco antes de su fallecimiento, reconocía que los murales de Sama eran su «primera huella como artista» y que sería una «lástima» que se perdieran.
Eduardo Úrculo nació en Santurce (Vizcaya) el 21 de septiembre de 1938, pero la familia se trasladó a Sama en 1941. En la Cuenca del Nalón, un joven Úrculo trabajó como ayudante de topografía, lo que despertó su interés por el dibujo y por el arte. Ahí empezó todo: Úrculo había encontrado su pasión, su vocación, y a los 19 años, en 1957, inaugura su primera exposición individual en el Hogar del Productor de La Felguera. Ese mismo año empieza a colaborar como dibujante en el suplemento dominical de LA NUEVA ESPAÑA. Esos dos hechos llevaron al Ayuntamiento de Langreo a concederle una beca para irse a Madrid a estudiar en el Círculo de Bellas Artes y en la Escuela Nacional de Artes Gráficas.
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