El año 2025 ha estado cargado de emociones para el Monbus Obradoiro, con dos proyectos con un mismo objetivo y sensaciones totalmente opuestas. El ascenso ha sido la meta de los de Sar, siendo un vía crucis en la campaña 24/25, con un equipo incapaz, plano y mal dirigido, y una ilusión en la presente, con una plantilla prometedora, talentosa y bien comandada. Por ello, los picheleiros despiden el año con esperanzas renovadas, especialmente tras superar recientemente al Leyma Coruña en el derbi gallego en la cumbre.

La era Félix Alonso

Pero, para repasar este 2025, toca arrancar por el comienzo. A mediados de diciembre de 2024, en el club tomaban la precipitada decisión de cortar a Gonzalo Rodríguez al no obtener los resultados que pretendían en la cúpula del club, tomando la que sería una muy desacertada elección de técnico al firmar a Félix Alonso a finales del mismo mes. Por ello, el inicio del año fue en los primeros compases de la era del preparador leonés, que cerraba el 2024 cayendo con su exequipo en el derbi en Sar con el Ourense (68-71).

El inicio de año traería un nuevo tropiezo ante Alicante (90-85), con los de Sar acumulando 7 triunfos y 8 derrotas, lejos de las 14 victorias del líder, San Pablo Burgos, establecidos en la séptima posición de la tabla. El cambio de dinámica arrancaría tras el triunfo en Copa España ante el Valladolid. A partir de ahí, los compostelanos obtendrían buenos resultados en liga, teniendo de por medio una racha de 10 victorias consecutivas, y alcanzarían la final por el trofeo copero, cayendo en la final ante el Burgos, equipo que también lograba el ascenso directo.

Félix Alonso ocupó el puesto de Gonzalo Rodríguez

Félix Alonso ocupó el puesto de Gonzalo Rodríguez / Jesús Prieto

Durante este proceso, a Félix se le dotó de superestrellas para la Primera FEB como Brodziansky y Barcello, además de un base de nivel como Faggiano. Así, lograba terminar la temporada regular como cabeza de serie (5º) por encima del Palencia, cumpliendo el objetivo que le marcaron. Los de Sar terminaron con 23 victorias y 11 derrotas (16 y 5 con Félix). Eso sí, la realidad del Obradoiro era muy distinta a los resultados.

La etapa del leonés fue de un baloncesto plano, volcándose en la defensa, sin ser brillante, y con una configuración ofensiva inexistente. Tampoco logró domar a figuras como la de un Balvin que nunca apareció, evitar que Brodziansky se contagiase de las actitudes del checo y no conisguió recuperar a algunas de sus principales armas como Davison o Varela. De hecho, en el cierre liguero no tuvo opción con Fuenlabrada (84-68) y firmó un paupérrimo encuentro ante Gipuzkoa en Sar (63-65). Técnico resultadista, pero poco táctico. Tuvo la suerte de contar con piezas que no tuvo su predecesor y no supo sacarles rendimiento.

Un playoff sin opciones

En el playoff se olía la sangre. Todo el que había visto a los de Sar sabía que el rendimiento estaba lejos del talento real del equipo. Pero el Obradoiro tenía la ventaja de campo y esbozó una esperanza en sus aficionados ganando el primer duelo (87-83). Un oasis en el desierto que secó un Palencia que sí tenía un entrenador y unos jugadores completamente metidos en el playoff. Luis Guil dio un repaso táctico ganando claramente los tres duelos siguientes y siendo superior en los dos lados del campo. Ya lo dijo Raúl López, tras la derrota en el segundo choque en Sar, sabía que este proyecto no acabaría en buen puerto. Buen ejemplo fue el cuarto y definitivo choque, con el Obra capturando 0 rebotes ofensivos.

Ondrej Balvin, el principal señalado del desastre del Obradoiro, aunque no el único.

Ondrej Balvin, el principal señalado del desastre del Obradoiro, aunque no el único. / Jesús Prieto

Se cerró ese ciclo y las dudas sobre el futuro del Obra no dejaron de sucederse. Héctor Galán dio la cara: «Nos hemos quedado lejos del objetivo. Todo parte de una mala configuración de inicio de temporada y el responsable soy yo«. Raúl López se mantuvo al frente de la presidencia y le concedió una segunda oportunidad al director general.

Nueva temporada de ilusiones

Faltaba la pieza del banquillo y llegó la sorpresa. Y como si de la película de ficción se tratase, llegó ‘una nueva esperanza’. Diego Epifanio, ‘el hombre de los ascensos’, llegaba a Sar desde el Leyma Coruña. Bajo su paraguas aterrizaban en Santiago Huskic, Lundqvist y Barrueta. Además, el Obra firmaba a Westermann, Brito, Andersson, Etxeguren y Dos Anjos. Continuaban Barcello, Quintela, Galán y Grela. También se abría una ‘batalla’ con Onuetu, que puso rumbo a la NCAA teniendo contraro en Sar.

Diego Epifanio, la nueva esperanza del Obradoiro

Diego Epifanio, la nueva esperanza del Obradoiro / Jesús Prieto

El proyecto tenía mejor forma, una inversión inicial muy superior a la del curso pasado -que le costó el puesto a Gonzalo y las opciones de ascenso al club- y solo faltó la suerte. Lundqvist se lesionó el hombro derecho en pretemporada y Huskic se ‘voló’ la rodilla en el primer duelo. Con ello, dos derrotas en el inicio liguero que encendían las alarmas. Epi pidió calma y recordó que sus proyectos se ‘cocinan a fuego lento’. Y así fue. Poco a poco, no sin sufrimiento, los picheleiros fueron ganando y, sobre todo, mejorando en sensaciones de juego, iniciando con el ‘milagro’ en Gipuzkoa (95-96). Invictos en Copa España, entraron en una racha de 11 triunfos en liga para un total de 13 con los coperos, superando incluso al Estudiantes, en Madrid y por la mínima (78-79).

Por el medio, han llegado Kravic y Speight para reforzar la plantilla y Lundqvist ha dicho adiós a la temporada. Pero Epi ha logrado traer la ilusión de vuelta al obradoirismo, despidiendo el año con el triunfo en el derbi gallego ante el Leyma Coruña (103-99), líder de la liga, para seguir dependiendo de sí mismo para el ascenso directo y poniéndose a una victoria de los herculinos. Así, arranca un prometedor 2026 para el Obradoiro, que junto al Leyma apunta a principal candidato al ascenso directo y a conquistar la Copa España, con un juego alegre y, posiblemente, la mejor defensa de la competición.