En un edificio modernista de la Condesa, cuya restauración a cargo de Michan Arquitectos dejó al descubierto la crudeza del concreto y la memoria azulejada de los años 50, el interiorismo de Christian Sarubi encontró la oportunidad de tender un puente entre opuestos. Sus clientes, una pareja mexicana-alemana que reparte su vida entre Berlín y Düsseldorf, buscaban un pied-à-terre en Ciudad de México que los recibiera con la calidez de un hogar libre de pretensiones y excesos, pero con altas dosis de personalidad, y que fuera capaz de reflejar y sostener sensibilidades distintas en un mismo relato.

Cocina que combina madera concreto y metal.

La cocina se rediseñó con mosaicos artesanales de LOFA, cubiertas en travertino y una isla de acero inoxidable que rebota la luz.José Margaleff.

Mientras que a él lo atraía la energía fría del concreto y el metal; a ella, la textura franca de la madera y la intimidad de lo artesanal. El reto fue conciliar ambas miradas y la desnudez de la restauración fue la pieza faltante para concebir una alquimia precisa a través del diseño. Se logró con una fórmula simple: templar la rudeza estructural con materiales nobles y envolventes, rescatar la herencia modernista sin solemnidad y, sobre todo, hacer del espacio un lugar de libertad.

Comedor de concreto con piso y mobiliario de madera.

El comedor se articula en torno a una mesa diseñada por el estudio y una banca en volado con rodapié de cedro rojo, piezas que armonizan con la solidez del concreto y un espejo de aire modernista.José Margaleff.