En la Puerta del Sol, cuando el reloj se asoma a la medianoche, Cristina Pedroche ya no solo presenta unas Campanadas: las viste con la sorpresa de cada año. Este 31 de diciembre, en su duodécima Nochevieja televisiva en Atresmedia, la presentadora convirtió el “¿qué llevará?” en un ejercicio de memoria y costura. El resultado fue un collage construido a partir de fragmentos de todos sus looks anteriores: plumas, strass, tul, flores, aplicaciones de cristal y hasta una mascarilla convertida en tiara.
Doce años de estilismos
La idea de Josie era deliberadamente antológica: reunir en una sola pieza “elementos que forman parte de la memoria colectiva de millones de espectadores” para “celebrar 12 años de estilismos” asociados ya a la marca cultural de las “Pedroche Campanadas”. Es decir, un resumen material de una década larga de conversación pública, memes, debates estéticos y titulares que, año tras año, han acompañado a la cuenta atrás.
La confección fue también una lección de ingeniería artesanal. El propio relato del proceso habla de “reunir todo el material de 12 años: flores, brillos, esculturas, retazos” y resolver, capa a capa, problemas de equilibrio, peso y customización. Para hacerlo, el equipo recurrió a talleres especializados y a una red de artesanos del Made in Spain, un aspecto que Josie subraya de forma recurrente cuando describe el proyecto como una pieza coral más que como un simple “vestido”.
En lo visual, la prenda funcionó como un mapa de referencias reconocibles para el espectador fiel. Según el desglose publicado tras la retransmisión, el delantero mezclaba tejidos extraídos de capas/abrigos de años anteriores (desde un mikado rojo hasta un tafetán rosa) y sumaba aplicaciones de cristal vinculadas a su primera etapa en Antena 3.
La asimetría de las mangas, pensada para que el patchwork no se leyera como un “mazacote”, incorporaba cadenas de strass recuperadas de un tocado anterior y una cascada de tul procedente de otra edición.
Una tiara de mascarilla
El golpe de efecto más comentado, sin embargo, estaba cerca del rostro: una tiara construida a partir de la mascarilla de la época de pandemia, rematada con un ramillete de plumas procedente de un casco anterior; un guiño directo a la iconografía reciente y, a la vez, una forma de convertir lo cotidiano en emblema ceremonial.
En el conjunto también reaparecían cristales vinculados a etapas previas, incluidas piezas asociadas a la leche materna del look del año pasado, según esa misma descripción, repartidos como “recuerdos” a lo largo del traje.
Más allá de la moda, Pedroche utilizó de nuevo el foco para un mensaje social: este año, en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer, centró el discurso en el acompañamiento, el apoyo y la necesidad de impulsar la investigación.
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El ‘upcycling ‘
La elección encajaba con el tono general del look: una pieza hecha de “restos” que no es ruina, sino reconstrucción; un ‘upcycling’ que, en clave simbólica, habla de recomponerse.
En una noche donde todo dura apenas doce campanadas, el “vestido collage” aspiró a recordar una historia de doce años. Y quizá ahí esté su verdadera grandeza.