A diferencia de lo que se suele pensar, una reforma o una vivienda no tiene por qué responder a una necesidad urgente del presente. Diseñar un hogar a largo plazo puede ahorrarnos muchos dolores de cabeza. Sin embargo, postergar las decisiones importantes puede hacernos evadir nuestro proyecto de vivienda. La casa que habitamos a partir de los 65 años no es una solución temporal. Es, en muchos casos, el lugar donde viviremos nuestra jubilación, nuevas rutinas, tiempo con hijos y nietos, incluso nuevos pasatiempos. Para reflexionar sobre cómo debería ser el hogar donde hacernos mayores, hablamos con el interiorista Carlos Rubio, director de Insenia (@insenia_design_school_madrid). Desde una mirada personal y profesional, el experto nos explica que envejecer en casa no significa renunciar al estilo ni a la continuación de la vida, sino diseñar espacios que nos devuelvan autonomía, placer y tranquilidad cuando más lo necesitamos.
La casa ideal para una nueva etapa
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Qué mejor experto para contarnos cómo es la casa ideal a los 65 años que Carlos Rubio. Y es que, justamente, el director de Insenia ha diseñado recientemente su hogar para el paso de los años. «No tengo que imaginarme mi casa del futuro, la verdad. Me la acabo de hacer«, nos cuenta. «Y no pensando en el ‘por ahora’, sino en el ‘para siempre’. Porque la casa ideal a los 65 no es provisional: es la casa en la que te apetece estar, vivirla, cuidarla… y dejar que te cuide un poco también», explica.

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A nivel práctico, Carlos nos cuenta que está todo en una planta, sin trampas ni escaleras encubiertas: algo fundamental si pensamos en seguridad y accesibilidad. «Cuenta con ducha a ras de suelo, muebles bien dispuestos, sin esquinas maliciosas ni pasillos innecesarios«, afirma. Ahora bien, el paso del tiempo no significa que la casa deba perder estilo. «Mi casa no es una casa «de mayor» en el sentido clásico. Los 70 de ahora son los 50 de antes. No tiene por qué parecer una residencia geriátrica. Uno puede envejecer con estilo, faltaría más», subraya.
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Durante el proyecto, el interiorista hizo hincapié en contar con un buen sistema domótico «a discreción», señala. «Que le puedas decir ‘enciende las luces del dormitorio’ o ‘apaga la calefacción’ y que la casa obedezca. Porque una cosa es cumplir años y otra renunciar a la comodidad (y al gusto por los gadgets)«, reflexiona Carlos.
Por último, se trata de una casa pensada para reunir a familiares y amigos. «El jardín para mí es fundamental: pequeño, cuidado, con tiestos, tumbonas al sol y un comedor de verano para doce. Que la casa también está pensada para abrirla, para llenarla de gente y de vida«, comenta.
Claves de experto para una casa cómoda y segura
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Es sumamente importante que el hogar sea seguro y fácil de mantener. Muchas veces, a medida que pasan los años, vamos perdiendo movilidad. «Lo primero es tener una casa que no te dé trabajo. A cierta edad, lo cómodo no es el sofá mullido, sino no tener que estar pendiente de que se rompa algo cada semana», explica Carlos.
«Para que una casa sea cómoda de verdad, no puede esclavizarte ni física ni económicamente. Tiene que ser fácil de limpiar, fácil de calentar en invierno y de refrescar en verano, y no dejarte temblando cada vez que llega la factura de la luz», afirma.
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Para el interiorista, es clave contar con materiales nobles, pero también resistentes. «Los textiles deben ser agradables al tacto, pero lavables. Prefiero acabados que envejecen bien, luces LED regulables, electrodomésticos con sentido común, y mucho aislamiento de verdad«, aconseja. Nos recuerda que, a esa edad, «uno no está para andar poniéndose el forro polar dentro de casa».

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Una buena inversión es instalar placas solares y baterías. «Te olvidas del recibo de la luz durante muchos meses al año», subraya Carlos. «Y lo mismo con la calefacción. Instalar aerotermia mientras aún estás en activo te permite tener la casa calentita por la mitad de dinero cuando te jubiles», aconseja. El experto advierte algo de lo que poco se habla: «Sí, los 70 de ahora son los 50 de antes, pero con menos ingresos. Y eso también hay que diseñarlo«.
Un hogar con memoria
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Reformar el hogar pensando en el futuro no consiste en cambiar absolutamente todo. «Podemos mantener la calidez con cabeza y con cariño, porque la memoria está en los objetos, sí, pero también en cómo los colocas, en qué decides guardar y qué dejas ir», reflexiona Carlos.
«A estas alturas, uno ya ha acumulado muchas cosas, muchas historias… pero no todo tiene que estar a la vista. No se trata de vivir en un altar de uno mismo, sino de convivir con lo que de verdad te hace sentir bien«, explica el interiorista.

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Desde su punto de vista, deberíamos mantener aquellos elementos realmente significativos: «Yo soy partidario de conservar piezas especiales: una butaca heredada, una vajilla antigua, ese cuadro que te pintó un amigo hace treinta años. Pero rodearlos de espacio, de calma, de aire. Para que respiren y tú también. Es un error pensar que más cosas significan más calidez. A veces, lo contrario», resalta.
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Asimismo, Carlos nos invita a mirar este refugio llamado hogar con perspectiva. «Seamos realistas: con 65 años y un poco de buena salud, todavía te queda mucha vida por delante«, advierte. «No puedes vivir con la mirada puesta exclusivamente en el pasado, como si ya se hubiera acabado todo lo bueno. Porque no. Esa casa tiene que seguir teniendo sitio para lo que está por venir —que puede ser mucho y muy bueno—. Dejemos memoria, sí, pero también hueco para nuevas historias«, aconseja el experto.
Más que nunca, el hogar como refugio
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«La casa siempre ha sido un refugio, pero a partir de cierta edad lo es más que nunca«, reflexiona el experto. ¿Por qué? Básicamente porque nuestros vínculos profesionales se van modificando. «Vas perdiendo redes: ya no están los padres, los hijos se han ido, y la red profesional, que antes estructuraba tu día a día, se afloja o desaparece«, comenta el interiorista. «Entonces la casa se convierte en ese lugar donde te recoges, donde te reencuentras contigo, donde sigues proyectando cosas, aunque sea a otro ritmo», aclara.

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Por esta razón, es fundamental que el hogar sea seguro, cómodo y flexible. En palabras de Carlos, «es importante que la casa no se vuelva una trampa«. Por eso, «si duele subir las escaleras, si mantenerla cuesta más que tu pensión, si la calefacción no te la puedes permitir… entonces deja de ser un refugio y pasa a ser una carga«, explica, lo cual no solo impacta a nivel físico, sino también emocional. «Lo triste es que, a veces, no queda más remedio que irse. Y cuando te ves obligado a abandonar tu casa no por deseo, sino por necesidad, duele mucho más», dice el experto.
En este sentido, la planificación es clave. «Cuanto antes pensemos en cómo queremos vivir esa etapa, mejor. Para que ese refugio siga siéndolo. Para que no tengas que irte de tu casa justo cuando más la necesitas. Porque jubilarse puede ser empezar otra vida, y ojalá que la casa esté lista para acompañarla», concluye Carlos Rubio.