La carrera por integrar la inteligencia artificial en dispositivos de consumo ha dado un nuevo salto con la presentación de Pickle 1, unas gafas de realidad aumentada desarrolladas por Pickle Inc.

El producto aspira a ir más allá del concepto de asistente conversacional que ya exploran compañías como Meta, al plantearse como un sistema capaz de observar, recordar y anticipar el comportamiento del usuario en su vida diaria. La compañía define el dispositivo como un “soul computer”, una propuesta que sitúa la memoria y el contexto en el centro de la experiencia tecnológica.

Un enfoque basado en la memoria y el contexto

A diferencia de otras gafas inteligentes que reaccionan a comandos explícitos, Pickle 1 se presenta como un acompañante proactivo. El dispositivo funciona con Pickle OS, un sistema operativo propio diseñado para recopilar información contextual a partir de cámaras, micrófonos y sensores, y organizarla como un único conjunto de recuerdos accesibles. Según la compañía, este sistema dispone de una memoria teóricamente ilimitada, capaz de recuperar escenas vistas u oídas cuando el usuario lo necesita.

Este planteamiento busca reducir la dependencia de aplicaciones tradicionales y menús. El sistema puede sugerir acciones, mostrar información relevante o recordar eventos pasados sin que medie una petición directa. Para ello, Pickle recomienda un uso mínimo de tres horas diarias y al menos 50 interacciones visuales, un requisito que apunta a un aprendizaje intensivo de hábitos y rutinas.

El dispositivo incorpora avatares interactivos que dialogan con el usuario y actúan como interfaz principal.

El dispositivo incorpora avatares interactivos que dialogan con el usuario y actúan como interfaz principal. Además, integra un lector de huellas en la patilla, lo que limita el acceso al propietario y refuerza el control de uso. Este elemento distingue a Pickle 1 frente a otras gafas con IA que carecen de autenticación biométrica directa.

En el plano técnico, las gafas pesan 68 gramos y cuentan con una estructura de aluminio disponible en acabados negro y plata. Ofrecen una pantalla binocular a todo color, que la empresa define como la más amplia en su categoría de gafas AR autónomas. El sistema se apoya en un chipset Qualcomm Snapdragon y en una configuración de doble batería que promete hasta 12 horas de uso mixto, lo que debería ser suficiente para una jornada completa.

Asimismo, el dispositivo puede gestionar tareas como enviar mensajes, reservar transporte, realizar compras o concertar citas, siempre a través de interacciones naturales y sin depender de aplicaciones externas visibles para el usuario.

Privacidad como argumento central

La ambición de un sistema que observa y recuerda plantea, de forma inevitable, interrogantes sobre privacidad. Pickle ha hecho de este punto uno de los ejes de su discurso. La compañía asegura que los datos se cifran por defecto y solo se descifran dentro de enclaves de hardware aislados.

Además, afirma que la información se almacena de forma temporal en memoria volátil y que no se utiliza para entrenar modelos ni se conserva tras interactuar con aplicaciones de terceros.

El contenido mostrado a través de las gafas solo resulta visible para el usuario, mientras que el sistema incluye controles de “fuera de registro” que permiten desactivar de forma inmediata cualquier captura de información.

Precio y disponibilidad

Más allá del hardware, Pickle trabaja en la creación de un ecosistema de software propio. Entre sus funciones más llamativas figura un avatar corporal generado por IA, capaz de representar al usuario en videollamadas en plataformas como Zoom, Microsoft Teams o Google Meet, sincronizando voz y gestos con baja latencia.

Las Pickle 1 ya están disponibles para reserva únicamente en Estados Unidos, con un precio de 799 dólares y un depósito reembolsable de 200 dólares para asegurar una unidad de la primera producción. La compañía no ha confirmado, por ahora, planes de lanzamiento internacional.