Viernes, 2 de enero 2026, 18:18
La bicipista que conecta Iurreta y Amorebieta surgió como una apuesta clara por la movilidad segura y sostenible. Sin embargo, un par de años después de su apertura al público, lejos de generar consenso, la infraestructura se ha convertido en motivo de debate y de quejas cruzadas entre vecinos, conductores y los propios ciclistas, que le han dado la espalda.
La vía forma parte de la conocida bicipista del Ibaizabal, un proyecto impulsado por la Diputación de Bizkaia para fomentar los desplazamientos en bicicleta entre municipios cercanos. Las obras comenzaron en diciembre de 2021 y se inauguró en 2023, con una longitud aproximada de 7,5 kilómetros y una inversión cercana a los 11,7 millones de euros. El trazado enlaza núcleos urbanos, barrios, polígonos industriales y centros educativos, y se integra en un plan más amplio para extender este tipo de itinerarios.
Uno de los reproches más repetidos tiene que ver precisamente con la cantidad que se gastó para llevarla a cabo. «No entendemos por qué se ha gastado tanto dinero si la mayoría de los ciclistas siguen yendo por la carretera», lamenta Juan Arrieta, vecino que circula a diario por la N-634 por motivos laborales. Por su lado, Miren Gorrotxategi, conductora habitual del tramo, cree que el problema se agrava los fines de semana. «Cuando van en grupo es peligroso para ellos y para los coches», afirma. Al igual que ella, hay quien reclama a la Diputación que «exija el uso de la vía ciclable».
La polémica se intensifica cuando entra en juego el tráfico pesado. Nerea Zubizarreta, vecina de la zona, advierte de que «de lunes a viernes también se ve a personas practicando ciclismo. Con los numerosos camiones y tráilers que circulan, el peligro es evidente».
En cuanto a los apasionados al ciclismo, no hay unanimidad de posturas. Iker Urrutia, aficionado a las dos ruedas desde hace diez años, reconoce que él sí utiliza la pista, pero se apresura a recordar que no existe obligación legal de hacerlo. «Cada uno decide por dónde circular y asume el riesgo», subraya. Otros, en cambio, reclaman margen a la hora de practicar su deporte, especialmente los domingos. «La bicipista está bien, pero que nos dejen decidir», pide Jon Moreno.
Hay ciclistas que tampoco entienden el malestar vecinal. Unai Bilbao considera que se está señalando al colectivo de manera injusta. «Llevamos tiempo circulando por arcenes sucios, llenos de piedras, tornillos o clavos, y no nos quejamos, a pesar de la amenaza que eso conlleva», dice.
Si bien son muchos los usuarios descontentos, hay quienes están satisfechos. Pedro Fernández y Txomin Larrañaga, ambos jubilados, se muestran encantados. «Ya tenemos una edad y no estamos para exponernos», explican. Para ellos, supone poder pasear en bicicleta con tranquilidad y sin sobresaltos. Antiguos corredores aficionados coinciden en una reflexión final: «Ojalá nos hubiera pillado de jóvenes; probablemente nos habríamos ahorrado algún que otro susto».
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