Los años fueron pasando, su performance en Playoffs continuó siendo sensacional (cómo olvidar su doble Hail Mary contra los Cardinals, o aquél pase contra la banda vs Dallas), aunque sin éxito colectivo. Los Packers nunca pudieron regresar al Super Bowl y, ya en los últimos 3-4 años de su etapa en Green Bay, la diferencia entre el Rodgers de temporada regular (que siguió ganando MVP´s) y el Rodgers de Playoffs comenzó a ser notoria.
En paralelo, la pandemia y ciertas posturas de mínima polémicas por parte del señor Rodgers lo alienaron un poco a los ojos de la opinión pública. El hombre que años atrás supo ser amado y venerado por una amplia mayoría veía cómo, de pronto, su approval rating empezaba a declinar.
Luego llegó la decisión de Green Bay. La historia se repitió y, así como los Packers optaron por AR12 en lugar de Favre, la franquicia se encolumnó detrás de Jordan Love. Rodgers eligió Nueva York como su siguiente destino, experimento que no funcionó por una combinación de muy mala fortuna (en su primera temporada) y un rendimiento general menor del esperado (en su segunda).
La presente temporada significó una suerte de rejuvenecimiento para Rodgers. Está claro que Pittsburgh le ha sentado bien. Lo mismo se puede afirmar sobre su relación con Mike Tomlin. Los resultados han sido más que aceptables (récord de 9-6, 23 TDs contra 7 INTs y un rating de 95.3) y, si bien no ha completado su arco de redención total con el público (ni pareciera interesarle hacerlo), al menos pareciera haber recobrado ese «joie de vivre».
Será el domingo la última vez que veamos a Aaron Rodgers en el emparrillado? Por lo pronto, si los Steelers ganan la respuesta obvia es que no. En tal caso, Rodgers tendrá una chance más de probarse en la postemporada. Si Pittsburgh pierde…comenzarán los rumores. Tal como le viene sucediendo desde antes de ser drafteado, Rodgers será noticia. Y nosotros estaremos allí. Siguiéndole a cada paso.