Los expertos en salud han instado a Europa a frenar su dependencia de los antibióticos ante el creciente riesgo de resistencia a los fármacos, pero algunos países los utilizan a ritmos mucho más altos que otros.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) se produce cuando patógenos como bacterias o virus evolucionan hasta esquivar los fármacos disponibles, lo que complica el tratamiento de las infecciones. El uso excesivo de antibióticos puede acelerar la RAM, que provoca más de 35.000 muertes cada año en la Unión Europea, Islandia, Liechtenstein y Noruega.
Por ello, en 2023, el Consejo de la UE pidió a los Estados miembros reducir el consumo de antibióticos y garantizar que al menos el 65 por ciento de los antibióticos que se utilicen sean tratamientos de primera línea.
Aun así, el bloque no ha cumplido ninguno de estos objetivos, advirtió el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) el mes pasado.
En el conjunto de la UE, en 2024 se consumieron de media 20,3 dosis diarias de antibióticos por cada 1.000 habitantes. Esto supone un dos por ciento más que la referencia prepandemia de 2019 y queda muy por encima del objetivo de la UE de 15,9 dosis diarias para 2030.
El uso de antibióticos también varía mucho en Europa. El año pasado, las tasas de dosis diarias oscilaron entre 9,8 en los Países Bajos y 29,9 en Grecia.
Se debe a que las directrices sanitarias tardan en calar en hospitales, médicos, clínicas y pacientes, y hay países más avanzados que otros en este esfuerzo, explica Evelyne Jouvin Marche, coordinadora de investigación científica sobre resistencia a los antibióticos en Inserm, el Instituto Nacional francés de Salud e Investigación Médica.
«La implantación no es exactamente igual entre países», dijo a ‘Euronews Health’.
En muchos países, la tendencia va en la dirección equivocada. Desde 2020, el uso de antibióticos ha aumentado en Austria, Bélgica, Croacia, Estonia, Finlandia, Francia, Islandia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, los Países Bajos, Noruega, Portugal, Eslovenia y España, según los datos del ECDC.
«El escaso avance hacia los objetivos de la UE sobre consumo de antimicrobianos… pone de relieve la necesidad de reforzar los esfuerzos para atajar el uso innecesario e inapropiado de antimicrobianos en todos los niveles de la atención sanitaria», señaló la agencia en un informe de noviembre.
El ECDC sostiene que los países deben actualizar sus prácticas diagnósticas para tener en cuenta el uso excesivo de antibióticos y adoptar más medidas de prevención y control de infecciones.
Otros factores que dificultan la lucha contra la RAM incluyen el riesgo de que los patógenos resistentes crucen fronteras y el envejecimiento de la población europea, que deja a más personas vulnerables a las infecciones.
Mientras tanto, la población puede ayudar a combatir la resistencia a los antibióticos tomando toda la medicación prescrita cuando tenga una infección, en lugar de tirarla o guardarla para más adelante, señaló Jouvin Marche.
«Le han recetado exactamente la dosis de antibióticos que necesita para tratarla», dijo.