«Poca gente hubiera apostado por el velocípedo, allá por el no tan lejano 1867, pero Joaquín Costa, visionario de muchos aspectos de la modernidad, sí lo hizo… ¡Y vaya si acertó! La historia, mil y una veces repetida, nunca cansa al escucharla. Joaquín Costa, paseando por los alrededores de la Exposición Universal de París de 1867, quedó prendado de ese artefacto, la micheaulina, la creación de Ernest Micheaux. Dice la leyenda que hizo un boceto en un papel de fumar y lo mandó a Huesca. Recibido éste en la tertulia del Casino, se encargó al herrero Mariano Catalán la construcción de la primera bicicleta en España. Aragón, tierra que tan poco lustre da a su propia historia, debe enorgullecerse de ser pionera en el velocipedismo en nuestro país», dice Horacio Tabernero, profesor e historiador (Zaragoza, 1977, vinculado especialmente con Aguarón), autor de un libro muy singular: Los inicios de la bicicleta en Zaragoza (2025).