Sin lugar a dudas, la fotografía es uno de los inventos fundamentales de la edad contemporánea. Y no solo por su tremendo impacto en disciplinas tan diversas y esenciales para el saber humano como la medicina, la astronomía, la historia, la educación o el arte. Tampoco por ser la madre del cine o la televisión. No, su mayor capital es ser un lenguaje accesible a cualquier persona, sea cual sea su nivel cultural o su idioma. Un logro universal que como todos los grandes descubrimientos no son obra de una sola persona.
De hecho, el primer antecedente de la fotografía se remonta al mismísimo Aristóteles, quien describió la cámara oscura, uno de los dos principios de la invención, el físico, y según el cual, si realizamos un agujero en la pared de una habitación o de una caja herméticamente cerrada a la luz, que al fin y al cabo es lo que es una cámara fotográfica, en su interior se proyecta una imagen del exterior. Pero para conseguir fijar ese reflejo lumínico en una superficie de forma permanente la humanidad necesitó más de dos milenios.
Y esto no fue posible hasta 1777, cuando el científico sueco Carl Wilhelm Scheele publica su tratado sobre el oscurecimiento de las sales de plata por la acción de la luz, o fundamento químico de la fotografía, el que permitía impresionar las imágenes de la cámara oscura. Ahora, ya solo era necesario que alguien reuniera estos hallazgos y dar forma a la fotografía.
Niépce, el primer fotógrafo
A principios del siglo XIX, aunque aún no tenía nombre, la fotografía era una invención tan deseada que de forma simultánea había científicos en Alemania, Reino Unido, Brasil e incluso en la propia España intentando concretar un proceso que permitiera a la propia luz dibujar la naturaleza sobre algún soporte de forma automática y permanente. El primero en conseguirlo fue el francés Joseph Nicéphore Niépce. Un acaudalado burgués, militar del ejército revolucionario galo, amante de la ciencia e inventor aficionado que había quedado fascinado por la recién descubierta litografía. No obstante, su incapacidad para dibujar le llevó, en 1816, a experimentar con barnices fotosensibles sobre la piedra litográfica para copiar dibujos.

Retrato de Joseph Niépce. / Córdoba
Niépce no consiguió plasmar sus primeras imágenes hasta 1822, al copiar por contacto un grabado del papa Pío VII sobre cristal, hoy, por desgracia, desaparecido. Joseph bautiza su descubrimiento con el nombre de heliografía, literalmente dibujo del sol. Durante 1826, el francés compra su primera cámara al óptico parisino Charles Louis Chevalier, con la que comienza a realizar sus primeros experimentos.
Niépce la coloca en la ventada de su estudio enfocando el exterior de su finca: Le Gras, en Saint-Loup-de-Varennes en la región de Borgoña. La cámara está cargada con una placa metálica de peltre, una aleación de estaño y cobre de similar brillo a la planta, y sobre la que aplica betún de Judea, un derivado del petróleo. Aquel mismo año, y tras más de ocho horas de exposición, Joseph consigue fijar su primera heliografía, había realizado la primera fotografía de la historia. La placa es una imagen positiva única, es decir que no se podían sacar copias, y requería ser observada con poca luz y en un ángulo de inclinación muy preciso para ser visualizada.
Si complejo fue para Niépce conseguir este logro técnico, imposible le fue hallar el reconocimiento científico en vida. En 1827, viaja a Inglaterra para intentar presentar su descubrimiento ante la Royal Society de Londres, la entidad científica más prestigiosa de su tiempo. La negativa del inventor de la fotografía a desvelar los detalles técnicos de su hallazgo le impiden darla a conocer en la institución. Pero Niépce, antes de regresar a su país, le deja su preciada heliografía y la memoria de su trabajo al botánico Francis Bauer, su valedor en el Reino Unido. Por suerte, Bauer, con todo rigor, identifica en su dorso a su autor y la fecha de la visita de su colega. A su vuelta a Francia, Joseph se asocia con el inventor y pintor Louis Jacques Mandé Daguerre, con quien comparte sus hallazgos antes de fallecer en 1833.

Esta es la imagen más conocida de la placa, una reproducción muy retocada realizada en 1952.
Aquellas contribuciones fueron fundamentales en la presentación al mundo de la invención oficial de la fotografía el 19 de agosto de 1839 en una sesión conjunta de las Academias de Ciencias y Artes de Francia. En ella, Daguerre se atribuye todo el ingenio del descubrimiento, al que había aportado significativas mejoras como reducir el tiempo de exposición a solo unos minutos, dando su nombre al primer proceso fotográfico comercial de la historia: el daguerrotipo. Daguerre vende el invento, a cambio de una pensión vitalicia que comparte con el hijo de Niépce, al estado francés, que a su vez lo regala al mundo, cayendo en el olvido el trabajo y el protagonismo de Niépce.
El hallazgo de la placa perdida
Mientras, en Inglaterra, la vista de Le Gras sería expuesta en varias ocasiones, la última en 1898, desapareciendo durante décadas. Hasta que, en 1952, los fotohistoriadores Alison y Helmut Gernsheim localizaron a la familia del último propietario de la placa, quienes la habían olvidado en un baúl de ropa. Los investigadores consiguieron la donación de la vista, legándosela posteriormente a la Universidad de Texas en Austin, en 1963, donde hoy se conserva y se expone en un marco especial con una atmósfera de gas inerte y en una condiciones lumínicas muy controladas para preservar su conservación. Los Gernsheim no solo certificaron la autenticidad de la fotografía, sino que devolvieron a Niépce el lugar que le correspondía como lo que es: el primer fotógrafo de la historia.
La fotografía llega a Córdoba
Mientras, el daguerrotipo llegaría a Córdoba solo unos meses después de su presentación oficial en París. En 1840, tenemos noticias que Manuel Alcalá ya practica la daguerrotipia. Aunque, según las noticias de la prensa de la época, sin éxito. Cuatro años después, el retratista cordobés y alumno del mismísmo Daguerre: J. Albors, gana un premio de arte en la ciudad con una vista de la Mezquita Catedral. Un daguerrotipo que solo conocemos por una noticia publicada por el propio fotógrafo en el Diario de Córdoba una década despues y que, por desgracia, en la actualidad aún no ha aparecido . Quien sabe, quizás, algún día algún investigador lo localice, como la heliagrafía de Niépce, olvidado en un viejo baúl.
Aquel mismo año, y tras más de ocho horas de exposición, Joseph consigue fijar su primera heliografía, había realizado la primera fotografía de la historia. La placa es una imagen positiva única, es decir que no se podían sacar copias, y requería ser observada con poca luz y en un ángulo de inclinación muy preciso para ser visualizada.

Estado original de la heliografía de Niépce Vista desde la ventana de Le Gras. | JOSEPH NIÉPCE
Aquellas contribuciones fueron fundamentales en la presentación al mundo de la invención oficial de la fotografía el 19 de agosto de 1839 en una sesión conjunta de las Academias de Ciencias y Artes de Francia. En ella, Daguerre se atribuye todo el ingenio del descubrimiento, al que había aportado significativas mejoras como reducir el tiempo de exposición a solo unos minutos, dando su nombre al primer proceso fotográfico comercial de la historia: el daguerrotipo. Daguerre vende el invento, a cambio de una pensión vitalicia que comparte con el hijo de Niépce, al estado francés, que a su vez lo regala al mundo, cayendo en el olvido el trabajo y el protagonismo de Niépce.
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