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El año 2015, 16 participantes comenzaron, sin mucha ilusión ni conocimiento, a golpear las pantallas que tenían delante. Las imágenes que veían en ellas eran de dos tipos: células humanas normales y muestras reales de pacientes con células cancerosas que ya habían sido correctamente diagnosticadas y tratadas. Si creían que la muestra era cancerosa, tenían que golpear en el lado derecho, si creían que la muestra era normal, en el izquierdo y, en caso de que acertaran, recibirían un premio. El premio era alpiste, y los participantes, palomas.

Una persona que se dedica al estudio de este tipo de patologías tarda años en comprender las sutiles diferencias entre una muestra patológica y una normal. Las células cancerosas pueden tener formas ligeramente distintas, o pueden estar ordenadas de formas extrañas, pero estamos hablando de diferencias micrométricas, por lo que entrenar al ojo humano a hallar estas distinciones es bastante complicado. Por ello, el resultado de este curioso experimento, coordinado por el Dr. Edward A. Wasserman, de la Universidad de Iowa, acabó sacando los colores a más de un médico. En tan solo dos semanas de entrenamiento, todas las palomas menos una, lograron discernir las muestras cancerosas con un 85 % de acierto.
Estos resultados no están nada mal, ya que son porcentajes de acierto similares a estudiantes de medicina en proceso de entrenamiento. Pero lo realmente impresionante es que, si no se tenía en cuenta a la paloma que jamás llegó a comprender lo que estaba pasando, el conjunto de palomas acertaba las muestras cancerígenas con un 99 % de acierto. Es decir, si la mayoría de las palomas indicaba que una muestra era cancerígena, lo era el 99 % de las veces.
Cómo entrenar a tu paloma (para detectar cáncer)
Para llevar a cabo el experimento, en el laboratorio de Wasserman tuvieron que diseñar un espacio en la que las palomas podrían mirar a las pantallas y una interfaz con la que pudiesen actuar. El diseño era sencillo: en una pantalla táctil aparecía una imagen de la muestra de células humanas en el centro y dos recuadros a los laterales, en el lateral derecho amarillo y en el izquierdo uno azul. Si picaban en el derecho significaba que la muestra era cancerosa, y si picaban en el izquierdo, era normal. En el caso que acertasen, un dispensador les proporcionaría un poco de comida en un comedero.
Levenson et al.
La cámara de condicionamiento instrumental de las palomas, donde se puede observar la pantalla con el tejido, los dos botones y el dispensador de bolitas de comida.
Al principio el experimento fue como cualquier persona puede imaginar. Las palomas investigaban todo el recinto picando por doquier, picoteaban las paredes, las esquinas y, de cuando en cuando, la pantalla. Al principio, en la pantalla había un cuadrado blanco que, si lo picoteaban, aparecería la imagen. Por pura casualidad, cuando aparecía la imagen las palomas seguían picando la pantalla y algunos de esos picotazos acertaban en el diagnóstico. Entonces, caía la comida y la imagen cambiaba. La paloma, que es un ave más inteligente de lo que pueda parecer en nuestras ciudades, en seguida reconocía que los picotazos en la pantalla podían tener premio, pero no sabía exactamente cómo ni por qué.

Las siguientes semanas la paloma iba aprendiendo las diferencias entre el lado derecho y el izquierdo y así como los patrones en las imágenes por los cuales tenía que darle a un lado u otro. Para asegurarse que las palomas estaban picando conscientemente en un lugar de la pantalla, los investigadores modificaron los parámetros para que, en vez de un único picotazo en uno de los laterales, los animales tuviesen que dar entre 6 y 10. De este modo, tras solo dos semanas de entrenamiento, el grupo de palomas ya era tan bueno diagnosticando cáncer como una persona que ha dedicado años de estudio para aprender la misma tarea.
¿Dónde están las palomas médicas?
Ya hace 10 años de este experimento y no se ha cumplido uno de los pronósticos de los investigadores: no hay palomas de apoyo en los hospitales. Como indicaban en la discusión del artículo: ‘En general, nuestros resultados sugieren que las palomas pueden utilizarse como sustitutos adecuados de los observadores humanos en determinados estudios de percepción de imágenes médicas, evitando así la necesidad de reclutar, pagar y retener a médicos como sujetos para tareas relativamente triviales’.
Pero aunque no hay palomas médicas, lo que sí que se está observado es como otros seres que también aprenden por reconocimiento de patrones se van extendiendo por lugares de lo más diversos. Estos seres, que se agrupan en las dos palabras Inteligencia Artificial, aprenden en segundos a detectar lo que a los expertos les costaría años y ofrecen tasas de acierto similares a ellos.
Lo curioso es que, aunque nadie en su sano juicio dejaría a un grupo de palomas diagnosticando cáncer sin supervisión, la discusión con la inteligencia artificial para sustituir ciertas tareas humanas sí que está encima de la mesa. Estas palomas mecánicas sí que están cumpliendo la predicción del laboratorio de Wasserman y van, poco a poco, adueñándose de las tareas previamente humanas. Y en demasiadas ocasiones, sí que lo hacen sin una supervisión posterior.