Con las retiradas de 2025 se puede hacer un equipo top

El ciclismo es una picadora de carne que no espera a nadie, pero hay inviernos donde el árbol genealógico del pelotón pierde ramas demasiado gruesas, retiradas que, como en las de 2025, dejan mucho vacío.

Al arrancar este 2026, miramos el listado de dorsales y el vacío es real.

CCMM Valenciana

Se han ido tipos que explicaban el ciclismo de la última década, cada uno desde su propia trinchera, dejando un tanto huérfanos de referentes a los que todavía creemos en el oficio por encima del algoritmo y los vatios fríos.

No es solo que se retiren corredores; es que se retiran formas de entender este deporte que difícilmente volverán en un ciclismo cada vez más robotizado.

Encabeza esta lista de ausencias Alexander Kristoff, el vikingo incombustible.

Se va el hombre que convertía el frío, la lluvia y los 250 kilómetros en su jardín particular; ese corredor de fuerza bruta que ganaba por pura insistencia cuando a los demás se les apagaba la luz en el último kilómetro de una clásica de abril.

Junto a él, el adiós de Geraint Thomas duele especialmente por lo que significa: la conexión con ese ciclismo polivalente, capaz de ganar en el velódromo y en el Alpe d’Huez, siempre con esa flema británica y la caída de gafas que ocultaba a uno de los competidores más sólidos y carismáticos de su era.

Desde Italia, Elia Viviani cuelga la bicicleta tras haber sido el estandarte de la velocidad con clase, un “pistard” que supo leer los finales masivos como si fueran una partitura, elegante incluso en la derrota que cambió la suerte de la selección italiana en los velódromos.

En el polo opuesto del brillo mediático, pero con idéntica importancia estratégica, perdemos a Tim Declercq. “El Tractor” personificó como nadie el sacrificio sordo: miles de kilómetros de pecho al viento para que otros salieran en la foto del podio.

Sin él, el pelotón rodará un poco más desprotegido y el control de las escapadas será mucho menos previsible.

El ciclismo español, por su parte, pierde a su metrónomo: Jonathan Castroviejo.

El vizcaíno ha sido el seguro de vida de todos sus líderes en Ineos y Movistar, un corredor cuya inteligencia táctica y capacidad de rodar al límite solo se valorará justamente ahora que no esté para apagar incendios en los momentos críticos.

Por otro lado, Arnaud Démare deja el sprint francés tras años de pelear contra la dictadura de las nuevas perlas de la velocidad, siendo un ganador que, en sus días de gracia, parecía simplemente imparable.

Cerramos este capítulo con dos perfiles de resistencia pura. Louis Meintjes, el eterno sufridor de los diez primeros puestos en las grandes vueltas, ese corredor que nunca hacía ruido ni buscaba el espectáculo, pero que siempre estaba ahí, recordándonos que el ciclismo es, ante todo, una cuestión de aguante psicológico.

Y finalmente Michael Woods, el hombre que empezó tarde pero que nos regaló finales eléctricos en muros imposibles; un atleta que trajo la mentalidad del fondo del atletismo a las rampas del 20%.

En 2026 el ciclismo será más rápido, quizá más tecnológico, pero será, sin duda, un poco menos humano sin estos ocho nombres que hoy ya son historia.