Nel tiene 9 años, juega en el Grupo y, de la mano de su entrenador, el jugador del Universidad Miguel Zorrozua, parece que le va cogiendo el gusto a eso de tirar a canasta. Pero todavía está a años luz de la pasión por el baloncesto que impulsa a su padre, Diego Sánchez Mordós (Gijón, 26 de diciembre de 1975), que con 50 años recién cumplidos se resiste a colgar las botas. En un Gijón Basket de Primera Nacional que presenta candidatura al ascenso a Tercera FEB, Diego pone un contrapunto exagerado a una plantilla muy joven. «No voy a abandonar yo el baloncesto, el baloncesto me va a abandonar a mí cualquier día«, apunta con una sonrisa el conocido deportista asturiano.

Paso por todas las categorías

Desde luego no fue ayer, ni lo parece, cuando Sánchez botó por vez primera un balón. «Empecé con 13 años un poco por casualidad, probé con el equipo de baloncesto del colegio Jovellanos, y hasta hoy», explica. El veneno se le metió muy dentro, pronto empezó a ver que aquello se le daba bien, y decidió que su vida iba a cimentarse en el basket. Pasó por el Grupo, dio el salto al Gijón Baloncesto y después empezó un larguísimo periplo como jugador profesional: Linense, Guadalajara, Tenerife, Manresa, Menorca, Huesca y Oviedo Baloncesto. Conoció todas las categorías del baloncesto español y estuvo seis años en la máxima, la ACB, antes de regresar a Asturias.

Después de cuatro años jugando en Oviedo, en 2016, ya sobrepasados los cuarenta, Diego optó por dar un paso atrás y fichar por el entonces recién creado Gijón Basket.

Diego Sánchez, en un partido de esta temporada del Gijón Basket contra la Atlética Avilesina

Diego Sánchez, en un partido de esta temporada del Gijón Basket contra la Atlética Avilesina. / DS

Cumple su décima temporada en la entidad. «Desde el momento en que empecé a trabajar, soy un jugador totalmente amateur. Soy ingeniero de minas y trabajo en el servicio de prevención de Asturiana de Zinc, tengo la suerte de estar en una empresa puntera a nivel nacional que me permite compatibilizar», apunta Sánchez.

Entrenar a diario

El deportista gijonés busca hueco a diario para hacer algo de ejercicio, y al menos dos días a la semana pisa cancha. No le cuesta ningún esfuerzo: «Soy un loco del baloncesto. Cuando jugada como profesión, en verano entrenaba más que durante el invierno, mi tiempo libre era entrenar, entrenar, entrenar… Me encanta hacerlo, es mi placer».

También destaca Diego Sánchez por su compromiso. En el Gijón Basket no solamente ha sido jugador, sino también director deportivo. «Algún año ayudé a la directiva con la dirección deportiva, pero con el trabajo, el niño era pequeño… decidí que para no poder dedicarle todo el tiempo que requiere era mejor apartarme y solo jugar», explica Diego.

Asegura que no se le hace raro jugar con y contra chicos a los que les dobla la edad holgadamente, la mayoría de los cuales podrían ser hijos suyos. «Ya me ha tocado jugar contra hijos de algún excompañero, cuando te lo dicen piensas que igual estás fuera de lugar», admite, pero para él es un acicate: «Me ayuda mentalmente, a estar fresco, a mantenerme en forma. Además, estoy súper a gusto con los compañeros, son muy buena gente».

Buscando el ascenso

Las dificultades para seguir jugando cada vez son mayores, pero Diego Sánchez no se arredra. Pueden incrementarse aún más si el Gijón Basket lograra regresar a Tercera FEB, lo que implicaría desplazamientos fuera de Asturias para los partidos de fuera. «La idea de viajar fuera va a ser difícil, y puede ser que subamos porque tenemos la mejor plantilla de la liga. Veré claro dejarlo en el momento en que vea que no puedo, que no soy útil, que no disfruto. No creo que quede mucho (se ríe)», dice.

Frutos en Oviedo, esperanza en Gijón

Diego, que todavía saca algo de tiempo para ver baloncesto, sobre todo Euroliga, se muestra esperanzado con el futuro del Gijón Basket: «Ha habido años mejores y peores, pero tiene muchos equipos, focalizando en la cantera, y gente joven con muchas ganas de crecer. Hay competencia, pero la clave es hacer las cosas con criterio». Y sigue de cerca el «boom» del basket en Oviedo, arropando a un club en el que estuvo cuatro años y con cuyos miembros mantiene muy buena relación: «Llevan muchos años haciendo las cosas bien y están recogiendo los frutos. Tiene una masa social muy importante, un entrenador excepcional y con paciencia y a medio plazo se puede hacer un proyecto para pensar en cotas más altas«.

¿Y para cuándo el regreso del baloncesto de nivel en Gijón? «Siempre pienso que en algún momento se podrá hacer algo, ojalá no sea muy tarde, cuando se unan sinergias, proyectos, esfuerzos… Sigue habiendo muchísima afición en la calle que con un proyecto importante respondería».

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