La televisión en 2025 no ha sido un año de revoluciones súbitas, sino de consolidación de tendencias que llevaban tiempo gestándose y que ya parecen estructurales. En un contexto de consumo mínimo histórico de la televisión lineal y de uso creciente del televisor para otros fines —plataformas, redes sociales o videojuegos—, las cadenas generalistas han afinado sus apuestas para retener a una audiencia cada vez más fragmentada, envejecida y exigente.

El resultado es un panorama marcado por el auge del infoentretenimiento, la polarización ideológica de algunos formatos, la pérdida de peso de la crónica social tradicional y la irrupción de realities digitales extremos que operan fuera de los márgenes clásicos del sector.

Una de las grandes claves de 2025 ha sido la centralidad de la actualidad política en la parrilla. RTVE es el ejemplo más evidente: la corporación pública llega a emitir hasta doce horas diarias de contenidos ligados a la información y al análisis a través de La 1, La 2 y el Canal 24 Horas. Espacios como La hora de La 1, Mañaneros, Directo al grano o Malas lenguas han convertido la actualidad en el eje de la programación diaria, especialmente en las mañanas y las tardes.

Esta estrategia no solo ha tenido un impacto editorial, sino también en audiencias. La 1 ha firmado su mejor año desde 2012 y se ha impulsado con fuerza en el último cuatrimestre, hasta el punto de acercarse al liderazgo de Antena 3.

El mensaje es claro: en un entorno de desinformación y sobreabundancia de estímulos digitales, una parte relevante del público sigue buscando en la televisión un espacio de referencia para entender la actualidad, aunque sea a través de formatos híbridos que mezclan información, debate y espectáculo, con un claro sesgo progubernamental, como es el caso de La 1.

Cuatro y la consolidación de un discurso conservador

Otra tendencia clara es la especialización ideológica de algunas cadenas. Cuatro ha elevado sus resultados gracias a una batería de programas de corte más conservador y de debate duro, como En boca de todos, Todo es mentira, Código 10 u Horizonte, que a partir de enero será diario, ocupando el access. Estos espacios han fidelizado a un público muy concreto, interesado en la llamada «corrupción sanchista», y han permitido a la cadena firmar su mejor dato anual desde 2018.

Cuatro ha superado a La Sexta por una décima en diciembre, aunque en el cómputo anual, sigue por detrás por decimotercer año. Su evolución confirma que la segmentación ideológica es una vía de supervivencia en la televisión actual. No se trata tanto de gustar a todos como de ser imprescindible para unos pocos millones de espectadores muy fieles.

Atresmedia, el valor de la estabilidad

Frente a los vaivenes de sus competidores, Atresmedia ha mantenido sus cómodos liderazgos. Antena 3 vuelve a ser la cadena más vista por cuarto año consecutivo, el grupo lidera con su mayor ventaja histórica sobre Mediaset y La Sexta se consolida como tercera cadena privada. Más allá de los datos, la tendencia que se refuerza es el valor de una parrilla reconocible y estable.

La cadena ha demostrado que, incluso en un contexto de caída del consumo, una programación diaria sólida —concursos, ficción nacional, informativos fuertes y grandes formatos de entretenimiento— sigue siendo la mejor arma para liderar. En 2025 no ha habido grandes experimentos en Antena 3, pero sí una explotación milimétrica de marcas muy asentadas.

El declive del corazón tradicional

Si hay un género que sale claramente tocado en 2025 es el de la prensa rosa clásica. Los espacios del corazón tradicionales han perdido atractivo, y el fracaso de La familia de la tele en TVE es el ejemplo más citado. El público que durante décadas sostuvo este tipo de formatos ha migrado, en gran medida, hacia otros consumos.

Por un lado, las redes sociales han asumido buena parte de la función de seguimiento de famosos, con una inmediatez y una cercanía imposibles para la televisión. Por otro, los realities plagados de celebridades —especialmente en plataformas y en eventos televisivos muy concretos— han ocupado ese espacio de interés por la vida privada ajena, pero desde una lógica más extrema y espectacular. El corazón no ha desaparecido: se ha transformado.

De la televisión al reality digital extremo

La tendencia más polémica del año llega, precisamente, desde fuera de la televisión tradicional. La casa de los gemelos, un reality extremo creado por los getafenses Carlos y Daniel Ramos en YouTube y otras plataformas digitales, ha abierto un intenso debate en el sector. El proyecto, que se sitúa deliberadamente al límite, adopta una posición ambigua ante la violencia física y verbal que exhibe y ha cosechado millones de visualizaciones entre públicos jóvenes.

Este fenómeno ha evidenciado la asimetría legislativa existente entre las plataformas digitales y los operadores tradicionales. Mientras las cadenas generalistas están sometidas a una regulación estricta en materia de contenidos, horarios y protección del espectador, los creadores digitales operan con mucha más libertad. La pregunta que se instala en 2025 es hasta qué punto este desequilibrio es sostenible y qué papel deben jugar las autoridades audiovisuales en un ecosistema híbrido.

Plataformas: mucha ficción, poco entretenimiento

Otra tendencia que se consolida es la escasa apuesta de las plataformas por el entretenimiento no deportivo. Las grandes compañías mantienen su foco en la ficción y, en algunos casos, en los derechos deportivos, pero han dejado prácticamente huérfano el terreno del entretenimiento puro, que durante décadas fue el corazón de la televisión en abierto.

El próximo recorte anunciado en Movistar Plus+ es interpretado por muchos analistas como una señal más de esta dinámica: menos inversión en formatos propios de entretenimiento y una mayor dependencia de contenidos premium muy concretos. Este vacío explica, en parte, por qué algunos públicos siguen recurriendo a la televisión generalista para encontrar formatos de compañía diaria que las plataformas no ofrecen.

Telecinco y la crisis prolongada

En este contexto, el caso de Telecinco funciona casi como un contraejemplo. La cadena encadena su cuarto mínimo histórico consecutivo y sigue sin capacidad de reacción. Sus mejores datos se concentran en realities muy específicos, mientras que su programación diaria no logra conectar de forma sostenida con la audiencia.

Más allá de los nombres concretos, la tendencia que se confirma es la dificultad de reinventar una cadena generalista cuando se pierde una identidad clara. En 2025, Telecinco sigue buscando su lugar en un ecosistema que ya no funciona con las reglas de hace una década.

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