La tormenta Ayesa provoca en Sevilla mucha más preocupación que la borrasca Francis. Solo horas antes de las campanadas de fin de año, el grupo empresarial fundado en 1966 por José Luis Manzanares Japón y dirigido desde 2019 por su hijo José Luis Manzanares Abásolo, comunicó que se confirmaba la venta de Ayesa Digital al consorcio público-privado vasco promovido por el gobierno del lehendakari Imanol Pradales. Ahora queda por aguardar en qué momento se informará próximamente de la venta de Ayesa Ingeniería, probablemente a la canadiense Colliers, multinacional de servicios inmobiliarios, ingeniería y gestión de inversiones. En Sevilla residen 3.500 trabajadores de Ayesa, y muchos se malician antes de ver la cabalgata de Reyes que el 2026 les trae carbón. Porque no saben qué futuro tienen sus empleos cuando las estrategias se decidan desde Toronto, Madrid y Vitoria.

Ayesa es el grupo empresarial más grande de los que tiene sede social en Sevilla. Multinacional con más de 13.000 trabajadores, con sedes en 25 países, y una facturación conjunta cercana a los 1.000 millones de euros. Como referencia, Persán, donde la familia Yoldi-Moya mantiene la propiedad, ha superado en 2025 los 1.000 millones de facturación anual y cuenta con 3.400 trabajadores, sobre todo en España y Polonia. Servinform tiene más de 6.000 trabajadores, una cifra de negocio anual superior a los 400 millones de euros, y la familia Rufo ha vendido el 60% del capital a la firma suiza de inversión AS Equity Partners. Por otro lado, el Grupo Supermercados MAS, que sigue en manos de la familia Martín, alcanza una cifra de venta superior a los 700 millones de euros, y una plantilla con más de 4.600 trabajadores.

Sucesión y pérdida de la mayoría

Cuando en 2019 se escenificó el traspaso en Ayesa de todo el poder ejecutivo del padre al hijo, y decaía en el reparto de responsabilidades su hija Arancha, que actualmente está trabajando en Sevilla como directora de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad CEU Fernando III, la familia Manzanares expresó que daba el paso al reto de basar su nueva etapa de crecimiento mediante la incorporación de inversores a su estructura societaria y manteniendo el control de más del 50% del accionariado. Pero ese objetivo no se materializó así y en octubre de 2021 dio entrada al fondo de capital riesgo A&M Capital Europe (AMCE), con sede en Londres, que consiguió el 66%, quedando el 33% en manos de Manzanares.

En el comunicado emitido el 17 de octubre de 2021, Ayesa dijo: «La inversión de AMCE tiene como objetivo crear un grupo español líder de servicios digitales, duplicando la facturación hasta los 500 millones de euros en un horizonte temporal de cinco años». Pues en menos de cinco años han más que triplicado su volumen de negocio. Pero ese tipo de fondos de capital riesgo tienen habitualmente una pauta cortoplacista: invertir en empresas donde puedan acelerar procesos rápidos de crecimiento, para acto seguido salir de ellas propiciando una venta en la que obtener cuantiosos réditos.

En una entrevista en febrero de 2020, el fundador de Ayesa, José Luis Manzanares Japón, que continúa siendo el presidente de la compañía, hizo públicamente una recomendación a sus tres hijos: “Que busquen socios en el futuro para crecer, aunque sea cediendo parte de la propiedad”. Seis años después, el vertiginoso crecimiento que han logrado es sobresaliente. Y la cesión de propiedad es mucho más vertiginosa, porque, según lo que parece, con la venta por separado de las dos divisiones del grupo, primero la de tecnologías digitales y después la de ingeniería para infraestructuras físicas, la familia Manzanares va a dejar de ser accionista en las dos.

Lógicamente, cualquier empresario tiene el derecho a tomar las decisiones que estime conveniente con su empresa, con su dinero y con sus plusvalías. Porque es quien asume el riesgo patrimonial si una empresa tiene dificultades o sufre adversidades. Ayesa (siglas del nombre inicial, Aguas y Estructuras, S.A.) ha forjado durante más de medio siglo una trayectoria muy brillante, y el mérito de sus fundadores y gestores es incuestionable. Pero deben explicar pronto en Sevilla qué han acordado con el consorcio vasco, y que están acordando con Colliers, sobre el mantenimiento en su ciudad natal de áreas de trabajo, de innovación y de negocio, tanto en el ámbito de la ingeniería para puentes, ferrocarriles, metros, aeropuertos, embalses, etc., como en el campo del software (inteligencia artificial, computación cuántica, ciberseguridad, servicios digitales, etc.).

Comprar más de 10 empresas en 3 años

Ayesa ha comprado en tres años más de 10 empresas, en su afán por ganar tamaño y valoración, y en un contexto en el que la competencia es global, sobre todo ante gigantes norteamericanos y chinos, y en menor medida europeos. Una de las últimas adquisiciones fue la compañía australiana ADP Consulting, de ingeniería y sostenibilidad medioambiental, con 300 trabajadores.

En ese reto de “convertirnos en el campeón nacional de servicios tecnológicos que necesita España”, como afirmó su CEO, José Luis Manzanares Abásolo, se enmarcan las compras de grandes empresas españolas, como Ibermática en 2022, cuando esta compañía vasca tenía 4.750 trabajadores y una facturación anual de 276 millones de euros; y como la sevillana Emergya, con 680 trabajadores, que fue adquirida en 2024.

Según las previsiones, en el balance del ejercicio 2025, el resultado final de la rentabilidad operativa de Ayesa, lo que se conoce como ebitda en los indicadores financieros, superará los 50 millones de euros. De ahí que, con cifras positivas, y con una gran cartera de trabajo para los próximos años (por ejemplo, Ayesa está en el puesto 43 en el ranking mundial de firmas de ingeniería, y es la número 7 en Latinoamérica) tendrá que explicar la familia fundadora por qué no ha querido o no ha podido continuar en el puente de mando de la empresa o formando parte de su capital.

Cuando Ayesa adquirió en agosto de 2022 la empresa Ibermática, con sede central en San Sebastián, en el comunicado oficial se recalcó: “La integración de Ibermática consolidará su presencia en los territorios donde opera, manteniendo su sede actual en Euskadi”.

En el comunicado de Ayesa del pasado 31 de diciembre de 2025, informando de la adquisición de toda Ayesa Digital (que es mucho más que Ibermática) por el consorcio en el que están Indar Kartera, Fundación BBK, el Gobierno vasco y Teknei, la palabra Sevilla no aparece ni una vez.

Pioneros para levantar Cartuja tras la Expo’92

Ayesa es una de las empresas sevillanas emblemáticas en la vertebración del Parque Empresarial Científico Tecnológico Cartuja, que ahora se denomina Sevilla TechPark. Cuando la mayoría de los augures locales y foráneos no daba un duro por la reconversión de la Expo’92 en un polo de desarrollo con proyección internacional, fueron empresas sevillanas de ingeniería como Ayesa, Inerco, Isotrol, Tecnológica (hoy Alter Technology), entre otras, las que dieron el paso para establecerse y servir de palanca transformada, remando a contracorriente y ejerciendo liderazgo. Ayesa dejó sus oficinas en Avenida República Argentina y adaptó el pabellón de Checoslovaquia para convertirlo en su sede corporativa. En 2008, se demolió dicha construcción y erigió un edificio nuevo mucho más grande.

Falta de liderazgo social en Sevilla

El rol de liderazgo social es el que se presuponía que en el tercer decenio del siglo XXI debía ejercer Ayesa en Sevilla, en un horizonte de internacionalización y de innovación. Pero la sociedad sevillana vuelve a respirar aires de frustración. Sevilla sigue sin tener empresarios que se impliquen como lo hace Juan Roig en Valencia, desde Mercadona y desde fuera de Mercadona. Generando riqueza desde su empresa, y desde su patrimonio con iniciativas muy potentes como la Lanzadera de startups, como el pabellón deportivo y multiusos Roig Arena, como el Centro de Arte Hortensia Herrero.

Abengoa, ni siquiera en sus momentos de esplendor, se implicó desde el punto de vista corporativo e institucional en retos de ciudad. Por desgracia, su crecimiento fue en paralelo a marcar distancias corporativas e institucionales (reitero adrede estos términos) respecto a la sociedad sevillana que era su gran cantera. La familia Manzanares debe pormenorizar qué quedará de Ayesa en Sevilla, y qué van a promover en Sevilla fuera de la empresa.