La UE ha reaccionado a la captura de Nicolás Maduro con la misma cautela que ha mantenido durante los últimos meses, cuando la tensión crecía en el Caribe. En tibios comunicados, en los que no mencionan ni los ataques de Donald Trump en Venezuela ni la captura de Maduro por parte de Estados Unidos, que le ha sacado del país para juzgarle por narcoterrorismo, la cúpula de la UE ha llamado a respetar la legislación internacional y a una “transición pacífica y democrática”. La alta representante para política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas ha incidido, además, en que Maduro “carece de legitimidad”.

La línea de la cúpula de las instituciones europeas es la misma que la de la mayoría de los Estados miembros, preocupados por el precedente que puede suponer la captura de Maduro, con la que Trump vuelve a dinamitar el orden global basado en reglas, pero extremadamente cautos. Excepto Francia, donde el Gobierno francés ha criticado claramente la acción militar de Washington. “La operación militar que condujo a la captura de Nicolás Maduro viola el principio de no uso de la fuerza, que sustenta el derecho internacional”, ha remarcado el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, que ha alertado de que la acción “tendrá graves consecuencias para la seguridad mundial”.

En Bruselas, donde se ha encontrado siempre grandes dificultades para hallar una postura común sobre Venezuela, Kallas ha asegurado que la Unión observa “muy de cerca” la situación en el país latinoamericano, ha hablado con el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio. “La UE ha declarado reiteradamente que Maduro carece de legitimidad y ha defendido una transición pacífica”, ha dicho Kallas en las redes sociales. “En cualquier circunstancia, deben respetarse los principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Hacemos un llamamiento a la moderación”, ha añadido en un escueto comunicado.

La llamada al respeto de la ley internacional tiene una derivada muy clara para la UE en general y para la propia Kallas en particular: Ucrania. Una acción unilateral como la que ha llevado a cabo Estados Unidos en Venezuela puede leerse en Moscú y Pekín como una puerta abierta a sus aspiraciones sobre el país invadido en Europa o Taiwán, respectivamente. De ahí, ese difícil equilibrio en una declaración en la que se apela a las normas internacionales sin atacar al necesario aliado estadounidense en el suelo ucranio y la crítica contra Maduro.

Como Kallas, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha mantenido una línea de prudencia en la red social X. “Sigo con gran preocupación la situación en Venezuela. La Unión Europea insta a la desescalada y a una resolución que respete plenamente el derecho internacional y los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”, ha proclamado, para después subrayar que respalda los “esfuerzos” de Kallas en esta nueva crisis.

La misma declaración, palabra por palabra, ha hecho la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Que ambos dirigentes cierren filas con Kallas como lo han hecho, de forma tan explícita, es algo que no suele estar en los manuales de comunicación de la UE. Este gesto da una idea de la prudencia y difícil equilibrio que trata de mostrarse en Bruselas entre la defensa de derecho internacional, la cautela para no enfadar a Estados Unidos y la crítica a Maduro, que se mantuvo en el poder después de las elecciones de julio de 2024 por un pucherazo.

Otra de las voces que se han pronunciado en Bruselas ha sido la de la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera. Siguiendo la línea mostrada por las autoridades de la UE, ha apuntado que “en cualquier circunstancia, en cualquier lugar del mundo, el respeto por la legalidad internacional y la Carta de Naciones Unidas es esencial”.

Decir que se sigue con atención y preocupación lo que ha pasado en Venezuela ha sido la salida por la que han optado bastantes capitales europeas. No hay condena, por el momento, al paso que ha dado Washington. Y no parece que vaya a haberla. España, con su llamada a la “desescalada”, ha sido la que ha ido más lejos junto con Francia y Dinamarca.

“Ninguna solución política duradera puede imponerse desde el exterior”, ha criticado el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, sobre la operación militar estadounidense que ha acabado con la captura de Nicolás Maduro. El titular de la diplomacia francesa, no obstante, ha atacado al régimen venezolano al recordar el fraude electoral de 2024 con el que se mantuvo en el poder: “Al confiscar el poder al pueblo venezolano y privado de sus libertades fundamentales, Nicolás Maduro atentó gravemente contra su dignidad y contra su derecho a la autodeterminación”.

“Ninguna solución política duradera puede imponerse desde el exterior”, ha criticado el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, sobre la operación militar estadounidense que ha acabado con la captura de Nicolás Maduro. El titular de la diplomacia francesa, no obstante, ha atacado al régimen venezolano al recordar el fraude electoral de 2024 con el que se mantuvo en el poder: “Al confiscar el poder al pueblo venezolano y privado de sus libertades fundamentales, Nicolás Maduro atentó gravemente contra su dignidad y contra su derecho a la autodeterminación”.

En cambio, la primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, ha considerado que el ataque de EE UU es “legítimo”, para defenderse del narcotráfico, aunque ha precisado que la intervención militar extranjera “no es la mejor vía para acabar con los regímenes totalitarios”, informa Lorena Pacho. “El Gobierno considera legítima la intervención defensiva contra ataques híbridos a la propia seguridad, como en el caso de entidades estatales que alimentan y favorecen el narcotráfico”, ha señalado Meloni a través de un comunicado la tarde del sábado. Meloni, una de las líderes europeas que tiene mayor sintonía con Donald Trump, ha subrayado que Italia “siempre ha sostenido la aspiración del pueblo venezolano hacia una transición democrática” y que tradicionalmente ha condenado “la represión del régimen de Maduro”.

Desde el Parlamento Europeo, en cambio, la presidenta del grupo de Socialistas y Demócratas, la española Iratxe García Pérez, ha sido más dura. “La situación en Venezuela es profundamente alarmante. La democracia nunca se construye con bombas, ni por la fuerza, ni al servicio de los intereses de Trump”, ha apuntado la eurodiputada socialista, que ha exigido que “la UE lidere [la transición] mediante el diálogo y la mediación”.