Pensar. Detenerse un segundo. Parece sencillo, pero no lo es. Nunca. Cuesta un mundo. Si encima tienes el corazón martilleándote el pecho después de marcar tu primer gol en el Rico Pérez, entonces algo tan aparentemente fácil se torna quimérico. Casi nadie lo hace dentro de un campo de fútbol. Y los pocos que sí, ganan más dinero porque a veces esa es la diferencia entre ser rico o un soldado raso en Primera RFEF.
El Hércules empieza el año con destrozo, con sensación de hinchazón, de torcedura de tobillo grave, de esas que apenas te permiten caminar, que te dejan cojeando varias semanas. En parte por demérito propio, en parte por la calentura ingobernable de un colegiado que en vez de ayudar a templar los ánimos, aviva la tensión hasta ese punto de no retorno en el que todo puede pasar… y generalmente con desenlace trágico.
Una expulsión, un penalti, muchas faltas en contra de equipo local, curiosamente monopolizando a su antojo la posesión de la pelota, y un rival, el segundo clasificado, que no está ahí arriba, discutiéndole el liderato al Atleti B, por casualidad. Es la cadena de catastróficas desdichas que te hacen olvidarte de las vacaciones de un plumazo, que te cortan el aliento y te desnudan en una cruda noche invernal, una que no alivia ni la amabilidad húmeda del Mediterráneo.
La primera derrota de Beto Company en seis jornadas escuece. Duele porque lo siguiente que toca es viajar a la Nueva Condomina para roer otro hueso y porque la remontada se frena en seco… con lo mucho que luego cuesta arrancar en mitad del hielo.
En otras circunstancias obligaría a replantearse muchas cosas, en las que concurrieron anoche conviene no ser brutalmente lesivo. Pero hasta las tragedias más sórdidas comienzan en algún punto aparentemente irrelevante, en ese aleteo sencillo de la mariposa en un presente cortante que no anticipa lo siguiente, la invasión de un país en plena noche bombardeando lo justo, con el cinismo suficiente y el talante abrupto.
Fue a los nueve minutos. Un saque de puerta, uno de tantos, coge por sorpresa a Galvañ, que se confía y permite a Fornés hacerse con el control del balón en una esquina. El lateral, titular de nuevo en la zaga no encima, deja que su par se dé la vuelta, le considera lejos de la zona de peligro. No contaba el canterano con la desidia de Ben Hamed y Jeremy de León, mu lejos de poder ayudarle.
Recorte, pase cómodo a Sergio Segura dentro del área, que asiste a López-Pinto, todo sin oposición, y el delantero, feliz, sin presión, golpea al palo más alejado de Carlos Abad, que nada puede hacer por evitar el tanto del Sabadell en su primera acción de ataque completada. Defender con pelota es una apuesta hermosa, valiente, pero si descuidas la otra, la natural, entonces eres tan vulnerable como un bebé rollizo en una jaula de leones hambrientos.
El 0-1 no desanimó al Rico Pérez, que tiró de los suyos, en parte por llevarle la contraria a un árbitro en tela de juicio. Cuando Monsalve, 20 minutos después, convirtió en el empate una estrategia brillante urdida en el saque de una falta lateral por Aranda y Ropero, todo volvió a la normalidad… o eso pareció… pero nada más lejos.

Beto Company da instrucciones desde el palco del Rico Pérez en su segundo partido de sanción durante el Hércules-Sabadell. / Jose Navarro
Aún latiendo a mil por hora, feliz, exultante, el central goleador se pasó de frenada, no calculó su fuerza, ni su estatura, ni la de su rival. No pensó. Metió la pierna empujado por el ardor del héroe y su bota pegó en la cabeza de su oponente. El árbitro no lo dudó: roja directa y casi una hora por delante. En ese momento, el ánimo de la grada ya era de aversión al colegiado, que continuó subiendo la apuesta con sus 30 años, y todavía en la tercera categoría.
Nadie baja los brazos
El Hércules llegó con vida al receso, pero nada más reanudarse el juego, Ben Hamed, en vez de comportarse como un mediocentro, que es lo que es, eligió ser mimo en un parque. Dejó a su par montar la contra abriéndole paso, sin molestarle, quitándose de en medio, literal, y la pelota, ágil, le acaba llegando a Toni Ripoll, recién llegado al encuentro para eso, para asistir en superioridad. Su centro medido desde un flanco lo remató al segundo palo el mismo autor del primer tanto catalán (1-2, min. 47). Pese al mazazo, el Hércules mantuvo el pulso. Dio la cara, primero Fran Sol y luego Rentero, pudieron empatar, pero sus remates los sacó la defensa del Sabadell casi en la línea.
- El central se marchó del campo después de golpear con la bota en la cabeza a su par en un balón dividido
- Los blanquiazules no pudieron reclamar la revisión de la pena máxima al haber agotado el uso del VAR
Luego, volcado en inferioridad, peleando, vendiendo cara la derrota, en una contra inevitable por pura lógica, Rubén Martínez se coló en el área y chutó con el alma. Abad hace lo que mejor sabe, un milagro, pero la bola le vuelve al atacante, que insiste, aunque ahora con Javi Jiménez delante, intentando cerrarle el espacio. El cuero se estrella en el brazo pegado al cuerpo del lateral, y el colegiado no duda: penalti claro. Los blanquiazules, con sus opciones de revisión de VAR gastadas, protestan en vano, gritan. Nada. El propio Rubén ejecuta la pena máxima y no falla.
Se desató la cólera de la grada en mitad de la celebración y el jolgorio catalán, cayeron botellas, intervino la policía y el encuentro se detuvo casi un cuarto de hora. El 1-3 ya era suficiente pena, inmerecida para el público. Cuando se reanudó el juego, la noche gélida, la inacción, la rabia y la desazón llevaron al Hércules a buscar una utopía, un hito, una reacción épica.
En vez de eso se encontró con dos goles más en contra, ambos iguales, los dos fruto de la desesperanza y el desgobierno, uno de Miguelete, el cuarto, y otro de Utgés, el quinto para completar la mano del bofetón con el que el Hércules saluda al 2026. ¿Un mal comienzo para un bello final…? Quién sabe.
► HÉRCULES (1): Carlos Abad; Javi Jiménez, Rentero, Monsalve, Galvañ (Samu, min. 69); Ben Hamed, Mangada (Slavy, min. 78); Aranda (Vique, min. 45), Ropero (Nico Espinosa, min. 69), Jeremy (Bolo, min. 45); Fran Sol..
► SABADELL (5): Fuoli; Astals, Fornés (Ripoll, min. 45), Carlos García, Bonaldo, Sergi Segura; Urri, Liameed; López-Pinto (Miguelete, min. 77), Coscia (Quim Utgés, min. 90) y Priego (Rubén Martínez, min. 66).
► GOLES: 0-1, Min.10: López-Pinto. Nacho. 1-1, Min.32: Nacho Monsalve. 1-2, Min.48: López-Pinto. 1-3, Min. 77: Rubén Martínez (penalti). 1-4, Min.89: Miguelete y 1-5, Min.90+5: Quim Utgés.
► ÁRBITRO: Pablo Morales Moreno (Almería). Mostró amarillas a Ben Hamed, Ropero, Nico Espinosa y Bolo, del Hércules; y a López-Pinto, del Sabadell. Expulsó con roja directa a Nacho Monsalve (Min.40), del Hércules.
► INCIDENCIAS: partido de la jornada 18 disputado en el Rico Pérez de Alicante. El colegiado suspendió 15 minutos el partido por lanzamiento de botellas.
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